06 abr 2020

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CRÍTICA DE CINE

Crítica de 'Hogar': retrato de un sociópata

Después de dos películas sobre pandemias, 'Infectados' y 'Los últimos días', los hermanos David y Àlex Pastor centran 'Hogar' en un sociópata que llega hasta el límite para reconquistar lo que ha perdido

Quim Casas

Javier Gutiérrez y Mario Casas, en un fotograma de ’Hogar’

Javier Gutiérrez y Mario Casas, en un fotograma de ’Hogar’

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Hogar ★★★

Dirección: David y Àlex Pastor

Reparto: Javier Gutiérrez, Mario Casas, Bruna Cusi, Ruth Díaz, David Ramírez, David Selvas

País: España

Duración: 103 minutos

Año: 2020

Género: Intriga

Estreno: 25 de marzo del 2020 (Netflix)

Después de dos películas sobre pandemias, 'Infectados' y 'Los últimos días', los hermanos David y Àlex Pastor centran 'Hogar' en un sociópata que llega hasta el límite para reconquistar lo que ha perdido. Su esposa le ayuda a tomar una decisión de la que luego se arrepiente: mudarse de un lujoso apartamento en la parte alta de Barcelona a un pequeño piso en un barrio más humilde. No pueden pagar el costoso alquiler después de que él, ejecutivo publicitario, se haya quedado sin empleo.

Eso es lo que quiere recuperar: el apartamento, el confort y la forma de vida que el lugar representa. Sobre esta premisa se construye la interesante primera parte del filme. El protagonista, Javier, tiene un juego de llaves de su antiguo domicilio. Un día entra, empieza a espiar a los nuevos propietarios, a obsesionarse con las debilidades de él –ha tenido percances serios a causa del alcohol– y a utilizaras. En una de las sesiones de ex alcohólicos a las que va para ganarse la confianza del nuevo inquilino, Javier declara que a partir de ahora va a coger la vida por los cuernos sin pedir permiso ni perdón a nadie. Y desde luego que lo hace.

La presencia de Javier Gutiérrez establece similitudes con 'El autor', filme en el que encarnó a un escritor frustrado que manipula a todo su vecindario. Los Pastor juegan más fuerte en el terreno del 'thriller' psicológico. La parte final incluye elementos forzados –el papel que juega el jardinero del inmueble– pero de una tensión bien llevada.