21 feb 2020

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Un Falstaff posmoderno

Alasdair Gray presenta 'Lanark', gran novela de culto de las letras escocesas

ELENA HEVIA / Barcelona

Excéntrico es un adjetivo que apenas se acerca a definir la singularidad -literaria y personal- del escritor escocés Alasdair Gray (Glasgow, 1934), quien con su primera novela, 'Lanark' -gestada durante casi 30 años y legendaria antes incluso de que fuera publicada en 1981- supuso el punto de partida de la moderna ficción escocesa.

Hoy 'Lanark' es un santo y seña con el que se reconocen los cazadores de rarezas literarias, una gran novela autobiográfica -aunque dos de sus partes ocurran en un universo paralelo-, una obra a la vez experimental y clásica dividida en cuatro segmentos que el autor ha desordenado de forma que el texto se inicia con la tercera parte, el prólogo se sitúa en la página 150 y al final, el autor adelantándose a los críticos explica con detalle y humor erudito los plagios y los homenajes contenidos en ella. Autor y obra, reeditada por Marbot, han regresado para triunfar de una vez por todas en las librerías, acompañada por 'Historias inverosímiles, en general', de la mano de Rayo Verde / Raig Verd (es la primera vez que Gray se traduce al catalán) sello que quiere recuperar buena parte de la producción del autor.

Hablar con Gray es como explorar África en el siglo XIX. Nunca sabes a qué terreno salvaje te va a llevar la conversación de este hombre que con aspecto de viejo Falstaff, capaz de acabar con las provisiones de scotch de cualquier bar, no tiene el menor reparo en explicar -sin que se le haya preguntado- cómo fue su iniciación sexual. Eso podría parecer que nada tiene que ver con su proteica literatura pero no, porque en ella cabe todo: la historia de Escocia, el mundo de los cómics -Gray ilustra y concibe gráficamente todos sus libros-, Franz Kafka, su combativo nacionalismo escocés y naturalmente, el sexo.

«Cuando empecé a escribir 'Lanark' yo tenía 18 años, asma y eccemas, y quería incluir en esa historia las principales experiencias que podía vivir un hombre. El problema es que no sabía nada de nada. Mis padres me habían educado en la idea de que el sexo solo podía existir en el matrimonio, así cuando encontré a la primera chica que me sonrió amablemente, le pedí que se casara conmigo». La cosa acabó mal. Nueve años de matrimonio, un hijo -«que felizmente no leerá esto porque vive en Estados Unidos»- y un divorcio. Pero de ahí extrajo la información que necesitaba. «Me enseñó mucho más de las mujeres que cualquier otra experiencia y fue el acicate para seguir con la novela». Gray estalla en teatrales carcajadas un poco intimidantes mientras vocifera y enfatiza sus palabras shakesperianamente.

Resulta curioso que esa educación matrimonial fuera la puerta de entrada a un conocimiento sexual que le llevaría a escribir novelas semipornográficas y sadomaso como '1982, Janine' y 'Vestida de cuero': «Esas cosas las aprendí más tarde, cuando empecé a beber y me embarqué en otra relación muy conflictiva en la que ella claramente disfrutaba con nuestras peleas». Gray no se corta un pelo a la hora de confesar que, al igual que el protagonista de su novela y trasunto de sí mismo, él también se sintió tentado por el suicidio. «Fue en tres ocasiones y siempre porque la mujer de turno me abandonaba. Por suerte, nunca tuve éxito».

Independencia

Este animado maestro de la digresión se centra mucho más cuando se le piden opiniones políticas. Así el referendo quizá lleve a su país a la independencia y a un «oscuro y muy difícil» futuro. «Lo único que me consuela es que será así para todos», añade. Y en cuanto al proceso catalán no se anima a dar consejos. «De todas formas creo que solo en los países pequeños es posible una democracia en la que ese término signifique igualdad».