12 ago 2020

Ir a contenido

entrevista

Lee Chang-dong: "Nos quema la ira, y lo peor es que no sabemos por qué"

El director coreano estrena 'Burning', su monumental obra cumbre

Nando Salvà

Lee Chang-dong, en el pasado festival de Cannes.

Lee Chang-dong, en el pasado festival de Cannes. / AFP / LOIC VENANCE

Títulos como 'Oasis' (2002), 'Secret sunshine' (2007) y 'Poesía' (2010) han confirmado al coreano como un exponente esencial del cine autor actual. Su sexta película, 'Burning', es su monumental obra cumbre. En ella, mientras transita del drama romántico a la intriga criminal, se sirve del retrato de un inquietante triángulo amoroso para retratar una sociedad quebrada y en la que la búsqueda de la verdad es del todo vana.

'Burning' es su primera película en ocho años. ¿Por qué ha pasado tanto tiempo?

Supongo que me estoy volviendo viejo y ya no confío en mí mismo ni en mi propio criterio como solía. Después de 'Poesía' (2010), mi largometraje inmediatamente anterior, desarrollé muchos proyectos pero nunca estuve del todo convencido de si era realmente necesario incorporarlos a toda la masa de películas que ya existe en el mundo. Acabé encontrando esa convicción en el relato de Haruki Murakami en el que 'Burning' se basa. Al final, muchos de los ingredientes temáticos que contiene la película proceden de esos proyectos que no fructificaron.

Uno de esos ingredientes es la ira callada que 'Burning' derrocha. ¿Se considera un hombre enfadado?

Enfadado y engañado. En el pasado, uno sabía a favor o en contra de qué pelear. Luchábamos contra la dictadura militar, o por conseguir mejores condiciones de trabajo para los trabajadores. La vida era difícil pero había esperanza en que las cosas iban a mejorar. Hoy la gente ya no pelea. Contemplado desde fuera, nuestro mundo se ve más limpio y saneado, más práctico y tecnológicamente avanzado. Y sabemos que el sistema no funciona, pero aun así se ha extendido la percepción de que el problema no proviene del sistema sino de nosotros mismos. Eso genera un terrible sentimiento de impotencia. Estamos llenos de ira, y lo peor es que no sabemos por qué. Esa es la emoción que quema a Jong-su, el protagonista de la película.

¿Diría que el personaje, que es aspirante a escritor, funciona como un alter ego de usted mismo?

Sin duda. Cuando eres un escritor en ciernes posees una especie de inocencia que te impulsa a buscar el significado del mundo. Yo ya soy viejo, he escrito novelas y dirigido películas, y cuento historias en busca de un público más amplio. Pero sigo sintiéndome como un narrador primerizo que se hace muchas preguntas, y se atormenta con las dudas sobre el sentido de lo que hace, y tiene la esperanza de cambiar el mundo con su trabajo.

En ese sentido, ¿cree que el cine es un instrumento más útil que la literatura? Después de todo, ha ido dejando de lado su faceta de escritor para centrarse en las películas.

Sí, pese a que la actitud de los espectadores haya cambiado mucho. Los jóvenes, que son el público mayoritario, quieren recibir la mayor cantidad de información posible de forma inmediata. Necesitan que se les dé algo parecido a sacudidas eléctricas para captar su atención. El cine se ha convertido en un producto de consumo y la discusión en torno a las películas se está debilitando, pero sigue siendo un medio con gran poder para que el autor conecte con su sociedad.

¿Ha diseñado 'Burning' a la manera de un thriller para captar al público joven y así plantearles dilemas políticos y sociales?

Sí, en muchos sentidos es una película comercial, que aspira a hacer que el espectador disfrute de pensar; da igual que la vea atraído por su elenco de actores o por el suspense que el tráiler promete, lo importante es que después de hacerlo se haga preguntas y mire de manera distinta al mundo que le rodea. Pero, por otro lado, es obvio que 'Burning' también va a la contra del 'mainstream' de varias maneras.

¿Se refiere a la negativa de la película a dar al espectador todas las respuestas?

En efecto. La mayoría de las películas, y entre ellas las historias de superhéroes de Marvel, proporcionan mensajes poderosos y tan absolutos que son irrefutables, pero no aportan al público nada más que entretenimiento. Yo me resisto a decir al espectador lo que debe pensar. Asimismo siento que, cada vez más, el cine comercial ofrece al público la promesa de la inmersión, de la experiencia en primera persona. Gracias a una película como 'Dunkerque', por ejemplo, podemos vivir la guerra por tierra, mar y aire como si realmente estuviéramos allí. Es una retórica visual y narrativa modelada y difundida a través de los videojuegos, y que el auge de la realidad virtual popularizará aún más. Pero para que el espectador se cuestione lo que ve, es necesario situarlo a cierta distancia.