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CRÓNICA DE CLÁSICA

Una gran 'Heroica' de Beethoven

La Philharmonia de Londres y el debut con Chopin del nuevo talento ruso del piano Sergei Redkin, de 26 años, brillan en el Auditori

César López Rosell

Sergei Redkin.

Sergei Redkin.

Semana de la 'Heroica' de Beethoven en Barcelona. La noche del lunes fue interpretada en el Auditori, dentro de la temporada de Ibercamera, por la Philharmonia Orchestra de Londres, y el jueves le tocará el turno a la Orquesta de Cadaquès en el Palau, dentro del ciclo BCNClassics. Es difícil comprender que se produzcan estas repeticiones en tan pocos días. Por fortuna, las ofertas tienen elementos diferenciadores en las otras piezas que se recrean y en los solistas. En la primera propuesta destacó el debut del emergente talento ruso del piano, Sergei Redkin, y en la segunda brillará la aportación de la también solista Gabriela Montero.

Dicho esto, hay que resaltar el excelente nivel de la velada, dirigida por otro primerizo en Ibercamera, el maestro alemán Karl-Heinz Steffens, recién nombrado responsable musical de la Ópera de Oslo. Steffens exhibió todas sus cualidades en la ajustada, enérgica y sensible ejecución de un programa itinerante de la música centroeuropea que le venía como anillo al dedo. Y más estando al frente de una formación experta en este repertorio y por la que han pasado directores como Toscanini, Strauss, Furtwängler, Gergiev, Maazel o Gatti.

La huella de este legado sonoro está siempre presente en las actuaciones de la orquesta. Y así se manifestó en la obertura de 'Las Hébridas', obra que Mendelssohn escribió después de un viaje a estas islas. La pieza, como si de la banda sonora de un documental se tratara, traslada con continuas variaciones el sonido y el olor del mar, el balanceo de las olas y hasta el misterio de la gruta de Fingal.

Un debut prometedor

El 'Concierto núm. 1 para piano', la creación más extensa de Chopin para instrumento y orquesta, sirvió para medir la talla del siberiano Redkin, de 26 años, ganador del concurso Chaikovski. No es el suyo un estilo tan rutilante como el de Trifonov, pero hay una sobria elegancia y muy buen gusto en la exposición de su virtuosismo. El ensamblaje con la orquesta hizo que proyectara la fuerza lírica y dramática de una obra que se pasea, en el centro, por un nocturno evocador y que cierra con los contrastes rítmicos de las raíces de la música polaca. Una propina con 'Un poco de Chopin' de Chaikovski culminó su prometedor debut en Barcelona.

La recreación de la 'Heroica' fue la guinda de la oferta. La tercera sinfonía no solo es la mejor exposición musical del ideal del héroe (en principio dedicada a Napoleón) sino también el inicio del romanticismo. Compacta, homogénea y con un aterciopelado sonido, la orquesta expuso todo el cúmulo de emociones de la partitura, pero fue especialmente impresionante la interpretación de la ceremoniosa 'Marcha fúnebre', traslación de los motivos revolucionarios franceses, así como el agitado 'Scherzo' y el final en el que se fusionan la forma de sonata y las variaciones. Un sugerente bis con la 'Valse triste' de Sibelius cerró una gran velada.