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'La verdad': fariseísmo moral

Tráiler de ’La verdad’.

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NANDO SALVÀ

La verdad es una de las peores películas posibles sobre periodismo, sobre todo porque insiste ruidosa y arrogantemente en la necesidad de que la prensa «se haga preguntas» y al mismo tiempo santifica a su protagonista precisamente por no cuestionarse si la información que ofrece podría o no ser falsa. En concreto, la película recrea el escándalo generado en Estados Unidos cuando, dos meses antes de las elecciones de 2004, el informativo televisivo 60 minutes acusó al candidato George W. Bush de haber recibido un trato de favor durante su servicio militar, gracias al que se libró de ir a Vietnam. Dos documentos esenciales para sostener la tesis resultaron ser falsos.

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Asumir los errores es una obligación moral de todo periodista, pero el director James Vanderbilt quiere convencernos de que, en cambio, hacerlo es como rendirse o traicionar los propios principios. Resulta chocante contemplar hasta qué punto aplaude a los responsables de la información, encabezados por Mary Mapes (Cate Blanchet), precisamente cuando muestran su peor juicio periodístico. Y, por si eso fuera poco, la película encadena una plomiza retahíla de sermones sobre qué es el verdadero periodismo - sobre cómo se ve amenazado tanto por unos empresarios avariciosos como por un público indiferente- pronunciados con asombro e ingenuidad propios de un chiquillo por gente que por otra parte acredita años y años de experiencia.

FICHA: James Vanderbilt. Estreno 30 de octubre • Cate Blanchett, Robert Redford, Dennis Quaid, Topher Grace. • Título original: ‘Truth’. Estados Unidos • 121 minutos * 

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