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TRIPLE EFEMÉRIDE

El Any del 'mestre' Pompeu Fabra echa a andar

Este miércoles se celebra el acto inaugural del año que conmemora los 150 del nacimiento del filólogo que codificó y ordenó la lengua catalana moderna

Anna Abella

Pompeu Fabra.

Pompeu Fabra.

150 años se han cumplido este martes del nacimiento de quien Josep Pla llamó el “catalán más importante de nuestro tiempo”, una persona, añadía, “de una presencia modesta pero real (...) amable pero cauto y circunspecto (...), silencioso, pausado”. Era el ‘mestre’ Pompeu Fabra (Barcelona, 1868 - Prada de Conflent, 1948), quien en 1912 ya se autodefinía como “un hombre gris, sin relieves, sin biografía”. Pero se convirtió “en una figura histórica reconocida y valorada”, recalca Jordi Ginebra, comisario del Any Fabra, que este miércoles celebra su acto inaugural con un espectáculo dirigido por Xavier Albertí, director del Teatre Nacional de Catalunya, en el teatro Zorrilla de Badalona, donde el filólogo vivió 27 años. “No será un acto académico sino artístico y muy emotivo, en el que participará mucha gente del mundo del arte con intervenciones breves”, avanza el también catedrático de Filología Catalana de la Universitat Rovira i Virgili.  

Un Any, que además de los 150 años del nacimiento conmemora los 70 de su muerte y el centenario de su ‘Gramática catalana’ (1918) y que prevé un centenar de actos. Entre ellos, más de 30 conferenciasrutas Fabra en Barcelona y Prada (donde vivió exiliado la última década), actividades en escuelas y universidades, una web en la que el Institut d’Estudis Catalans permitirá consultar toda su obra a partir del 5 de marzo, la publicación del décimo y último volumen de sus ‘Obres completesun cómic (IEC - Rafael Dalmau Editor) y una pequeña exposición itinerante. 

Aunque Ginebra asegura que se “sigue trabajando”, en el aire está una exposición mayor en Barcelona para otoño sobre el autor de ‘Diccionari’ (1932). El problema: un presupuesto provisional de 240.000 euros frente al deseado, de 412.000, que topa con la aplicación del artículo 155 de la Constitución y el vacío que supone “no tener una instancia superior a la que recurrir ante la falta de un presidente de la Generalitat ni un ‘conseller’ de Cultura”.

Cohesión social de un país

La figura de Fabra, explica el comisario, es necesaria por su reivindicación de la estandarización de la lengua más allá del mundo erudito, porque así se convierte “en una herramienta de cohesión social de un país, porque un país que escribe con la misma ortografía es un país de verdad”. “Fabra quiso que la lengua fuera para todos los usos de una sociedad, que fuera un apoyo para una cultura rica, moderna y abierta al mundo. El año debe servir para reflexionar sobre la calidad de la lengua, para que la sociedad catalana la valore aún más y sienta placer por escribir y hablar bien. Para que se conciencie de la necesidad de extender más el uso del catalán”, explica el también autor, junto a Joan Solà, de ‘Pompeu Fabra, vida i obra’.

La inmersión lingüística

Un uso, afirma, que “no está suficientemente normalizado”. “Tenemos la tentación de pensar que el catalán ya está en la escuela y en los medios de comunicación y la vida administrativa, pero las lenguas de demografía mediana o reducida solo seguirán existiendo si la sociedad se compromete e identifica con su lengua. Las conquistas que se han hecho se han hecho con dificultades y ahora han vuelto las amenazas a su futuro”, señala el comisario aludiendo a la situación política de Catalunya frente al Gobierno español. Hoy Fabra, opina Ginebra, “estaría preocupado” ante la amenaza al sistema de inmersión lingüística “porque él luchó mucho para que el catalán se implantase en las escuelas y lo consideró una conquista”.

"Nunca se desanimaba"

“Es sorprendente que nunca dejase de trabajar por la lengua a pesar de las adversidades que pasó. Tenía una gran cualidad, nunca se desanimaba –cuenta Ginebra-. Las dificultades ya empezaron en 1923, con la dictadura de Primo de Rivera, que le destituyó de la cátedra. Pasó siete años con problemas económicos hasta que en los años 30 hubo cierta esperanza y progreso, que duró poco porque en los Fets d’octubre de 1934 volvió a ser destituido de la cátedra y encarcelado con todo el Govern en el barco ‘Uruguay’, donde aprovechó para dar ante los presos una conferencia sobre formación de palabras. En 1936 llegó la guerra y luego el exilio. Cuando murió, con 80 años, preparaba un curso de catalán por correspondencia por encargo del Govern en el exilio y una gramática que se publicó póstumamente”. De ahí la frase de Fabra, que está popularizando el Any: “Cal no abandonar mai ni la tasca ni l’esperança”. 

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