Cérvoles Celler, 20 años de una bodega pionera en viticultura de montaña

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EFE

Cérvoles Celler celebra su veinte aniversario de historia, como pioneros en Cataluña de la viticultura de montaña, que elaboran en fincas a más de 600 metros de altitud en la comarca leridana de las Garrigues.

El propietario de la bodega, Tomàs Cusiné, emprendió en 1997 el reto en un territorio vinícola ancestral, el de La Pobla de Cérvoles, recuperando una práctica que por entonces no propiciaba mayor interés en el mundo del vino, la viticultura de montaña.

Habituado a trabajar el viñedo en la llanura del Urgell, en los dominios de Castell del Remei, propiedad que su familia adquirió en 1982, Cusiné vivió el descubrimiento de los viñedos de La Pobla de Cérvoles como una revelación, "una oportunidad para replantearse su trabajo como viticultor, asumiendo un profundo compromiso con el paisaje de Les Garrigues y con su gente", ha explicado hoy en Barcelona.

El proyecto representaba también un regreso a los orígenes, sin dar la espalda a los avances tecnológicos.

Con viñas situadas a una altitud de 700-750 metros sobre el nivel del mar, la bodega se ha reafirmado en su compromiso con el paisaje desarrollando una gestión orgánica regenerativa que pone el foco en las variedades autóctonas y mediterráneas, y el carácter de los viñedos singulares.

"Cérvoles es el sueño en un momento perdido y posteriormente recuperado", ha resumido Cusiné, que empezó en 1995 a elaborar vinos en el Castell del Remei y dos años después tuvo la oportunidad de hacer vino de montaña en Cérvoles, "zona difícil de gestionar desde un punto de vista de elaboración, pues se trata de uvas salvajes que con el tiempo hemos intentado domesticar".

Tras desvincularse del Castell del Remei, Cusiné perdió el contacto con Cérvoles y se fue a una finca no demasiado lejana de las Garrigues, en El Vilosell.

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"Eran dos fincas cercanas, en la misma montaña, sometidas a los mismos vientos y climas, pero que daban vinos muy diferentes", ha comentado el bodeguero, quien hace dos años y medio tuvo la oportunidad de retomar el viñedo de Cérvoles en colaboración con Castell del Remei.

Con la idea de "revitalizar" Cérvoles, Cusiné se embarcó en 2015 en su "primer proyecto de garnacha sin madera, que sublimara la parte aromática y frutal del vino y con una producción de 20.000 botellas".