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MUESTRA

El Pompidou revela la huella de la literatura en la pintura de Bacon

Una exposición en el museo de París propone un diálogo entre las últimas obras del artista irlandés y los escritores que las inspiraron

Eva Cantón

Tríptico de 1970 de Francis Bacon expuesto en el Centro Pompidou.

Tríptico de 1970 de Francis Bacon expuesto en el Centro Pompidou.

De la obra de Francis Bacon (Dublín 1909-Madrid 1992) hay miles de lecturas y casi todas ponen el acento en la violencia de los cuerpos desgarrados y las convulsiones de la carne como metáforas del torbellino interior que dominó la vida de un artista homosexual, alcohólico, jugador y abonado al escándalo.

Pero la propuesta que hace el Centro Pompidou de París en la exposición ‘Bacon en toutes lettres’ -algo así como 'Bacon, con todas las letras'-, que se abre este miércoles al público, obvia esta faceta de Bacon para desvelar otra menos conocida. Su relación con la literatura y el impacto que tuvieron autores como Esquilo, Joseph Conrad, T. S. Eliot, Nietzsche, George Bataille o Michel Leiris en su producción artística.

La muestra es un diálogo entre seis textos extraídos de la biblioteca de Bacon y la obra de sus últimos veinte años, la que marca una mutación estilística después de la gran retrospectiva que le dedicó el Grand Palais de París en 1971.

A partir de esa fecha, el arte de Bacon prosigue la evolución poética iniciada unos años antes y rehabilita una pintura figurativa alimentada con modelos históricos y referencias literarias. Es cuando vislumbra ese arte "inmaculado" que convirtió en su horizonte artístico. "La pintura parece liberarse de las leyes de la gravedad", explica el comisario de la exposición, Didier Ottinger.

Apasionado de la lectura, la biblioteca de Bacon ha sido conservada y catalogada por el Trinity College de su Dublín natal y entre los más de mil títulos destacan obras y autores citados explícitamente por el pintor porque fueron para él una fuente de inspiración.

'La Orestíada', de Esquilo, es una de ellas. Bacon la descubre gracias a T. S. Eliot y su adaptación en los años 1930 a la Inglaterra contemporánea de las tragedias griegas. Esa trilogía estará en el origen de uno de uno de sus trípticos.

Las Euménides, criaturas que encarnan la culpa nacida de los parricidios, invadirán literalmente los cuadros de Bacon, especialmente tras el suicidio de su amante George Dyer en vísperas de la inauguración de la exposición del Grand Palais. Bacon se sentirá culpable de esa muerte, pero en el fondo tendrá un efecto liberador. A partir de entonces, la representación pictórica de sus amantes será más tranquila, más luminosa, menos conflictiva, explica el comisario.

El interés de Bacon por la tragedia griega le lleva de forma natural a Nietzsche. La lectura del filósofo alemán le convence de que la obra perfecta se nutre de la belleza de Apolo y de las fuerzas destructoras desencadenadas por la embriaguez y la violencia de Dionisos.

Los autores preferidos de Bacon tienen en común esa obsesión por los contrarios, la unión entre civilización y barbarie, como en ‘El corazón de las tinieblas’, de Joseph Conrad o el vínculo entre Eros y Thanatos de los textos de George Bataille.

Un lugar destacado entre los autores favoritos del pintor irlandés lo ocupa el francés Michel Leiris. Traductor y encargado de presentar sus exposiciones parisinas, es quien le hace llegar una reedición de ‘Espejo de la tauromaquia’ en el que traza un paralelismo entre el arte del toreo y el del poeta.

Un año después de leerlo, Bacon pinta su primer toro. Otro toro cierra la exposición. Pintado en 1991, está inspirado en un poema de Federico García Lorca en una época en la que el artista visita con frecuencia Madrid, donde vive su último amante y muere un año después.

Picasso, Buñuel y Velázquez

 "El principio de la carrera de Francis Bacon está marcado por el arte español. El primer encuentro determinante es con el dibujo de Picasso, a finales de los años 20, y el segundo, en 1929, es el descubrimiento de ‘Un perro andaluz’ de Luis Buñuel", comenta Ottinger a este diario. Sin embargo, su modelo será siempre Velázquez, de quien admiraba su realismo.

Si Bacon fue autor de obras que están entre las más espasmódicas del siglo pasado el Centro Pompidou ofrece una nueva lectura, la del creador movido por un aliento poético y una densidad filosófica incomparables.

Seis salas y seis textos leídos por actores y actrices franceses (‘Las Euménides’, de Esquilo; ‘La visión dionisíaca del mundo’, de Nietzsche; ‘La tierra baldía’, de T. S. Eliot; ‘Espejo de la tauromaquia’, de Michel Leiris; ‘El corazón de las tinieblas’, de Joseph Conrad; y 'Crónica. Diccionario’, de George Bataille) marcan el recorrido de la muestra.

La exposición está integrada por sesenta cuadros, incluidos doce trípticos y una serie de retratos y autorretratos procedentes de colecciones públicas y privadas. Sin ocultar la potencia de lo irracional, la exposición concede un espacio a la palabra como si quisiera subrayar aquello que decía Bacon de que la pintura y la literatura "llegan directamente al sistema nervioso".