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CRÍTICA DE CINE

'Shirkers: La película robada': tiempo recuperado

La realidad supera a la ficción en este emotivo documental de Sandi Tan sobre un proyecto de película inacabado

Juan Manuel Freire

Sandi Tan en ’Shirkers’.

Sandi Tan en ’Shirkers’.

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Shirkers: La película robada ★★★★

Dirección: Sandi Tan

Reparto: Sandi Tan, Sophia Siddique, Jasmine Ng

Título original:  'Shirkers'

Países: Estados Unidos

Duración: 96 minutos

Año: 2018

Género: Documental

Estreno: 26 de octubre del 2018 (exclusivo en Netflix)

La realidad, bien es sabido, puede superar a la ficción. Y del mismo modo, el documental sobre cómo se hizo (o no se llegó a hacer) una película puede ser superior a dicha película. 'Lost in La Mancha', el documental sobre los primeros y frustrados intentos de Terry Gilliam de rodar su 'Don Quijote', es superior a la película que finalmente el ex Monty Python logró terminar.

La debutante Sandi Tan cree que quizás fue mejor no terminar su primera película, no al menos como la había ideado. 'Shirkers' iba a ser, a principios de los 90, una de las pocas cintas independientes rodadas en toda la historia de Singapur, una road movie a la yanqui en un país que puedes cruzar en coche en solo tres cuartos de hora. Ella misma era guionista/protagonista, ayudada en cuestiones de producción y montaje por sus amigas Sophia y Jasmine, respectivamente. Dirigía Georges Cardona, su profesor de cine.

Esta 'Shirkers' recién estrenada en Netflix no es esa película, sino un documental fascinante, diríase que superior a la ficción original, en el que Tan retrocede al castrador Singapur de los primeros 90 para explicar cómo Cardona destrozó sus sueños adolescentes: desapareciendo del mapa con los 70 rollos de película rodada. Tras la muerte del esquivo personaje en el 2011, la directora consiguió recuperar el material (aunque sin el audio) y convertirlo en parte del ADN de este (no) making-of tardío.

La primera película que Tan ha conseguido levantar es, además, una especie de documental 'true crime' en clave emocional, con Cardona como asesino en serie de los sueños de jóvenes cuya ilusión alimentaba y luego cercenaba. También es una autobiografía con mucho de autocrítica: Tan recoge opiniones poco favorecedoras sobre ella misma y no duda en admitir que, como actriz, valía poco. Sobre todo, es una catarsis; un trance emocional que permite a su autora mirar hacia el pasado sin dolor ni remordimiento. De la experiencia más frustrante ha crecido, al final, una de las obras más hermosas que llegarán este año a cualquier pantalla.