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REAPARICIÓN DEL PIONERO DEL HARD ROCK

Notición: Ritchie Blackmore regresa al hard rock en la Costa del Sol

El legendario guitarrista británico, cofundador de Deep Purple, encabeza la primera edición del festival Rock the Coast, en Fuengirola, con la nueva versión de su grupo Rainbow en su regreso al rock tras más de dos décadas de retiro folk

Jordi Bianciotto

Foto promocional de Rainbow, con Ritchie Blackmore segundo por la izquierda

Foto promocional de Rainbow, con Ritchie Blackmore segundo por la izquierda

Sus fans ya lo daban por un caso perdido: Ritchie Blackmore, gran señor del hard rock, llevaba dos décadas alejado de las guitarras eléctricas, pilotando su proyecto acústico medievalista Blackmore’s Night, cuando en el 2016 dio la campanada. Rainbow, su banda más personalista, que creó en 1975 tras su primera espantada de Deep Purple, reaparecía dispuesta a ofrecer conciertos con cuentagotas. Este verano se da cita en solo cuatro plazas europeas, una de ellas, albricias, en España, única del sur de Europa: será este sábado, en la segunda jornada del debutante festival Rock The Coast (Fuengirola, Málaga).

Notición, ya que el músico británico no pisa un escenario español desde su única visita con Blackmore’s Night, en 1997, y para recordarle tocando sus clásicos rockeros hay que remontarse más atrás, hasta sus dos visitas con Rainbow (1981 y 1982) y la gira de reunión de Deep Purple (1984). “Pero una cosa está clara: Ritchie nunca va a hacer lo que la gente espera de él. Siempre hará lo contrario”, nos recuerda Ronnie Romero, chileno afincado desde hace una década en Madrid y cantante de la nueva formación de Ritchie Blackmore’s Rainbow.

De negro a negro

El de Romero es un abracadabrante quiebro de la historia: familiarizado con la música de Blackmore desde la infancia (“mi padre era muy fan suyo, en casa en Chile todavía tengo la casete del ‘Made in Japan’”), fue reclutado por el guitarrista vía ‘mail’ después de verle en You Tube cantando con su grupo, Lords of Black. Guiños premonitorios: es conocido el gusto de Blackmore por el negro, y Ronnie debe su nombre a un tío suyo, Ronald, llamado igual que el cantante original de Rainbow, el fallecido Ronnie James Dio.

Richie Blackmore, con Rainbow en el Palau d'Esports de Barcelona, en 1981 / FERRAN SENDRA

Aunque Blackmore será recordado sobre todo por su labor en Deep Purple, la banda con la que, a caballo de los años 60 y los 70, y junto con Led Zeppelin y Black Sabbath, definió el lenguaje hard rock, antesala del heavy metal, Rainbow tiene su propio peso específico en el género. Grupo con dos etapas marcadas: la épico-medievalista con la voz de Dio (1975-78, álbumes como el totémico ‘Rising’) y la más melódica-terrenal, con Joe Lynn Turner (1981-84, los años del popular ‘Difficult to cure’), con una isla entre ambas en torno al refinado ‘Down to earth’ (1979), con Graham Bonnet como cantante. Sus hitos van del rocoso ‘riff’ de ‘Man on the silver mountain’ al éxito casi pop ‘I surrender’. A mediados de los 90, el grupo resucitó brevemente.

La nueva versión de Rainbow maneja los clásicos de ambas bandas históricas de Blackmore, incluyendo el himno ‘Smoke on the water’ y canciones que Deep Purple no interpreta en la actualidad, como ‘Child in time’ (Ian Gillan ya no alcanza esas notas tan altas) o ‘Burn’ (material prohibido, ya que corresponde a los años de David Coverdale: sí, estamos ante una saga laberíntica y salpicada por vetos y viejos recelos). “Nos llamamos Ritchie Blackmore’s Rainbow porque Ritchie no puede utilizar el nombre de Deep Purple”, interpreta Romero, que ve al actual Rainbow como “una celebración de los más de 50 años de carrera de Ritchie”.

Cerrando círculos

Desde el 2016, Rainbow ofrece entre tres y cinco conciertos cada verano, sobre todo en el centro y norte de Europa. “Me encantaría poder estar girando todo el año, pero entiendo la finalidad de este proyecto”, explica el cantante, de 37 años, la mitad que Ritchie. Sorprende que el grupo no haya salido de Europa, considerando su viejo 'punch' en Estados Unidos y Japón. “Ritchie va cerrando círculos poco a poco y seguro que acabaremos yendo. Ahora nos han pedido que reservemos fechas para ir a tocar a algún sitio a final de año, pero no está confirmado”.

Blackmore no ha querido contar con ninguno de sus cómplices de etapas anteriores, dando a entender que Rainbow es él (y los músicos que graciosamente estime oportunos en cada ocasión). Y colocando así el foco en las canciones. Dos exmiembros, Roger Glover y Don Airey, están en Deep Purple, y el más damnificado ha sido Turner, que contaba con hacerse con la plaza. “Me han llegado mensajes de felicitación de su parte a través de conocidos como Jorge Salán, que toca con él”, revela Ronnie Romero. Completan la formación el teclista sueco Jens Johansson (de Stratovarius) y dos músicos vinculados a Blackmore’s Night, su actual batería, David Keith, y el bajista de los primeros discos, Bob Nouveau. La esposa de Blackmore, Candice Night, está a los coros.

Más ‘feeling’ que velocidad

En los viejos tiempos, la fama de tipo intratable precedía a Blackmore. Miembros del grupo entraban y salían, a veces en términos poco cordiales. “Supongo que tengo la suerte de trabajar con él en su época más tranquila, porque no he tenido ningún problema”, asegura el cantante, consciente de que este Blackmore no es el voraz exhibicionista de los 70. “Tiene problemas de artrosis en la mano izquierda y no puede tocar a aquella velocidad, pero ahora busca más el ‘feeling’”, aprecia. Como ejemplo, la canción ‘Waiting for a sign’. “Cuando me dijo que íbamos a grabar un tema nuevo me esperaba un ‘Kill the king’, y me sorprendió ese ‘mid-tempo’ un poco ‘bluesy’. Ahí me di cuenta de que está en otra etapa”.

Rainbow resurgirá así en la Costa del Sol, en un festival que ofrece también a Scorpions, Europe, UFO, Opeth, The Darkness, Michael Monroe, Carcass... Para Ronnie Romero, este empleo es también una lanzadera que le ha permitido fichar por el suizo Leo Leoni en su banda Coreleoni y colaborar en el próximo disco de Michael Schenker. Y para Blackmore, se trata de seguir “cerrando círculos” y reviviendo su legado ante audiencias perplejas, que ya no contaban con volverle ver con una Fender Stratocaster entre los brazos.