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MÚSICA EN ESTADO PURO

Ferran Savall, emociones sin palabras

El músico se atreve a esquivar el filtro del lenguaje en su nuevo disco, 'Impro'

MARTA CERVERA
BARCELONA

Ferran Savall improvisa un tema en acústico para EL PERIÓDICO. / M. TUDELA / M. PELLICCIA

Ir por libre, sentirse libre del dictado de la moda, de las reglas de la industria discográfica y de las etiquetas es el objetivo de Ferran Savall. El músico acaba de presentar su nuevo disco, Impro (Alia Vox), un trabajo muy diferente a su primer álbum en solitario aparecido hace un lustro.

En realidad, Impro debería haber sido su carta de presentación. «Es una reconciliación conmigo mismo. Cuando empecé a cantar a los 20 años lo que más me gustaba era coger la guitarra e improvisar con mi voz». En aquella época no tenía ninguna necesidad de componer, no le atraía lo más mínimo. En cambio disfrutaba «jugando, imitando la manera de cantar del pop, del gospel o de los árabes sin utilizar palabras, inventándome un lenguaje que puede recordar a algo pero no lo es». Y solía tocar en la calle, «que para mí ha sido la mejor escuela», apunta, sin miedo a experimentar y buscando esa comunión que permite aflorar los sentimientos en estado puro, sin forzar, dejando que fluyan ecos de sus influencias más diversas. Hasta ha creado su propio lenguaje creando un vocabulario que, sin palabras, evoca emociones. «Invento palabras que no existen. Las improvisaciones no cuentan historias, surgen de la música y de la melodía», explica.

Colaboración de Jordi Savall

El disco, grabado en Cardona, incluye piezas grabadas entre principios del 2000 y finales del 2011. La versátil e hipnótica voz de Savall, de 35 años, se acompaña de su guitarra española o de su tiorba. A veces se unen también músicos que conoce bien: su padre, Jordi Savall, y su famosa viola de gamba y el percusionista Pedro Estevan (darbuca, maracas, tambor ganga). El disco transmite vibraciones diferentes, empapadas de frescura y belleza. Comiat d'una mare es un recuerdo a su madre, la soprano Montserrat Figueras, fallecida en noviembre del 2011, y Wonder, un guiño a uno de los artistas que admira, Steve Wonder.

«Si no lancé Impro antes fue por inseguridad. Para mí la improvisación era y es un juego. La idea del disco, que mis padres me animaban a grabar, me sobrepasaba. Por eso me negué, quizás porque siempre he sido muy consciente de mis carencias», dice el músico, que siempre dejó colgados los estudios. «El solfeo y la armonía nunca fueron mis fuertes. Prefiero aprender de oído y tocar de forma espontánea», añade. Se negó a compartir la música más auténticamente suya y, en cambio, a los 30 años se dio a conocer con un disco de canciones tradicionales catalanas, Mireu el nostre mar. Pero se quemó. La rutina de tocar una y otra vez lo mismo y las servidumbres de la vida artística pudieron con él. «Me rayé y estuve dos años decidiendo si seguía o no como intérprete», recuerda.

Ahora ya no teme aburrirse. Ha encontrado su camino y cada concierto es diferente. Nunca repite la misma melodía, sería un sacrilegio. «Cuando hago música busco algo sencillo, que la mente no se entrometa y que fluya la emoción del momento». Impro es difícil de etiquetar. Mejor escuchen el acústico que ha grabado para EL PERIÓDICO. Si se quedan con ganas de más, actuará el 18 de septiembre en el Cotton Club. Y el 7 de diciembre su música acompañará en directo el nuevo espectáculo de la bailarina india Shantala Shivalingappa en el Temporada Alta, que después recalará en el Mercat.

Temas: Música