Nicolas Winding Refn, el gran provocador

El director de 'Drive' recibe abucheos, gritos e insultos por 'The neon demon', una grotesca farsa faustiana sobre el mundo de la moda

Nicolas Winding Refn y Elle Fanning, en la presentación de ’The neon demon’ en Cannes.

Nicolas Winding Refn y Elle Fanning, en la presentación de ’The neon demon’ en Cannes. / REUTERS / REGIS DUVIGNAU

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Nando Salvà

Si 'The last face', fr Sean Penn, ha provocado abucheos, la otra candidata a la Palma de Oro presentada este viernes en Cannes, 'The neon demon' además ha recibido gritos e insultos. Y eso es algo que a su director, Nicolas Winding Refn, por supuesto le encanta. A lo largo de su carrera, y sobre todo desde que 'Drive' (2011) lo convirtió en cineasta de moda, la provocación ha sido siempre un motor creativo. Ante la prensa se ha comparado con los Sex Pistols.

Refn no es solo un provocador; es un provocador con ego. 'The neon demon' se inicia con las iniciales NWR sobreimpresas en la pantalla durante los títulos de crédito, como si fueran el logo de un diseñador sobre una camisa. El gesto, es cierto, tiene sentido en una película que funciona como grotesca farsa faustiana sobre el mundo de la moda, un mundo cuyos habitantes están tan envenenados por los celos que, literalmente, se comen los unos a los otros. No es la única metáfora que Refn suministra a golpe de martillo.

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Protagonizada por Elle Fanning, la película convierte a cada personaje femenino en un maniquí, algo que por supuesto pretende ser una crítica a pesar de que en realidad Refn en realidad se deleite rodando a sus actrices tomando duchas vaporosas o practicando sexo lésbico-necrófilo. Mientras lo hace, 'The neon demon' funciona como el equivalente fílmico de un ejemplar de 'Vogue'. En otras palabras, es una colección de escenas en las que personajes impávidos deambulan por planos clínicamente diseñados y llenos de neones -algunos lo llamarán belleza-. No está claro que Refn sea consciente de lo tonto que todo resulta. De hecho, su película habría tenido mucho más sentido si, en lugar de copiar tanto a Lynch y Argento, se hubiera fijado más en Derek Zoolander.