entrevista con el actor

Javier Cámara: «Ojalá pase con el cine lo mismo que con el fútbol»

Javier Cámara, el martes en un hotel de Madrid, donde presentó ’La vida inesperada’.

Javier Cámara, el martes en un hotel de Madrid, donde presentó ’La vida inesperada’. / AGUSTÍN CATALÁN

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OLGA PEREDA
MADRID

Que Nueva York es la ciudad de las oportunidades es algo que el cine nos ha contado mil veces. La fea realidad es que los sueños no siempre se cumplen. Eso es algo que nos recuerda La vida inesperada, agridulce cuento de hadas que nos viene a decir que nuestra hada no era lo soñábamos. Javier Cámara (Albelda de Iregua, La Rioja, 1967) se pone en la piel de Juanito, un actor que se gana la vida sirviendo copas y dando clases de cocina en la ciudad de las (no) oportunidades.

-Si no fuera actor, ¿se dedicaría a la agricultura?

-¿Se refiere a las fincas de mi padre? Ojalá fueran unas grandes fincas. Son unas huertas pequeñas. Y además nadie las está cultivando. Mis hermanas y yo no nos merecemos ni tenerlas por ser tan malos agricultores.

-Al contrario que a su personaje, a usted no le falta trabajo como actor.

-No. Siempre hay cosas. Aunque reconozco que aprendí de mis padres de la incertidumbre económica. Mi padre es agricultor y mi madre, ama de casa. Y los agricultores aprenden cada año que o guardas para el año que viene o la tormenta te puede llevar la cosecha entera. Me inculcaron desde muy joven que hay que ser hormiguita. No me llevo grandes sustos aunque tenga que estar parado.

SEnDLa vida inesperada es un cuento de hadas que demuestra que tu hada no es perfecta, pero es tuya.

-Totalmente. Los sueños no son siempre como se sueñan. Los sueños evolucionan. Y cuando se cumplen dices: ah, vaya, era esto. Y hay sueños que se cumplen que son muy peligrosos porque no estás preparado.

-¿Nueva York es un sueño?

-Es un caramelo muy amargo. Tiene muchas caras y cuando más tiempo pasas allí te das cuenta de que es una ciudad fagocitadora.

-¿Ha vivido algún tiempo allí?

-Cuando presentamos Hable con ella me quedé tres meses. Fue entonces cuando conocí a Elvira Lindo (guionista de La vida inesperada). Estuve disfrutando y estudiando, aunque no me enteraba de nada. Ahí te das cuenta de que la soledad es realmente la soledad.

-¿Uno se acompleja en Nueva York, especialmente si es actor?

-No, a mí el talento me alimenta. No me asusta que haya gente con más talento que yo. Me incentiva. Al principio dices: qué cantidad de gente buena hay aquí. Vas a cualquier teatro y los actores cantan, bailan y actúan. Pero, oye, tú también tienes tus armas.

-Usted tiene, por fin, su Goya, el que le dieron este año por Vivir es fácil con los ojos cerrados. ¿Ya duerme tranquilo?

-Yo siempre he dormido tranquilo. Es verdad que tenía seis nominaciones, pero hay gente que seguro tiene diez y siguen sin premio.

-¿Está el Goya en Albelda?

-Ha estado allí, sí. Me hicieron un homenaje precioso. Uno de los días más bonitos de mi vida. Aunque también fue un día terrorífico porque falleció Dunia Ayaso (cineasta). Esas cosas te demuestran que en la vida viene todo junto. Después del homenaje en mi pueblo, me cogí un avión para Las Palmas para despedir a mi amiga. Ahora el Goya está encima del piano que tengo en casa. Parece un Beethoven.

-Es usted uno de los actores más queridos por el público.

-La popularidad te la da la tele. Y yo he hecho mucha. ¿Sabe qué me dicen mis compañeros del gimnasio, que son gente muy mayor? Todos han visto Ocho apellidos vascos y me sueltan: a ver si haces películas así porque tú ¿qué estás haciendo? Y yo les digo, joder, he estrenado cuatro películas. Pero nada...

-¿Tiembla con la taquilla de La vida inesperada?

-Ocho apellidos vascos es Ocho apellidos vascos. Está claro. Pero lo interesante es el cambio de percepción. Ahora parece que, en lugar de la crisis del cine, existe el milagro del cine. Antes, todas las entrevistas eran:  ¿El Gobierno os odia? ¿Hay falta de ideas?  ¿Está desconectado el cine del público? Llegaba un momento que parecía que tú te estabas defendiendo en las entrevistas. Y, hombre, yo no me tengo que defender de nadie. Que cada uno haga su trabajo. Así que, sí, un pequeño milagro ha cambiado la perspectiva. Ojalá pase como el fútbol y los cocineros, que todo el mundo los quiere.

-¿Le gusta el fútbol?

-Me encanta. Sobre todo, el Real Madrid.

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-Pero no se alegrará de la crisis del Barça, ¿no?

-En absoluto. El Barça juega de maravilla. Messi es estratosférico e Iniesta me fascina.