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Inti-Illimani: "Se ha dado una imagen descafeinada de Violeta Parra"

El grupo chileno evocará a la cantautora, en el centenario de su nacimiento, este sábado en el teatro Joventut, dentro de Barnasants

Jordi Bianciotto

El histórico grupo chileno Inti-Illimani, con Jorge Coulón (arriba en el centro).

El histórico grupo chileno Inti-Illimani, con Jorge Coulón (arriba en el centro).

Hace 50 años, Inti-Illimani daba sus primeros pasos rescatando el folclore andino. El grupo chileno regresa este sábado, en el marco de Barnasants (teatro Joventut, de L’Hospitalet, 20.00 horas), para recorrer su historia y evocar a su paisana Violeta Parra, de cuyo nacimiento se cumple este año un siglo. Hablamos con su líder histórico, Jorge Coulón.

¿Doble conmemoración, la de Inti-Illimani y de Violeta Parra? Bueno, autocelebrarse cosas es poco elegante y quisimos incorporar esos 50 años de Violeta por el sentido de la continuidad de una generación a otra.

Están grabando un disco en su homenaje. Sí, porque las canciones de Violeta Parra no tienen época: pueden ser rock, punk, y siguen siendo perfectamente vigentes. El disco está casi listo, saldrá a finales de abril. Falta grabar algunos invitados.

¿Cuáles habrá? Preferiríamos que fuera una sorpresa, pero, bueno, estarán Serrat, Silvio Rodríguez, Isabel Parra, Roberto Márquez (del grupo Illapu), Francisco Sazo (Congreso), y Marta Gómez, colombiana que vive en Barcelona. Serrat canta ‘Volver a los diecisiete’. Para mí, la canción más bella de Violeta Parra, con frases notables de poesía popular: “volver a sentir profundo / como un niño frente a Dios”…

Su vínculo con Serrat vendrá de lejos. Sí, de hace mucho tiempo, aunque toda la gente de habla hispana tiene una relación larga con Serrat. Él es una pieza fundamental en la música y la poesía cantada. Nosotros tuvimos ocasión de conocernos mejor en 1982, en un festival en Varadero, Cuba. Él también participó en conciertos de solidaridad con Chile, en tiempos de dictadura, y esas cosas quedan grabadas en la memoria y en el alma.

¿Tiene la sensación de que la obra de Violeta Parra en su conjunto no es suficientemente conocida? Hay un proceso, en la industria y los medios, de ir filtrando su repertorio de modo que sus canciones más conocidas son las de su último disco y han ido quedando atrás las más políticas. Eso no solo pasa con ella: también con Víctor Jara. Se ha dado una imagen de Violeta un poco descafeinada, como si su compromiso político hubiera sido solo un capricho, cuando no se puede separar una cosa de la otra. Incluso sus más bellas canciones de amor tienen que ver con una posición ante la vida. Con este disco queremos rescatar canciones como ‘Arauco tiene una pena’, que en esta época de discusión sobre los pueblos nativos, como el mapuche, tiene una vigencia.

Inti-Illimani ya había grabado piezas de Violeta Parra en el álbum ‘Autores chilenos’, en 1971. Sí, era prácticamente un homenaje a ella. Un disco muy importante para el grupo, en el que trabajamos con Luis Advis y con Víctor Jara. Éramos unos fanáticos de la música andina y ahí nos abrimos a otras músicas chilenas y latinoamericanas.

El grupo se creó en 1967. ¿Les movió la inquietud musical o la protesta política? Pues la parte sociológica vino después: aunque éramos militantes del movimiento estudiantil, la pasión que sentíamos por la música andina era arrolladora. Nos enamoramos de aquel sonido, de instrumentos como la quena y el charango, que Violeta Parra fue la primera en utilizar. Descubrimos un mundo sonoro. Al principio éramos un grupo instrumental y en un tiempo de efervescencia política eso chocaba. Chile estaba cambiando.

¿El nombre del grupo lo puso Eulogio Dávalos, músico chileno afincado en Barcelona? Sí, el y su hermana Eugenia, hijos de bolivianos, nos invitaron a su casa a tocar y nos bautizaron como Inti-Illimani.

¿Sol, en quechua, y Águila dorada, en aimara? Bueno, ‘inti’ significa sol en los dos idiomas. Illimani es el nombre de la montaña que está sobre La Paz.

El golpe de Pinochet, en 1973, les sorprendió en Italia. Todos  los veranos recorríamos los países latinoamericanos, y en 1973 hicimos nuestra primera gira europea. El golpe nos sorprendió en Roma. Estuvimos dudando, había la opción de trasladarnos a Berlín oriental, pero nuestros amigos italianos nos aconsejaron quedarnos allá. Teníamos un disco ya grabado, ‘Viva Chile!’, que publicamos en Italia. ¡Hubo un año que vendimos más discos que Pink Floyd! Algo impresionante.

¿Se puede hablar de una influencia italiana en su obra posterior? Creo que sí. Después de tres o cuatro años decidimos vivir con las ventanas abiertas, sin prejuicios, no solo a la música de Italia sino también a la de Hungría, Irlanda, Grecia, el norte de África… Nos enriqueció la relación con Roberto de Simone, de la Nuova Compagnia di Canto Popolare, y tuvimos relación con cantautores como Lucio Dalla.

En su música hay más luminosidad que ira o abatimiento. ¡Qué bueno que lo vea así! Creo que en nuestra cultura judeocristiana somos muy sufrientes, muy buenos para el silicio, para darnos latigazos, y nosotros tuvimos un encuentro temprano con un poeta peruano, Manuel Scorza, que hizo una vez una alocución acerca del sufrimiento que nos marcó mucho. La vida es única y pasarla sufriendo es poco interesante (ríe). Chile es un país muy depresivo: envidiamos a los colombianos, a los peruanos, gente que vive la vida a pesar de todos sus problemas.

Las culturas nativas chilenas, ¿tiene ahora un mayor reconocimiento? De parte de la población, sí. Del estado, todavía nos falta mucho. La primera respuesta que inspiran en la cultura del estado es de represión. Ustedes, los catalanes, ya saben bastante de esto. Sigue siendo así, desgraciadamente: armar más a la policía, militarizar los territorios… Ahora hay un debate fuerte y se está creando una cultura de la aceptación y de la justicia histórica.

Como sabrá, existe una formación llamada Inti-Illimani Histórico, que desde el 2004 reúne a tres exmiembros veteranos. ¿Una situación dolorosa? Sí, ese es un grupo que nació de tres compañeros que se retiraron de Inti-Illimani en distintas épocas y que participaron incluso en la elección de sus sucesores. De repente, formaron ese otro grupo. Pero en los países donde se respeta la propiedad intelectual, Europa, Estados Unidos o Japón, legalmente solo existe un grupo y somos nosotros. No es así donde ese respeto es más débil.

¿Habla de Latinoamérica? Sí, por ejemplo. Pero es terrible estar hablando de estas cosas. Es una cuestión, sí, dolorosa, con un factor humano.

¿No es posible una reunión? Sería fantástico que hubiera un arreglo, pero sobre la base de los hechos, no de la exclusión.

En Barnasants, ¿no faltará su himno, ‘El pueblo unido jamás será vencido’? Pues mire, lo hacemos cuando nos lo piden. Es un himno que excede lo musical, y que se canta en las calles. Cuando la gente está animada naturalmente lo tocamos. 

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