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CRÓNICA DE MÚSICA

Deslumbrante conexión con Béla Bartók

Pablo Heras-Casado, al frente de la Filarmónica de Munich, y Javier Perianes brillan en el Palau con el `Concierto para piano, num. 3¿ del autor húngaro

César López Rosell

Pablo Heras-Casado, al frente de la Filarmónica de Múnich, en el Palau de la Música

Pablo Heras-Casado, al frente de la Filarmónica de Múnich, en el Palau de la Música / A. BOFILL

Entre Pablo Heras-Casado (Granada 1977) y Javier Perianes (Nerja, 1978) hay una conexión generacional y artística evidentes. Son amigos y comparten criterios y emociones musicales que les llevan a desarrollar su colaboración con una fluidez y naturalidad absolutas. Lo demostraron, la noche del lunes, en el Palau de la Música en el primero de los conciertos de su gira española junto a la Filarmónica de Múnich, formación alemanas con 125 años de historia. El gran reto de la velada era la interpretación del ‘Concierto para piano, número 3’, última obra de Béla Bartók, que dejó escrita a falta de los 17 compases finales concluidos por un discípulo antes de morir en 1945 en su exilio estadounidense. La partitura forma parte de un disco de Harmonia Mundi, en el que también se incluye el último concierto para orquesta del autor. Pero, además, director y orquesta firmaron dos aclamadas recreaciones de obras de Franz Joseph Haydn y Antonin Dvorák.

Fue una de esas noches en las que todo cuadra. Es difícil vivir un concierto en el que solistas y agrupaciones muestren tan perfecto ensamblaje como el de esta cita de Palau 100. Hemos asistido a numerosas interpretaciones en las que la orquesta intenta evitar que su intrascendente participación limite el discurso de la estrella invitada como para no apreciar cuando surge una convicción interpretativa conjunta tan extraordinaria. Dirán que es fácil conseguirlo con una formación de maquinaria funcional tan engrasada como la de Múnich, con una impresionante y sedosa sección de cuerda y unas maderas, metales y percusión sencillamente lujosas. Pero todo es mejorable si en el podio se cuenta con una dirección tan detallista, precisa en el gesto y con una energía tan desbordante a la hora de transmitir hasta el mínimo detalle del pensamiento del compositor como la de Heras-Casado.

Filarmónicos bávaros

Esta internacional batuta, que es capaz de exhibir su dominio del repertorio barroco y saltar sin contratiempos al clasicismo, a las obras contemporáneas o la ópera, es ya uno de los conductores de mayor  proyección del siglo XXI. Un hombre del Renacimiento, como afirma su amigo Perianes, con quien ofreció una ejemplar versión del concierto de piano de Bartók. La conexión entre ambos se notó desde el primer momento, con un respaldo orquestal protagónico. El pianista se adaptó a una partitura, con grandes exigencias rítmicas como todas las piezas de un autor que recurre a las raíces folclóricas y primitivistas. La obra, escrita en momentos de debilidad física del compositor, contiene un trasfondo poético que el onubense, obligado a la pulsión enérgica sobre el teclado, supo transmitir con su pasional técnica. Una sugerente propina con ‘La fille au cheveaux’ de Debussy cerró su vitoreada actuación.

La versión de la ‘Sinfonía número 50’ de Haydn, con un abrumador dominio de una colorida cuerda, y la interpretación de la ‘Sinfonía número 7’ de Dvorák, fue una demostración del aplastante dominio de este repertorio de los filarmónicos bávaros.  Gravedad y oscuridad, épica rítmica y melodías zíngaras aparecen con nitidez en esta magna obra. Uno de los mejores conciertos de la temporada.

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