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EXITOSO MÉTODO MUSICAL

Joan Chamorro, el maestro que engancha a los niños al jazz

El secreto del líder de la Sant Andreu Big Band, con músicos de entre 7 y 21 años y de la que han salido talentos como Andrea Motis, consiste en hacer disfrutar del aprendizaje y no agobiar a sus pupilos

Marta Cervera

Joan Chamorro ensaya con la Sant Andreu Jazz Band días antes de su debut en el ’Jazzing’, el festival de jazz de Sant Andreu.

La Sant Andreu Jazz Band surgió hace 13 años gracias al impulso de un músico y maestro visionario: Joan Chamorro. Bajo su ala han crecido destacados talentos que ya vuelan solos como Andrea Motis, Rita Payés, Eva Fernández, Magalí Datzira y Marc Martín. Y hoy sigue produciendo magníficos músicos como la violinista y cantante Èlia Bastida, que pronto volará en solitario. ¿El secreto? Sus alumnos se aproximan a la música, y en particular al jazz, con naturalidad. Presión, la mínima, o mejor dicho, la que se ponen ellos mismos. "Tengo una mentalidad zen, soy vegetariano e intento ver todo desde el lado positivo", explica Chamorro en su casa, donde están ensayando algunas de las piezas que su banda, formada por jóvenes de entre 7 y 21 años, ofrecerá con el gran saxo tenor Scott Hamilton este fin de semana en la sexta edición de Jazzing Sant Andreu, festival que arranca este jueves.

"Todos los miembros de la banda han empezado igual: escuchando estándares y practicando, algo que ha ido paralelo al aprendizaje de una técnica". Así está haciéndolo Hugo, un espabilado chaval que se ha enganchado al trombón. "El jazz es un lenguaje, solo escuchándolo uno se impregna. Por ejemplo Alba Armengou empezó conmigo tocando y escuchando temas como ‘Sentimental mood’ cuando tenía 6 o 7 años". Como ella, nadie llegó al grupo enamorado del jazz pero poco a poco, sin presionarles, a base de escuchar a John Coltrane o a Tommy Flanagan han ido descubriendo todo un universo de cadencias, ritmos y colores.

"Aquí uno no estudia música porque toca o para pasar exámenes sino para disfrutar. Cuando a uno le gusta algo, hasta disfruta con el esfuerzo y por eso intenta ir más allá", dice Chamorro. Basta ver las ganas que ponen todos durante el ensayo, como siempre en la estrecha y alargada casa de Sant Andreu del maestro, en el que fuera su antiguo salón, completamente insonorizado. Estar apiñados no es inconveniente para trabajar a fondo el repertorio de ese próximo concierto. Chamorro no cobra por las clases a los miembros de la Sant Andreu Jazz Band; a cambio sus alumnos tampoco reciben dinero por las actuaciones. Los beneficios sirven para financiar los discos, que ya son muchos como demuestran las numerosas portadas de CD que cuelgan en la sala de ensayos.

Reclamado

Viendo el interés y ganas que todos ponen en el ensayo es fácil entender su sistema. Se les ve supermotivados, atentos a la menor señal. Hiperconectados. "Lo que mola de aquí es que a veces te das cuenta de que los demás llevan el tema mejor aprendido que tú y sales con ganas de ir a casa y estudiar más", reconoce uno de ellos. Chamorro insiste en que el truco consiste en "disfrutar del estudio, de meterte en el sonido como si fueras a meditar, de concentrarte solo en él". Al fin y al cabo solo respirando con la música uno puede emocionarse con ella. "Si la Sant Andreu Jazz Band pone la piel de gallina es porque vivimos el jazz profundamente y no solo en los conciertos. ¡Hay que disfrutar de cada momento, de los ensayos también!" No siempre es fácil, claro. Pero el del lunes pasado sonaba de maravilla, con ‘You go to my head’ en la voz de la violinsita Èlia Bastida, acompañada de piano, contrabajo, batería y saxos enchufados al máximo.

Hugo, uno de los benjamines, que empieza a hacer alguna incursión con la banda, empezó a tocar el trombón hace solo cuatro meses y apunta maneras no solo con este instrumento, también con la voz. "Siempre les animo a todos a cantar, aunque hasta ahora suelen cantar más las chicas", admite Chamorro. Su sistema es reclamado en el mundo entero. Tanto que este año su festival Jazzing Sant Andreu incluye por primera vez un campus internacional para profesores y jóvenes que quieran conocer una metodología más que probada. Y si no, que pregunten a los casi 60 músicos que en estos 13 años de vida han aprendido a amar el jazz con su 'big band'.  

Temas: Jazz