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Rosas, libros y canciones

De James Rhodes a Roger Mas, los músicos reparten firmas, besos y fotos entre sus fans

NATÀLIA FARRÉ / BARCELONA

El pianista británico James Rhodes, con una de sus seguidoras durante la firma de su libro Instrumental. / FERRAN NADEU

El pianista británico James Rhodes, con una de sus seguidoras durante la firma de su libro Instrumental.
Roger Mas, durante su primer Sant Jordi como escritor. 
Lluís Gavaldà bromea con uno de sus fans. 
Maria del Mar Bonet y Jordi Bianciotto, firmando a cuatro manos el libro sobre los 50 años de la cantautora en el escenario. 
Pau Donés saluda durante la firma de su libro 50 palos. 

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Música y literatura. Un binomio que por casualidad o no esté año ha ido más que nunca de la mano en Sant Jordi. Muchos cantantes han sacado su biografía, de Bruce Springsteen a Pau Donés. El primero ni estaba ni se le esperaba en ninguna parada de firmas. Mejor. De haber venido, los  cien metros de cola en paseo de Gràcia de adolescentes en busca de un autógrafo de Blue Jeans, una especie de Federico Moccia a la española, hubieran quedado en una nadería. Y de pequeño habría sido tildado el tumulto organizado por Risto Mejide y los selfis de su novia. Bueno, no estaba el Boss, pero sí estaban otros más cercanos y con seguidores para marear a cualquiera. A cualquiera que pasará por ahí o intentará acercarse a los estands. O si no que se lo pregunten a Pau Donés, cuyo ’50 palos’ encabeza el 'ranking' de los libros de no ficción más vendidos, y cuyo codo, a estas alturas, debe ser ya de tenista de tanto firmar.

A Roger Mas hay que recordarle que sus canciones son bellos poemas y que Bob Dylan tiene el Nobel

Así que lo suyo, previendo un día de tumultos, era empezar la jornada con calma, y para ello nada mejor que ir al encuentro del siempre sereno Roger Mas. Y, además, en un sitio tranquilo: el Off Sant Jordi, que es lo mismo que el de verdad pero en un enclave más pequeño y casi escondido, el Antic Teatre. A Mas hay que recordarle que sus letras son bellos poemas y que el Nobel de Literatura de este año es un músico, Bob Dylan, porque lo primero que suelta es “no soy escritor”. Lo es. Sus canciones son la prueba. Aunque, insiste, “no es lo mismo escribir un poema que haya que aguantarse solo que escribir un poema que cuenta con un arma, la música, que permite acabar de explicarlo”. Su ‘El dolor de la bellesa’ recoge algunas de sus canciones pero también incluye prosa, nueva. “Después de 20 años explicándome cantando, el hecho de poder dejar el lenguaje poético me ha permitido hablar del universo donde viven estas canciones y anécdotas simpáticas, como un encuentro que tuve con la Guardia Civil que no habría sabido ponerlo en una canción”. ¿La anécdota? Divertida y en el libro.

DEL SOSIEGO AL HISTRIONISMO

Pablo Carbonell lo mismo recita a Krahe, que firma libros o se pregunta cuál es la mejor lectura para la cárcel

En el Antic Teatre se pasa del sosiego de Mas al histrionismo de Pablo Carbonell sin solución de continuidad. Oficia a dos mesas de distancia. Y el suyo es “un despertar lento”, afirma, de ahí que no lleve bolígrafo para atender a sus primeros fans, que tanto le llevan discos, sí discos, nada de cedé, que todos tienen ya una edad, de Los Toreros Muertos que ejemplares de su libro: ‘El mundo de la tarántula’, donde cuenta sus vivencias. Carbonell debuta en esto de Sant Jordi. Una “fiesta maravillosa, flipante, en la que los hombres salimos beneficiados”. ¿Y eso?  “Una rosa es una pequeña estafa, se muere”. Aunque luego se lo piensa mejor y le da validez: “Solo si tiene muchas connotaciones románticas o el compromiso de una noche de pasión”. Todo ello lo dice mientras se pregunta qué libro es mejor para llevarse a la cárcel, algo tiene que ver la corrupción y la política en la cuestión, al tiempo que recita a Javier Krahe: “No encuentro mi centro, sin rastro del astro, que un día lucía con bellos destellos”. Puro Carbonell.

Mucho más comedido se muestra, en la librería Documenta,  Sabino Méndez, compositor y guitarrista de Loquillo y los Trogloditas, además de filólogo y escritor, para quien la fiesta “se ha masificado y se ha convertido en el día del 'best seller', nada que ver con las de cuando era joven”. En la misma línea, la de la contención, oficia Maria del Mar Bonet que firma a cuatro manos con Jordi Bianciotto, en el paseo de Gràcia, el libro de sus 50 años en los escenarios. Nada que ver con la pasión que le pone Lluís Gavaldà unos metros más abajo.

HISTORIAS TIERNAS Y COLCHONES

"Quiero volver cada año" es la amenaza de James Rhodes ante una fiesta que considera "maravillosa y civilizada" 

El líder de Els Pets no es nuevo en estos menesteres, lleva varios Sant Jordi a sus espaldas. Pero la fiesta no deja de parecerle “una locura” y de mostrarse “supercontento”. ¿El motivo? “Las historias tiernas que me cuenta la gente conectadas con las canciones”. ¿Un ejemplo? “Un padre que se ha separado, ha perdido la custodia de sus hijas, y me ha llevado tres libros para firmar, para regalárselos a las niñas y a su ex como recuerdo de los mejores momentos compartidos: los conciertos de Els Pets”. Ahí es nada. A Santi Balmes también le llevan los libros de tres en tres, o mejor de cuatro en cuatro que son los que lleva publicados. Además de puntos de libro, camisetas... “Cualquier día me llevan el colchón”, bromea. Pero no desfallece, cada firma es diferente y personalizada, y su simpatía desborda a cualquiera. Un profesional. Lleva unos cuantos Sant Jordi acuestas. Algo que no puede decir James Rhodes, pero espera poder decir: “Quiero volver cada año”, afirma después de explicar lo “maravillosa y civilizada” que le parece una fiesta “relacionada con los libros y la creatividad”. 

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