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Ramon Rogent, un olvido inmerecido

El Espai Volart reivindica la figura del pionero del arte contemporáneo en Catalunya

Natàlia Farré

La planxadora (1949), óleo de Ramon Rogent.

La planxadora (1949), óleo de Ramon Rogent.

De él Alexandre Cirici dijo que era "el iniciador de los movimientos que tenían que renovarlo todo". Joan Ponç lo definió como "un ser luminoso en una época de tinieblas". Y un entusiasmado Ortega y Gasset le espetó: “A la gravedad siempre dramática de la forma, usted añade la única razón posible de la alegría de vivir, la alegría del color”. A todo esto corría el año 1943, el arte de la posguerra era eso: arte de posguerra y las vanguardias artísticas aún no habían rebrotado (Dau al Set emergió en 1948).

De manera que su diferente manera de enfocar el arte y la libertad pedagógica que imponía en su taller llevaron a sus contemporáneos a admirarlo, y llevan, ahora, a la historiadora Glòria Bosch a reivindicarlo. Fue un "revulsivo en el mundo del arte de después de la guerra" y fue, también, "la primera puerta abierta al arte contemporáneo", afirma. El personaje no es otro que Ramon Rogent (1920-1958), un autor olvidado pero imprescindible en el contexto artístico barcelonés de los años 40 y 50, que encontró la muerte con solo 38 años, cuando su coche se estrelló camino de un encuentro con Picasso. Fue el fin de su vida y de su reconocimiento.

Merece una "reivindicación histórica", prosigue Bosch, que finalmente le brinda la Fundació Vila Casas con la exposición 'Obre les finestres' en el Espai Volart, hasta el 18 de diciembre. Es la primera muestra desde la retrospectiva que la Virreina organizó en 1984 y esa fue la primera que se celebró desde su muerte. Muy poca memoria para alguien que renovó el arte catalán de los 40, expuso junto con Picasso, Chagall Dufy y ejerció de maestro con Joan Ponç, Josep Serra Llimona, Montserrat Gudiol, Luis Marsans... Josep Roca-Sastre, este último también presente en la exposición para recordar la faceta pedagógica de Rogent: "No amordazaba a sus alumnos con ideas estéticas efímeras ni con dogmatismos personales; solo le interesaba el hombre que tenía delante y sus posibilidades de creación", explicaba Joan Perucho, uno de sus grandes amigos.

MIRÓ FASCINADO

Al autor de 'Les històries naturals', Rogent le ilustró textos como lo hizo con Josep Maria Espinàs, David Sanahuja y Julio Garcés. También se dedicó a los decorados teatrales, al cartelismo y a los murales: el último, el que le encargó el Ayuntamiento de Barcelona para una de sus salas pero que acabó uno de sus alumnos, Bosco Martí, ante la prematura muerte de Rogent. Un fallecimiento al que el poeta Joan Vinyoli le dedicó unos versos, cosa que ya había hecho antes para una de las mejores piezas del malogrado creador: 'La planxadora', obra que tenía fascinado al mismísimo Miró.

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