HISTORIA EN VIÑETAS

Las jaulas del preso 155

Agustín Comotto convierte en novela gráfica la extraordinaria vida del anarquista Simón Radowitzky, que sufrió 22 años de prisión y tortura por luchar contra la represión argentina y vivió la revolución rusa y la guerra civil

Detalle de la portada de la novela gráfica ’155’, en la que el dibujante Agustín Comotto reivindica la figura del anarquista Simón Radowitzky. 

Detalle de la portada de la novela gráfica ’155’, en la que el dibujante Agustín Comotto reivindica la figura del anarquista Simón Radowitzky. 
El dibujante de origen argentino Agustín Comotto, que reivindica la figura del anarquista Simón Radowitzky en la novela gráfica ’155’. 

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Fue durante 22 años el preso 155 de la prisión de Ushuaia, en los confines argentinos de Tierra del Fuego. Allí le torturaron de mil formas, le apalizaron y cortaron el cuerpo, le violaron, le aislaron durante interminables periodos en “la heladera” sin derecho a nada... Se llamaba Simón Radowitzky y fue un judío errante ucraniano nacido en la miseria de un pueblo cercano a Kiev hacia 1891. Anarquista y ateo, perdió la infancia sobreviviendo a un pogromo del zar, participó en la revolución rusa, en la guerra civil española contra el fascismo, luchó contra la represión argentina de principios de siglo XX y nunca se dejó doblegar. Escapó milagrosamente de ser enviado a Siberia por ser menor de 16, se libró de la pena de muerte por no tener los 18 y de ser asesinado en la cárcel al recibir el indulto tres meses antes de un golpe de Estado fascista. No en vano le llamaban el mártir y el ángel del penal. Agustín Comotto (Buenos Aires, 1968), dibujante e ilustrador argentino y afincado desde 1999 en Catalunya, ha construido en '155' (Nórdica) una importante y ambiciosa novela gráfica que rescata la figura de un revolucionario preso cuya causa desató durante años una campaña popular internacional por su liberación solo equiparable a la de Sacco y Vanzetti,Sacco y Vanzetti aunque ellos acabaron ejecutados.  

Seis años ha dedicado Comotto a estas viñetas en blanco y negro teñidas estratégicamente de rojos puntos de atracción, con el fin de meterse en la piel de Radowitzky. Ha compaginado sus ilustraciones para libros infantiles y para adultos con un exhaustivo trabajo de investigación en archivos y con entrevistas orales que le ha llevado a Amsterdam (donde se conservan sus cartas), México (donde murió en 1956), Buenos Aires, Francia y el penal de Ushuaia. “Era un hombre de acción que quería luchar contra el fascismo; un anarquista que, contradictoriamente, era un gran pacifista. Necesitaba entender y explicar sus motivos, qué le llevó a cometer un atentado simbólico de una trascendencia monumental en Argentina. Mató en el aniversario del centenario de la República, en 1909, a [Ramón] Falcón, policía que significaba la modernización del sistema represivo, que usó mecanismos propios del ejército contra las causas sociales y obreras y fue el primero que aplicó las identificación de detenidos con huellas dactilares y creó la Cédula Nacional de Identidad”. 

Usando ‘flasbacks’ que le llevan de la prisión a su pasado y “costuras” imaginadas (como el presunto amor adolescente con Lyudmila, hija protorevolucionaria del cerrajero para el que trabajó con 13 años, cuyo recuerdo le ayuda a soportar el cautiverio), Comotto elabora una narración que indaga en “su condición judía, su anarquismo y la miseria y el hambre temible que sufrió de pequeño”. “Sobrevivió a un pogromo y vio cómo mataban a su tío, a su amigo, cómo ardía todo... No tenía nada y eso le hizo unirse a la revolución para buscar el cambio social. No tuvo infancia. Quise entender cómo era un niño pobre a inicios del siglo XX y la clave me la dio Salvador Seguí, el Noi del Sucre. Se sabe que con 13 años daba mítines y discursos políticos. A esa edad no eran niños, eran hombres que trabajaban como hombres. Y Simón se rebeló ante el discurso religioso de su padre para abrazar la rama rebelde de los judíos”.  

REPRESIÓN ARGENTINA

Comotto vuelca en ‘155’ fantasmas personales. También él perdió su infancia, exiliado a España con su familia en 1976 huyendo de la represión en Argentina. “Mi padre fue uno de los últimos revolucionarios de los 70, como el Che. Su generación suma muchos muertos. Mi padre sobrevivió milagrosamente porque los militares llegaron tarde a casa. Eso aún nos quema en la piel. Tengo el miedo de mi infancia a que nos mataran. Aún me duele, así que explico la historia de los protorrevolucionarios de 30 años antes”, confiesa, recordando cómo sufrió para concluir algunas de las escenas del cómic, como la detención y tortura del joven Simón por los cosacos del zar. 

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Tras vivir en Madrid, en 1982 el autor regresó a Argentina y, desde 1999 vive en Corbera de Llobregat con su pareja catalana. Como Radowitzky, se siente errante, en “un juego de ida y vuelta a Europa”. “Soy hijo, nieto y bisnieto de inmigrantes y yo mismo lo soy, primero por obligación, luego por voluntad propia. Tuve bisabuelos italianos, vascos, madrileños y catalanes y abuelos uruguayos y argentinos”. 

“Sin una gota de sangre judía”, Comotto transmite su admiración por el pensamiento judío, “que tanto se confunde con el sionismo” y que “genera capacidades mentales increíbles con genios como Einstein, Yehudi Menuhin, Baremboim o Groucho Marx. También desnuda obsesiones. Como la de las jaulas de la vida. “Simón, que estuvo encerrado más de 22 años, dejaba que su mente se evadiera para soportarlo. En cambio, hay quien vive libre pero mentalmente está encerrado en una jaula. Es curioso que en sus últimos años criara palomas mensajeras que, aunque tienen libertad para marchar, siempre vuelven a su jaula”. 

Otra historia real 

Comotto ya está trabajando en otro proyecto largo y con muchos puntos en común con '155', con lazos en la revolución rusa y la segunda guerra mundial, pero menos dramático y más "como un sainete judío". "Es otra historia real, ambientada en la Argentina de los 70, sobre dos revolucionarios: un viejo que fue miembro de la guardia roja de Trotski y fue capturado por los nazis, que siente que su vida ha fracasado, y una joven que aún no sabe lo que es perder". Ella, que le ayuda con la historia, es ahora una mujer que hoy vive en Madrid y que un día "vivió el sueño de cambiar el mundo".