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ENTREVISTA

Tonie Marshall: "Las mujeres debemos dejar de ejercer de víctimas"

La cineasta francesa, una de las más importantes en su país y la única mujer con el César a la mejor dirección, estrena 'La número uno'

Nando Salvà

La directora francesa Tonie Marshall.

La directora francesa Tonie Marshall. / CLAUDIO ONORATI

Es una de las cineastas francesas más importantes, y la única mujer hasta la fecha en ganar el César –equivalente galo al Goya— a la Mejor Dirección. Su nueva película, 'La número uno', la ha situado en la primera línea de las luchas feministas en su país. En ella acompaña a una ingeniera en su encarnizado ascenso a lo más alto de un gran grupo empresarial.

¿Por qué decidió retratar la lucha de una mujer por ascender a la cúpula del poder empresarial?
En 2009 tuve una idea para una teleserie en la que un club de mujeres que se reuniría regularmente para cenar, y en cada uno de esos encuentros hablarían de lo difícil que es para nosotras adquirir protagonismo en ámbitos como la política, las finanzas, el deporte y los medios de comunicación, entre otros. Pero me fue imposible convencer a ningún canal de televisión; todos consideraban que su público potencial era minoritario. Es decir, las mujeres representamos la mitad de la población y aun así, al parecer, nuestras historias no interesan. Inicialmente me encogí de hombros y pasé página. Pero, después de unos años, la realidad me fue convenciendo de que ahora era el momento de hablar del asunto.

¿Por qué ahora? 
En la actualidad vivimos envueltos en una atmósfera muy regresiva.  Las religiones tienen un mayor espacio ahora que entonces, y está en boga un tipo de moralidad que parece transmitir la idea de que la mujer debe permanecer “en su sitio”, como solía decirse. Y yo no doy crédito, la verdad. Pertenezco a una generación para la que todo parecía posible. A principios de los 70, cuando yo era una veinteañera, se legalizaron la píldora anticonceptiva y el aborto, la igualdad de derechos y salarios parecía estar en camino. Y ahora, en cambio, hemos retrocedido.

"A principios de los 70, cuando yo era una veinteañera, se legalizaron la píldora anticonceptiva y el aborto, la igualdad de derechos y salarios parecía estar en camino. Y ahora, en cambio, hemos retrocedido."

¿Cree que la misoginia es más intensa en el entorno que recrea su película, el mundo industrial y empresarial?
Sí, porque se manifiesta de dos maneras. Por un lado está la misoginia frontal y explícita, que es ancestral. Pero también hay otra forma de sexismo que descubrí durante mi investigación, y que llamaría misoginia benevolente. Es una actitud paternalista y condescendiente que no pretende humillar a la mujer pero sí la infantiliza, y parece sugerir que los hombres nos están aceptando en ese mundo para hacernos un favor. Y sin duda eso hace que las mujeres interioricen la idea de que no merecen ocupar el poder, cuando lo cierto es que el mundo funcionaría mejor si la mitad de las grandes empresas tuvieran liderazgo femenino.

¿Por qué lo cree?
La sociedad cambiaría profundamente, y el capitalismo sería bastante menos agresivo, un poco menos violento. Las mujeres tenemos hormonas distintas, actitudes distintas y prioridades distintas. No tenemos la misma relación que los hombres ni con el poder ni con el dinero. Para ellos, esas cosas se asocian a la virilidad, al falo. Quien tiene más pasta o ejerce más autoridad, se siente más hombre.

"Está claro que en el cine francés hay desigualdades de género muy claras, pero no creo que el sexismo sea tan grave como en el mundo empresarial"

Gracias a 'Venus, salón de belleza' (1999), usted sigue siendo la única mujer que jamás ha recibido el Premio César a la Mejor Dirección. ¿Hay sexismo en el cine francés?
No puedo decir que yo lo haya experimentado. Nunca he sido víctima de abusos u hostigamiento; y aunque hace años sí sentí que se me trataba con cierta condescendencia, nunca me impidió seguir adelante. Está claro que en el cine francés hay desigualdades de género muy claras, pero no creo que el sexismo sea tan grave como en el mundo empresarial.

Usted completó 'El número uno' justo antes de la eclosión de la lucha contra el acoso a las mujeres. ¿Cree que movimientos como MeToo tendrán efectos duraderos?
Depende de nosotras. Creo que nada volverá a ser igual tras el escándalo de Harvey Weinstein, pero sigue habiendo mucha resistencia a acciones concretas. Lo que me inquieta del MeToo es que se basa en la victimización. Las mujeres debemos dejar de ejercer de víctimas. Debemos luchar para educar a la juventud, y para impulsar leyes que definan claramente el acoso en el trabajo.

¿Y qué espera usted de los hombres?
Debemos lograr que trabajen con nosotras y no demonizarlos. Hay que dejar de promover públicamente esa oposición entre Ellos y Nosotras, porque de algún modo reitera la idea de que nosotras somos distintas. Creo que la nueva generación masculina está bastante más abierta al cambio. Es la generación anterior, la de hombres que hoy tienen entre 50 y 60 años, que es más obtusa. Durante la preparación de la película me entrevisté con varios empresarios de ese perfil, y me miraban como si fuera una extraterrestre.

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