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EXPOSICIÓN

La colección ideal de Ràfols-Casamada

Can Framis exhibe las 40 pinturas que el artista consideraba que explicaban mejor su obra

Natàlia Farré

Una de las telas, esta sin título y de 1959, que pueden verse en la exposición sobre Ràfols-Casamada.

Una de las telas, esta sin título y de 1959, que pueden verse en la exposición sobre Ràfols-Casamada. / FERRAN SENDRA

No es fácil disfrutar del talento de Albert Ràfols-Casamada (1923-2009) en Barcelona. En la nueva distribución de la colección de arte moderno del MNAC no hay ningún cuadro suyo, como no lo hay en la Fundació Miró desde su reciente renovación; y en el Macba, que en el 2001 le dedicó una gran exposición, solo sacan sus piezas de las reservas en contadas ocasiones: la última, en el 2013 a raíz de la muestra ‘Arte, dos puntos’. De manera que para ver la creación del artista, lo suyo es acercarse a las galerías, la Joan Prats tiene un buen fondo, o a los murales públicos que pintó en el Ayuntamiento de Barcelona y en el Palau Sant Jordi. Visto lo cual, la muestra que ahora, y hasta el 17 de julio, le dedica la Fundació Vila Casas en Can Framis se antoja más que oportuna y más que necesaria para deleitarse con la obra de un pintor de quien el crítico y comisario de la actual exposición, J. F. Yvars, afirma fue "uno de los grandes en una generación de grandes".

La exposición es deudora de la que el creador y F. J. Yvars hicieron itinerar entre el 2006 y 2008

'Pintura', este es el título del conjunto, reúne 40 piezas salidas del pincel de Ràfols-Casamada que abarcan un arco cronológico de cinco décadas, de 1959 al 2006. "La época de madurez", según Yvars, y por lo tanto la que mejor define la creación del artista: "La trama formal, el color, la construcción, la luz, la ventana de Matisse, esa construcción que llamaban ortogonal" están presentes, afirma el comisario. La selección no es caprichosa, pues la muestra es deudora de otra que Yvars y el artista idearon al alimón y que itineró internacionalmente desde el 2006 al 2008. La idea, pergeñada entre ambos, surgió en el 2003 tras el ensayo que el crítico publicó sobre la obra de Ràfols-Casamada.

El libro comportó la ordenación de todo el corpus del pintor y permitió que el creador seleccionara las piezas que formaban su museo imaginario, formal y plástico. Vamos, su colección ideal: "Entendía que eran piezas que sintetizaban el signo plástico que diferenciaba su pintura, la de un convencido formalista", apunta Yvars; selección a la que bautizó como la Colección de Maria, su mujer, la también pintora Maria Girona: "Maria vivió las diferentes épocas de su trayectoria, hasta que Ràfols-Casamada se convirtió en un pintor maduro, un pintor formalista, un pintor de color, un expresionista lírico con unos componentes emotivos terciados de componentes históricos importantes", resume el comisario.

EN NUEVA YORK

Esa colección ideal o museo imaginario fue el que visitó durante dos años Bratislava, Tirana, Lisboa, Roma, Guadalajara y Nueva York con gran éxito de público y crítica. Y fue para Yvars y para el propio Ràfols-Casamada "una especie de consagración internacional". Al artista le hizo especial ilusión la estancia en Nueva York: "Ya que su pintura se afirmaba en el núcleo del expresionismo abstracto, una de las fuentes de su trabajo junto con el informalismo francés", a juicio de Yvars. Pese al éxito, la exposición no tuvo parada en España: "La presenté a cinco instituciones españolas de prestigio y todas dijeron que no", se lamenta Yvars. Hasta la fecha, que Can Framis recoge el testigo. La de ahora es la misma pero con pequeños cambios: "Refleja bien la pintura de Ràfols-Casamada y de alguna manera refleja también la intención decisiva de quien la llevó a cabo. Es un homenaje a Ràfols-Casamada a quien respeté muchísimo y quise mas; y un tributo a Maria, que fue su cómplice", concluye Yvars.

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