03 jul 2020

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RING LITERARIO (16)

Gertrude Stein vs. James Joyce

Una coleccionista trapezoidal veta en su tertulia parisina a James "yo ya me entiendo" Joyce. El mundo entero contiene el aliento

Kiko Amat

James Joyce y Gertrude Stein.

James Joyce y Gertrude Stein. / EL PERIÓDICO

Gertrude Stein fue una escritora modernista, coleccionista de arte, mecenas y conocedora-de-peña-guay que se mudó a París en 1903 para que los críticos gafotas nos torturaran año tras año con detalles anodinos de su biografía. También inventó el peinado skinhead, vivía con una señora que era sosías perfecto del Iván el Terrible prokofieviano (Alice B. Toklas, famosa por sus galletas de hachís) y fue anfitriona del salón literario donde se juntaban todos los artistas y gorras del 'début du siècle'. También inventó el aforismo "Rosa es una rosa es una rosa es una rosa", que acabó titulando una canción de Mecano (lo cual, francamente, nos dice todo lo que necesitamos saber).

En cuanto a James Joyce, autor modernista arquetípico, ya he explicado en otros lugares lo que opino de él y su fangosa "palabra interior", y aún recibo 'hatemail' sobre ello (es broma: Joyce no instiga ni un troleo decente). Solo recordarles que escribía así: "Entre, omnienventrador antro. Su boca molde moldeó aliento que salía, inverbalizado: uuiijáh: rugido de planetas cataráticos, globados, incandescentes, rugiendo allávaallávaallávaalláva. Papel".

Si consiguen dejar de reírse les cuento el feudo. Pues en una tertulia a la que accedía cualquier pintamonas transpirenaico que hubiese escupido sangre tuberculosa en un lienzo, un solo cagatintas no estaba invitado: Joyce. ¿Por qué? Nadie lo sabe. Y ahí está el busilis del asunto. De una legendaria palizas que lo largaba todo, y encima sin poner comas, en los libros, resulta chocante que a modo de explicación solo tengamos esto: "Las personas que huelen a museo son los aceptados, y los nuevos no (…). Por eso James Joyce fue aceptado y yo no".

De ello podemos deducir que: a) la Stein tenía unos celos tremendos del éxito del otro, o b) el irlandés olía literalmente a chotuno, o c) la primera vez que le invitaron hizo algo tan terrible como para ser vetado de por vida: confundir a la Toklas con un papagayo, tripar tan fuertemente con sus galletas fuleras como para defecar en alguna obra de arte dadaísta (comprensible) o llamar "escroto fascistoide" a Ezra Pound. Ustedes deciden.