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Crónica

Siniestro Total, en su serena madurez

El grupo gallego causó el éxtasis en Bikini con la revisión de sus grandes éxitos del rock 'hooligan'

JORDI BIANCIOTTO
BARCELONA

Han pasado 25 años, y Siniestro Total no ha perdido su gracia. Los gallegos son ahora son unos músicos de mediana edad disfuncionales, generacionalmente desubicados, pero, contra toda previsión razonable, no arrinconados del show business. Siguen llenando salas y pasándoselo de miedo con su rock hooligan, y Julián Hernández se vuelca en las canciones hasta quedar afónico. Como el miércoles en Bikini, donde pusieron de largo ese aniversario plasmado en su reciente doble compacto y DVD Que parezca un accidente.

Tocaron cerca de 30 canciones en hora y media, lo cual da una idea de su rendimiento ejecutivo. Y lo mezclaron todo; canciones de ayer y de hoy, con un sonido maduro en relación con los viejos tiempos, pero sin excesos de técnica. Sí, tienen un teclista-saxofonista, pero no son la

E Street Band. El punto gamberro es inseparable de una banda que hace tiempo integró en su repertorio esa oda al solaz y el recreo que es Vamos muy bien ("borrachos como cubas / ¿y qué?"), de Obús, y que suena como si fuera una composición propia.

Pasaron de Alégrame el día a Sobre ti; de su homenaje al probo instrumentista de arpa celta Emilio Cao (versión de David Watts, de los Kinks) a un enrockecido asalto a Bailaré sobre tu tumba. Bikini, cerrando filas. Con Miña terra galega, o sea, Sweet home Alabama, de Lynyrd Skynyrd, tras una resaca de ribeiro, el recinto pasó de la fase de la exaltación de la amistad a los cánticos regionales.

DECADENCIA PÚBLICA

La voz de Julián Hernández se extinguía por momentos. Ya casi no parecía humana. "Nos tenemos que ir, que empieza Muchachada nui", bramó antes de sacarle el polvo a Cuánta puta y yo, qué viejo, esa composición que difícilmente sonará en las dependencias del nuevo Ministerio de Igualdad.

Reanimado no sabemos bien por qué métodos, Hernández pilotó, como un héroe malherido, y sin que casi se le entendiera nada, un bloque agónico de bises como ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?, Todo por la napia y el espasmo de Ayatollah!, el himno necesario para cerrar una noche caracterizada por el cultivo de la metáfora poética. Ante todo, mucha calma: el espíritu de Siniestro Total sigue vivo.

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