MAESTRA DEL CUENTO FANTÁSTICO

El Nacional de Narrativa premia el misterio de Fernández Cubas

'La habitación de Nona', último libro de relatos de la autora, le ha valido la distinción

Cristina Fernández Cubas, en la sede del grupo Planeta. 

Cristina Fernández Cubas, en la sede del grupo Planeta.  / ALBERT BERTRAN

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ELENA HEVIA / BARCELONA

Hay una cierta justicia poética en el reconocimiento que la escritora Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, 1945) está teniendo por su último libro, 'La habitación de Nona'.  'La habitación de Nona'Si hace seis meses recayó en él el premio de la Crítica, ahora le llega el Nacional de Narrativa. Y no es un libro cualquiera, es el que la devolvió a la literatura y a su personalísimo mundo, tras una travesía del desierto anímica de casi una década tras la muerte de su marido, Carlos Trías. Un episodio que ella incluyó filtrado por la ficción y a modo de despedida en el penúltimo relato del volumen, 'La nueva vida'. Y la justicia va mucho más allá de la palmadita de aliento, es el primer espaldarazo oficial –que ya era hora- a una trayectoria que la autora ha recorrido en solitario y con un solo juguete –o casi-, el del cuento y en especial el cuento fantástico, una forma que tradicionalmente en España ha sido consideradas la hermanastra fea de la narrativa. Aunque como diría el nobel Dylan, y la autora advierte, los tiempos están cambiando. “Y es que a veces a la vida le da por ponerse simpática”, asegura ella.

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La noticia del premio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y sus 20.000 euros le ha llegado a Fernández Cubas con esa mezcla de sorpresa atolondrada y chispeante que la caracteriza. "Es que no sabía que era candidata, ni que se fallaba hoy". No es la primera vez que el Nacional de Narrativa se fija en un libro de cuentos. Antes estuvieron 'Obabakoak' de Bernardo Atxaga, '¿Qué me quieres, amor?' de Manuel Rivas y 'Los girasoles ciegos' de Alberto Méndez. La autora, pese a haber ido siempre a la suya –"algo que está muy bien"-, asegura no sentirse sola. "Creo que en los últimos tiempos ha emergido un tipo de lector más colaborador que no se conforma con que se lo den todo masticado". De ahí que se sienta acompañada como cuentista porque el momento es particularmente bueno. Ahí menciona a algunos autores como José María Merino, Mercedes Abad, Flavia Company, Fernando Iwasaki, Enrique Vila-Matas o Hipólito G. Navarro, “pero, por favor, seguro que me dejo fuera a muchos”.

DEUDA CON POE

Obligada a hacer memoria, recuerda su kilómetro cero atrapada en el "susto gustoso" que le produjo un Edgar Allan Poe tuneado. “Yo era niña y mi hermano mayor una noche de lluvia y truenos frente al mar, en nuestra casa de Arenys, se puso a contar 'La caída de la casa Usher', a su manera. Nosotras las hermanas pequeñas le preguntábamos detalles del lugar y él inventaba, enriquecía la historia a su gusto. Así que cuando me leí el relato, la casa me pareció muy pequeña. No tenía todas aquellas habitaciones y le faltaba algún salón”. Reconoce la deuda contraída con esas historias y las otras, las que le contaban sus niñeras. “Me interesa lo que no se ve, los agujeros negros de la realidad y sus claroscuros. El secreto está en hacer verosímil lo inverosímil, lo más extraño que se te pueda ocurrir”. Y no, no concibe la literatura fantástica como un divertimento, porque la realidad no es una foto fija: “También los cuentos fantásticos ayudan a conocerla y a quien los escribe - dice-  a descubrir cosas que no sabía que sabía”.