CRÓNICA TEATRAL

'Interior', inmersión en la tragedia cotidiana

Hermann Bonnín consigue trasladar a La Seca la inquietante atmósfera de la obra del simbolista Maeterlinck

De izquierda a derecha, Carles Arquimbau, Padi Padilla, Òscar Intente y Marta Laia de Mendoza, en ’Interior’.

De izquierda a derecha, Carles Arquimbau, Padi Padilla, Òscar Intente y Marta Laia de Mendoza, en ’Interior’. / ALBERT ERITJA

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César López Rosell
César López Rosell

Periodista

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Interesante aproximación al mundo onírico y misterioso de Maurice Maeterlinck (Gante, 1862; Niza, 1949). Hermann Bonnín se enfrenta en La Seca a la construcción de las inquietantes atmósferas de 'Interior', una obra con traducción de Jordi Coca que mezcla las palabras con los elocuentes silencios. El relato del autor de 'Pélleas et Mélisande' mira a lo más profundo del ser humano desde la claves de un teatro que, dejando de lado el realismo, crea situaciones, paisajes y estados anímicos a partir de significados simbólicos.

Es de noche. Desde la penumbra de un viejo jardín, cuatro personas observan las iluminadas ventanas de una casa. En el interior, una familia apura las últimas horas del día junto a la chimenea. Nada parece alterar su plácida convivencia. Una de las hijas ha ido a visitar a su abuela y no se espera su regreso hasta la mañana siguiente. Los padres están tranquilos. No saben que la muchacha se acaba de suicidar lanzándose a las aguas de un río próximo, noticia que sí conocen los vecinos que están fuera. ¿Osarán entrar para comunicar tan terrible noticia? ¿Lo harán todos a la vez o solo uno de ellos?

MUERTE Y DESTINO

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Maeterlinck incide en dos de sus temas recurrentes: la muerte y el destino como grandes misterios de la vida, expuestos desde de un clímax existencial asfixiante. Toda la fuerza de la tragedia cotidiana late en un montaje sin elementos escénicos y con los espectadores situados en tres espacios del rectángulo. El cuarto se reserva para ubicar el mundo imaginario de la trama y para las proyecciones también simbólicas. Los efectos sonoros de Orestes Gas y la tenue iluminación de Albert Julve contribuyen a resaltar una dramaturgia presidida por el misterio de lo desconocido.

Los personajes se mueven fantasmagoricamente por el escenario y desgranan sus textos, mayoritariamente monólogos, con calculada pausa. La tensión de los silencios está bien resuelta con la marcada expresividad de sus rostros. Carles Arquimbau se luce como hombre mayor y padre de María (Padi Padilla) y Marta (Laia de Mendoza), que bordan sus roles. Òscar Intente encarna al forastero que pasaba por allí. El trabajo del cuarteto con esta partitura poética exige tanto su entrega como la implicación del público. Algo que sin duda consigue Bonnín, en su segunda inmersión en Maeterlinck después de dirigir 'La intrusa'.

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