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CRÓNICA DE TEATRO

Imperial Isabelle Huppert en el Grec

La ilustre actriz francesa triunfa a lo grande en el Grec con 'Mary said what she said', un monólogo de Robert Wilson sobre la figura de María Estuardo

José Carlos Sorribes

Isabelle Huppert, en una escena de ’Mary said what she said, de Robert Wilson.

Isabelle Huppert, en una escena de ’Mary said what she said, de Robert Wilson. / LUCIE JANSCH

No todos los días pisa un escenario catalán una reina de la interpretación como es Isabelle Huppert, considerada por muchos críticos la mejor actriz europea y artista de cabecera, por ejemplo, del aclamado cineasta Michael Haneke. De ahí que fuera uno de los grandes reclamos del Grec 2019 como han demostrado la expectación y el recibimiento que han tenido los dos pases en el Lliure de 'Mary said what she said', el mónologo con la firma de Robert Wilson que narra la existencia fatal de la reina María Estuardo. La también conocida como María I de Escocia que murió ejecutada por orden de su prima, Isabel Ide Inglaterra, de la dinastía Tudor. 

Huppert triunfó por todo lo alto. El primer día, público en pie, sonoros bravos y la percepción de haber asistido a un acontecimiento. Lo fue. Porque la actriz desplegó un rotundo catálogo de sus capacidades. Magnética, imperial, majestuosa vamos, llenó siempre un escenario tan enorme como el de la Fabià Puigserver. Y además despojado de toda escenografía. En él aparece la actriz francesa de espaldas, con su figura estática, negra, rotunda, bajo el fondo de una pantalla blanca gigantesca. La iluminación fluctuaba en diferentes intensidades como si recogiera los estados de ánimo de la protagonista. Huppert irrumpe con un ceñido traje oscuro, isabelino, y así permanece hierática, de espaldas, durante un cuarto de hora largo, largo. Su voz, además, llegaba con una amplificación metálica que la hacía parecer más propia de un robot que de un ser humano.

Rostro de porcelana

Cuando se gira vemos el rostro de porcelana de una mujer que nos cuenta su tormentosa vida, marcada tanto por las pasiones como por las traiciones y tensiones sociales. Lo oímos en su testimonio y en el de sus cuatro sirvientas, también con el nombre de María, y una de ellas como testigo en su contra. La mirada, la voz –unas veces pausada, otras con velocidad de metralleta–, el gesto y el movimiento coreografiado –repetitivo, obsesivo– de Huppert logran trasladarnos a un viaje emocional al que acompaña la música, siempre potente y en ocasiones con subrayados excesivos, de Ludovico Einaudi.

El director impone su sello esteticista y visual en una pieza de una frialdad casi constante

La intérprete francesa es tan grande que pasa por encima de todo. Empezando por la dificultad de seguir el texto en francés de Darryl Pinckney sobretitulado en dos  pantallas laterales. Un texto que, además, no es de digestión ligera precisamente. Quizá por ello, Wilson opta por las repeticiones constantes de algunos fragmentos del legado que nos deja la desgraciada reina de 'Mary said what she said'.

También Huppert se mueve con aire soberano en una propuesta de un minimalismo que a nadie debería sorprender por la trayectoria de un director de escena, artista visual y de vanguardia como el estadounidense Robert Wilson. Siempre impera un tono esteticista, nada realista por supuesto, y de una frialdad casi constante que solo queda rota en su último tramo.

Es entonces cuando estalla toda la tragedia de María Estuardo, una monarca católica a quien no le perdonaron esa condición. El aura siempre magnética de Isabelle Huppert es el mejor retrato para esta mujer que nunca renunció a sus principios y lo acabó pagando.