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AGITACIÓN TECNO-FOLK

Rodrigo Cuevas: "Vomitar mierda contra los demás es facilísimo"

El inclasificable artista asturiano presenta su cabaret de folclore electrónico en la clausura del festival Fenòmens

Nando Cruz

Rodrigo Cuevas, en pose pastoril.

Rodrigo Cuevas, en pose pastoril. / KIKE LLAMAS

Niño prodigio del piano y amante de la copla, Rodrigo Cuevas abandonó Oviedo para estudiar en Barcelona, pero fue en Mallorca donde se enamoró la música tradicional y en la Galicia rural adquirió la técnica que lo ha convertido en agitador folclórico. Su divertidísimo cabaret electrónico clausura el festival de artes escénicas Fenòmens en la Fàbrica Moritz (sábado, 21.30 horas).

Empezó a tocar el piano con ocho años, pero, ¿qué música escuchaba de joven? Copla, electrónica… Tambien toqué en una banda de gaitas. Todo lo anglosajón me provocaba gran rechazo y el rock’n’roll siempre me pareció lo más aburrido.

¿Qué buscaba matriculándose en la Esmuc? Quería salir de Oviedo e ir a una ciudad grande. En teoría, estudias piano para ser concertista o pianista acompañante. Mi profesora, Pilar Lobo, me dijo: "Ni lo intentes porque es una frustración. Hay 20 concertistas y 20.000 pianistas". Y me sugirió meterme en algo más experimental o electrónico.

¿Cómo recuerda su aterrizaje en Barcelona? Llegué en el 2005 y me pareció una ciudad maravillosa: la calle Escudellers, la plaza del 'tripi', la rambla del Raval, gente tocando por las Ramblas… ¡Podías hacer un 'tour' cultural solo paseando! Al poco implantaron la ordenanza cívica. ¡Ya no podías ni sentarte en el suelo en la plaza Reial!

¿Y cómo llegó a la 'okupa' de La Makabra? Estaba tan cerca de la Esmuc que era muy tentador ir al salir de clase a los talleres y cabarets que organizaban. La gente se calentaba encendiendo fuego en bidones, vivía en caravanas, tenían 'skate park', sala de conciertos, teatro… Formé parte de la fanfarria de La Makabra y cuando la desalojaron, montamos un cabaret diario en la plaza Sant Jaume. Eso fue en el 2007.

"En la Esmuc estudié mucho, pero aprendí mucho más en la 'okupa' de La Makabra"

¿Qué tiene el cabaret que es tan habitual en las okupas? El cabaret permite todas las disciplinas: circo, danza… Y como en las 'okupas' siempre hay tanto mejunje de gente, para que todos puedan participar se montan cabarets. Además, cabe lo político, lo social, lo sexual, lo transgresor…

¿Qué aprendió en La Makabra? En la Esmuc estudié mucho, pero aprendí mucho más en La Makabra: allí me vino la inquietud por el cabaret, lo escénico y el vestuario, y por la capacidad de transformación del arte. Allí entendí que el arte tiene que estar involucrado en la sociedad y representar el momento. Dejó de tener importancia tocar un pasaje de Liszt perfectamente. Es un arte sublime, pero no está aportando nada a la sociedad. Aprendí el arte popular, aprendí a ganarme la vida y descubrí la calle.

¿Tocó por las calles de Barcelona? Sí. Por el Born, Gràcia… Hacíamos terrazas. Teníamos un dúo con una amiga: yo tocaba la tuba y ella tocaba el acordeón y cantaba. Luego, con otra chica, yo tocaba el acordeón y cantaba 'María la portuguesa' y ella hacía acrobacias con tres hulahops. También toqué mucho la tuba en el metro de Marina.

Y, a todo esto, ¿por dónde le llega su pasión por la música tradicional? Una profesora de la Esmuc, Silvia Martínez, me invitó a ir a un congreso de etnomusicología en Mallorca. Tras las ponencias, una noche nos llevaron a una taberna en el centro de Palma. Allí vi a unos hombres y mujeres que tocaban la zambomba y cantaban. Por primera vez escuché algo que me parecía natural.

"De Barcelona me hartaba esa gente del artisteo a la que solo le importa su persona y no dónde estaba"

Su vida es un cúmulo de casualidades. Ha ido dando tumbos artísticos de un lado a otro hasta 'quitarse' por fin de la música clásica. ¡El destino! En la vida hay que estar abierto y aprovechar las oportunidades. Si me hubiese empecinado en el piano, tendría la espalda destrozada y estaría frustrado por no ser el pianista que quería ser. O hubiera dejado la Esmuc y me hubiera puesto a estudiar veterinaria. De hecho, en Galicia tuve una granja.

¿¡Cómo!? Estaba cansado de las ciudades de paso. De Barcelona me hartaba esa gente del artisteo a la que solo le importa su persona y no dónde estaba. Estaba harto de la gente con tanto mundo. Quise irme donde la gente nace y muere en el mismo lugar. Me fui a un pueblo de Pontevedra y cogí un rebaño de ovejas y cabras. No tenía coche ni trabajo, pero tenía burro, cerdos, pavos, gallinas… Fue la época más feliz de mi vida.

Y abandonó la música. ¡No! Iba a casa de las señoras a tomar un café, a tocar la pandereta y a cantar con ellas. Allí aprendí de verdad lo que era la música tradicional.

¿Cómo nace el Rodrigo Cuevas 'performer' que mezcla copla y tecno? En Santiago de Compostela, tras un desamor muy grande, monté un dúo, La Dolorosa Compañía, con un repertorio de canciones muy copleras, tratando el dolor de esa manera tan extrema que llega a ser hasta gracioso. La idea era salir del dolor desde el humor. Yo nunca me he considerado gracioso, pero con ese repertorio descubrí que en escena me volvía gracioso y me encantó.

Mucha gente ve la música tradicional como algo rancio y conservador. Yo no creo que la música tradicional sea conservadora. Es cierto que hay letras machistas, pero hay paisanos de pueblo mucho más subversivos que cualquier panfletario. Para mí, cualquier persona que cante públicamente es subversiva. Lo más subversivo hoy es transmitir amor y cariño a personas que piensen diferente que tú. Y las que mejor saben hacerlo son las abuelas. Ahí aprendí la subversión. Ese es mi camino. Vomitar mierda contra los demás es facilísimo.

De hecho, la canción tradicional ha sido siempre un transmisor de ideas críticas, burla, guiños subversivos, dobles sentidos... Franco convirtió la cultura en propaganda y para ello se valió del folclore, que era lo más extendido en los años 30 y 40. Mucha gente aún cree que la copla es franquista, pero es muy anterior y habla de temas oscuros y de sentimientos políticamente incorrectos. La gente que se crio antes de Franco incluso se adorna de otra forma al cantar. Franco lo convirtió todo en algo gimnástico.

De la música tradicional le interesa su conexión con la gente. ¿Ha conectado ya usted? ¿Siente que su propuesta ha arraigado? Sí, siempre sentí mucho cariño y todo ha sido muy fácil. Aunque parezca muy subversivo y provocador, mi personaje en escena es muy inocente y despierta más ternura que confrontación. Intento hilar fino para que mi mensaje llegue de verdad. Pretendo provocar, sí: provocar que la gente se plantee cosas. Planteo otros debates como la despoblación rural, la transmisión de conocimientos… No pretendo ponerle la polla en la cara a un señor. Eso puede ser provocador, pero no tiene más trascendencia.

Temas: Música

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