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NUEVO ESPACIO CULTURAL

La otra cara de Subirachs

Poblenou abre una sala edicada a la obra más experimental, íntima y desconocida del controvertido escultor cuya carrera quedó eclipsada por su intervención en la Sagrada Familia

Natàlia Farré

Claudia Chauchat (1949), una de las esculturas de la etapa noucentista de Subirachs. 

Claudia Chauchat (1949), una de las esculturas de la etapa noucentista de Subirachs.  / JORDI COTRINA

Cuando estaba en edad de jubilarse, ya entrado en la sesentena, Josep Maria Subirachs (Barcelona 1927-2014) acometió la obra más ambiciosa, que no más importante, de su carrera: la construcción de la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia. Un encargo que cambió la visión que había de su carrera. Y la cambió para mal. Injustamente. "Fue una obra tan mediática y polémica que eclipsó el resto de su trayectoria, de manera que hace tres años, cuando murió, todos los titulares de la prensa hacían referencia al 'escultor de la Sagrada Familia' como si no hubiera hecho nada más en su vida. Pienso que es un gran error". Quien así se expresa es Judit Subirachs, hija del escultor, historiadora del arte y garante de su legado. Y a partir de ahora impulsora del Espai Subirachs. 

Se trata de una sala de casi 300 metros cuadrados que reúne un centenar de piezas de la otra cara de Subirachs: "La menos conocida, la más experimental y la más íntima", apunta la historiadora desde el local del Poblenou (calle de Batista, 6) que hoy abre oficialmente sus puertas. Lo hace de manera gratuita y altruista, de momento. Así durante el 2017 la entrada será sin coste, a partir del 2018 ya se verá. Pues la iniciativa es totalmente privada y familiar. A las instituciones se les ofreció el legado a cambio de que este estuviera expuesto. No hubo acuerdo. Pero Subirachs no quiere hacer reproches –"No es el momento"–, prefiere celebrar que ha cumplido con la voluntad del artista y con la promesa que le hizo a su padre, decepcionado antes de morir por el fracaso que supuso que la crisis se llevara por delante el proyecto que tenia con Caixa Penedès para hacer un museo en la calle de Princesa. 

MANIFESTACIÓN Y CRÍTICAS

El objetivo del Espai Subirachs no es reivindicar al artista sino redescubrirlo. "Hay mucha obra suya en el espacio público. No es un desconocido pero sí que la visión de su trabajo es sesgada por el encargo de la Sagrada Familia y todo el alboroto que generó". Decir alboroto es casi quedarse corto, pues hubo hasta manifestaciones en contra de su intervención y las críticas llegaron al grado de insulto. "Le dolió que se confundiera la critica con el insulto, la bajeza del insulto y el menosprecio hacia una persona que estaba haciendo un encargo de la manera más honesta posible. Y le dolió que compañeros que habían luchado con él durante el franquismo estuvieran en la manifestación contra su intervención", explica Subirachs antes de avisar que lo que no quiere es eso, que "la Sagrada Familia monopolice" la presentación de un espacio que busca "dar a conocer otros 'subirachs'". Y es por eso que en la sala no hay ni una referencia al templo de Gaudí.

Pero el tema está, y es inevitable. "Es el escultor catalán mas importante de la posguerra, sin duda, y fue el primer informalista. Tiene mucha obra de diferentes periodos pero todo se concentra en la Sagrada familia, esa intervención eclipsa una carrera muy larga y prolífica", lamenta Artur Ramon, su galerista de toda la vida. "Hay que revisitar su obra, no se puede tener una mirada fragmentada sobre su trabajo sino que hay que verlo desde a principio hasta el fin para entender que es un artista muy importante que el tiempo pondrá en su lugar.  En el arte se necesita perspectiva y todo es aún demasiado reciente", reflexiona el galerista.

COMO HENRY MOORE

De la misma opinión es el historiador del arte, y autor de tres libros sobre el escultor, Daniel Giralt-Miracle: "La Sagrada Familia no debería eclispsar el resto de su carrera". Una trayectoria con hitos tan importantes como "la etapa inicial, que va del noucentisme a la abstracción, su periodo más heroico y valorado, y que supuso la iniciación del país a la escultura abstracta con la colocación en el espacio público de obras como 'Forma 212' y 'Evocacion marinera'. Fue como Henry Moore, abrió las puertas a los nuevos lenguajes escultóricos', sentencia el historiador que también destaca su dominio de la tipografía y sus otros muchos periodos.

Todas las etapas lucen ordenadas cronologicamente en el Espai Subirachs: del noucentisme a la nueva figuración, pasando por el expresionismo y la abstracción.  Y todas lucen con obras seleccionadas por el propio Subirachs. Son piezas que el escultor retiró del mercado con el fin de exponerlas y acercarlas al público. Se quedó para su futuro museo con 500, la mayoría esculturas pero también dibujos, grabados, medallas, tapices y pintura. Se exponen 100, no caben todas, y se exponen en Poblenou. El emplazamiento no es anecdótico. Allí nació y de allí se sentía.