Una gran historia de amor

Todd Haynes y Cate Blanchett seducen con el drama lésbico 'Carol'

De izquierda a derecha, Rooney Mara, Todd Haynes y Cata Blanchett, anoche, en la alfombra roja de Cannes.

De izquierda a derecha, Rooney Mara, Todd Haynes y Cata Blanchett, anoche, en la alfombra roja de Cannes. / AP / THIBAULT CAMUS

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NANDO SALVÀ / CANNES

El motivo por el que Todd Haynes es un cineasta tan poco prolífico -seis largometrajes en 25 años- es el mismo que lo convierte en uno de los más grandes de América. Las películas como la que este domingo presentó en Cannes no hay forma de hacerlas deprisa.

Carol Caroltoma como modelo El precio de la sal, novela temprana de Patricia Highsmith sobre un romance lésbico en la Nueva York de principios de los 50, para escenificar un hipnótico pas de deux entre Cate Blanchett, en la piel de una mujer madura tiernamente autoritaria, y Rooney Mara, en la de una joven entusiastamente sumisa. Una depredadora gentil y una presa feliz de serlo en una era en la que se obligaba a la homosexualidad a permanecer dentro del armario y a menudo derivada al psiquiatra.

Se trata de un terreno conocido por Haynes: el californiano ya exploró dinámicas de amor prohibido en esa misma época en Lejos del cielo. Pero si entonces el asunto era cómo mantener el deseo reprimido puede conducir a la tragedia, aquí impera el tipo de negativa a someterse al entorno que también mostraban las protagonistas de la miniserie Mildred Pierce, que rodó para la HBO.

En todo caso, esas conexiones con obras previas del director no disminuyen el impacto que Carol provoca por varios motivos: el modo en que Haynes domina cada plano, cada gesto, cada detalle visual; la paciencia con la que imprime a las conversaciones el tempo que requieren y cómo es capaz de comunicar tanto a través de susurros y miradas furtivas -en eso colaboran Blanchett, que ayer matizó sus declaraciones sobre que había mantenido relaciones sexuales con varias mujeres, y Mara, ambas extraordinarias-; cómo contiene el drama y cómo, a la vez, logra convertir esta historia en la esencia de cualquier romance, gay o no, en el que el amor es saboteado por las circunstancias. Haynes siempre ha tenido ese talento -lo demuestran películas como Safe (1992),Velvet Goldmine (1998) o el biopic de Bob Dylan I'm not there (2007), pero hasta ahora no ha sido reconocido como merece por ello.

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

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Caso contrario es el de la francesa Maïwenn: ella no merece ni las migajas del éxito que Cannes le ha proporcionado, primero con el Premio del Jurado que le concedió en 2011 por su obra previa, la execrable Polisse, y ahora colocándola en la competición con la nueva, Mon Roi, que es una historia de amor como Carol pero no debería ser mencionada en la misma frase.

La directora pasa dos horas y cuarto de metraje tratando de demostrar lo complicadas y hasta adictivas que son las relaciones amorosas pero para ello se sirve de dos personajes sangrantemente simples: él (Vincent Cassel) es un caradura; ella (Emmanuelle Bercot) es una histérica, y ambos se empeñan en comportarse de forma inexplicable, todo el tiempo. Eso da a la película incontables oportunidades para el melodrama gritón, los ataques a la lógica narrativa y el humor involuntario. «¡Tongo!», exclamó ayer un periodista al final de la proyección de la película para la prensa. Alguien tenía que decirlo.