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ENTREVISTA

Yasmina Khadra: "Los racistas y los yihadistas son hermanos siameses"

El escritor argelino se mete en la piel de un joven kamikaze en su última novela, 'Khalil', para desentrañar el mecanismo que conduce a la radicalización

Eva Cantón

El escritor argelino Yasmina Khadra, durante su visita a Barcelona en el 2013.

El escritor argelino Yasmina Khadra, durante su visita a Barcelona en el 2013. / JOSEP GARCIA

Aunque se había propuesto no volver a escribir sobre terrorismo, el atentado yihadista que sacudió Barcelona en agosto del 2017, del que se enteró mientras visitaba Córdoba con sus hijos, le hizo cambiar de opinión y retomar el libro que había empezado tras el 'shock' que le provocaron los ataques de París en noviembre del 2015. Los comandos que actuaron en el Estadio de Francia, las terrazas del canal Saint Martin y la sala Bataclán reavivaron en él el recuerdo de la guerra que libró en Argelia durante ocho años contra los Grupos Islámicos Armados.

Yasmina Khadra (Kenadsa, Argelia, 1955), el autor árabe más traducido, intenta explicar en su nueva novela, ‘Khalil’ (Alianza Editorial), por qué un joven de origen marroquí que vive en el barrio belga de Molenbeek se embarca en un viaje con la única promesa de la muerte. Khadra lo hace con una apuesta arriesgada: metiéndose en la piel del terrorista y narrando en primera persona una historia que se lee como un 'thriller' y deja un inevitable poso de amargura.

“Convertirse en un terrorista no es una fatalidad, es una disfunción social que lleva a los jóvenes sin referencias a renunciar a sus sueños”, dice el autor de ‘El atentado’ en una entrevista celebrada en la sede de su editor parisino. 

Khadra forjó su carácter en la disciplina del Ejército argelino, en el que ingresó a los nueve años y donde pasó casi cuatro décadas. Fue allí donde empezó a escribir ocultando su verdadero nombre -Mohamed Moulessehoul- tras el de su mujer, el seudónimo literario que le ha hecho célebre. Su larga experiencia en la lucha contra el terrorismo le ha llevado a la conclusión de que el adoctrinamiento islamista solo es posible cuando hay signos de fragilidad en la familia, sea burguesa o humilde.

"Ni las cárceles ni las mezquitas fabrican terroristas, allí terminan el trabajo"

“Todo empieza en casa. Si un chico no encuentra protección, amor y orientación en su familia, lo buscará fuera. Y en la calle puede aparecer gente estupenda, un entrenador de fútbol que le convierta en campeón o un músico que lo hará cantante, pero también puede caer en manos de narcotraficantes o de gurús que harán de él un yihadista”, sostiene.

¿Hay que empezar a trabajar con las familias, entonces? “Claro. Ni las prisiones ni las mezquitas fabrican terroristas. Allí terminan el trabajo. El producto está preparado para lo que quieran hacer de él. Es vulnerable, frágil, necesita visibilidad y los gurús le dan un ideal”, responde.

También hay factores sociales que abonan el terreno. “Los discursos de odio, la discriminación... Los reclutadores buscan en las frustraciones, en las heridas. Les dicen: ‘Mira lo que la sociedad ha hecho de ti, eres un ciudadano residual’. Les confirman lo que se decían a sí mismos y así los despersonalizan, les cortan el vínculo social y hacen de ellos un instrumento contra la sociedad. ‘Vas a vengarte y al final tendrás el Paraíso’”, agrega.

Cuando dice que la palabra fascina a la gente, no es el militar el que habla sino el poeta íntimo que escribe en árabe para su mujer. “Los políticos desarrollan un discurso fabuloso y la gente les cree. No podrán cumplir sus promesas pero están tan fascinados por el verbo que se dejan arrastrar. ¡Entonces imagina a un chaval sin cultura a quien de repente le hablan con una retórica cósmica! Si la gente que votó por Trump hubiera sido arengada por los yihadistas habrían seguido el camino de la yihad”, suelta.

"Si la gente que votó por Trump hubiera sido arengada por yihadistas, habrían seguido el camino de la yihad"

Khadra espera que ‘Khalid’ se lea en los institutos para que los chavales sean conscientes de las redes que operan como una secta y arrastran como una droga y repite una frase que aparece en el libro: “El racista y el yihadista son hermanos siameses”. “Sí -insiste-, el yihadismo pasa a la acción y el racismo espera su momento, pero tienen el mismo discurso, la misma mirada de odio, la misma voluntad de hacer daño”, apunta.

Durante la charla, el autor de ‘Lo que el día debe a la noche’ hace una confesión: “De los atentados de Barcelona me llamó la atención la dignidad del pueblo español. Había cólera e indignación pero distinguían entre los terroristas y los musulmanes. Los españoles no caen en la trampa de moda en Francia. Aquí hay una corriente intelectual que quiere estigmatizar a los musulmanes por razones puramente ideológicas”.