24 nov 2020

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ESTRENO

Crítica de 'Fireball: Visitors from darker worlds': rocas que cuentan historias

El célebre cineasta Werner Herzog y su colega Clive Oppenheimer se unen en una deliciosa investigación de la ciencia y cultura del meteorito

Juan Manuel Freire

Estrenos de la semana. Tráiler de ’Fireball’.

 
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Fireball: Visitors from darker worlds ★★★★

Dirección: Werner Herzog y Clive Oppenheimer 

Reparto: Werner Herzog, Clive Oppenheimer, Jan Braly Kihle, Jon Larsen

País: Estados Unidos 

Duración: 97 minutos

Año: 2020

Género: Documental

Estreno: 13 de noviembre del 2020 (exclusivo en Apple TV+)

Tras colaborar en 'Encuentros en el fin del mundo' y dirigir juntos 'Dentro del volcán', Werner Herzog y el científico Clive Oppenheimer se convierten de nuevo en compañeros de viaje para una deliciosa investigación de la ciencia y la cultura del meteorito. De la península de Yucatán, donde cayó el asteroide que supuestamente acabó con los dinousarios, a la mismísima Antártida, donde un grupo de científicos surcoreanos llora ante la visión de una roca extraterrestre, los dos amigos van de la mano donde la más genuina curiosidad les manda.

Herzog narra con ese emblemático acento germánico; Oppenheimer se encarga de entrevistar ante la cámara a los más diversos sabios. No sabemos cómo lo hace, pero el cineasta alemán se las arregla siempre para dar con personajes de lo más pintoresco: aquí brillan el músico jazz/especialista en micrometeoritos Jon Larsen y su amigo geólogo/fotógrafo Jan Braly Kihle, ataviado cual Wyatt Earp, o el memorable Laurence Garvie, experto de la Universidad Estatal de Arizona que habla con pasión del meteorito que cayó encima de la casa de un pobre perro en Costa Rica.

Oppenheimer vive para las explicaciones científicas, que Herzog puede cortar para "no torturarnos con los detalles". Al director de 'Grizzly man' parece interesarle menos el impacto geológico que el cultural: los efectos del meteorito sobre la religión (la Piedra Negra de la Meca es, según la tradición, una piedra enviada por Dios) o el arte (cómo el cráter Wolf Creek se ha convertido en motivo del arte aborigen australiano). Ambos consiguen que todo resulte interesante, accesible y poético.