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Espacios naturales

El verde metropolitano: equilibrio entre la conservación y el uso social

  • El Área Metropolitana de Barcelona trabaja para mejorar la calidad de los parques, las playas y los espacios fluviales, tanto desde el punto de vista de las actividades ciudadanas como de la protección medioambiental 

Pasarela que discurre entre las dunas de la playa de El Prat.

Pasarela que discurre entre las dunas de la playa de El Prat.

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E. Palomares

Más allá de las nuevas tecnologías y sistemas de gestión urbana innovadores, hay otro elemento que no podrá faltar nunca en una 'ciudad inteligente': las zonas verdes. La pandemia ha puesto de relevancia algo que ya se intuía antes, y es la importancia de disponer de un espacio natural cerca de casa para reducir el estrés y mejorar la salud mental y física. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda contar con uno de estos oasis a menos de 300 metros de casa.

Algo todavía más importante en ciudades con una elevada densidad de población como sucede en el área metropolitana de Barcelona. Y aunque puede parecer que el asfalto deja poco terreno a la naturaleza, lo cierto es que los espacios abiertos y naturales han ido ganando cada vez más superficie hasta alcanzar el 52% del total metropolitano. Unas zonas verdes planificadas, gestionadas y conservadas por el AMB. La red está formada actualmente por 42 playas con una longitud de 30 kilómetros, 52 parques en 34 municipios y 60 kilómetros de caminos fluviales. A lo que se suma la presencia de la entidad en la gestión de espacios como el Consorci del Parc Natural de la Serra de Collserola, el Parc de la Serralada de Marina y el Parc Agrari del Baix Llobregat.

Una infraestructura natural que quiere seguir creciendo pero siempre manteniendo un equilibrio vital entre la protección natural, la biodiversidad y el uso social. Estas son las claves de los tres tipos de espacios verdes metropolitanos:

Parques, espacios llenos de vida

En las últimas dos décadas, los parques no solo han duplicado su superficie en el área metropolitana, sino que también ha evolucionado su concepto. “Además de tener un alto valor ambiental y de protección de la biodiversidad, cada vez más son percibidos como espacios con servicios para el encuentro social y la actividad ciudadana”, explica Dina Alsawi, responsable del servicio de Parques del AMB. Es decir, de nuevo ejercen como puntos clave para mantener ese equilibrio tan preciado entre la protección del medioambiente y el ocio o el descanso de las personas.

El parque dels Jardins de la Font del Rector, en Sant Climent de Llobregat.

/ AMB

Para conseguirlo, el AMB se rige “por un modelo de control de calidad que lleva más de 20 años aplicándose” y que ha llevado a “un incremento del índice de satisfacción ciudadana” en las encuestas. La entidad trabaja así en el mantenimiento de la calidad para asegurar un servicio óptimo; la mejora continua de aspectos como la accesibilidad, la inclusividad, los equipamiento y la biodiversidad; la promoción y la divulgación; y también en la puesta en marcha de proyectos de mejora global de parques, como en del Bosc de Can Gorgs de Barberà del Vallès. En este caso, se ha mejorado la iluminación nocturna, se han trazado nuevos caminos y accesos y se han plantado zonas arbustivas para reforzar visualmente las zonas del parque.  

En este sentido, el trabajo del organismo puede ir encaminado a la mejora de parques ya existentes –como también ha sido el caso del parque de Can Solei i Ca l’Arnús de Badalona o el de Torre-roja de Viladecans–, así como a la creación desde cero de nuevos espacios verdes. Un buen ejemplo de ello es el de Jardins de la Font del Rector de Sant Climent de Llobregat, diseñado y construido por el AMB con un presupuesto de casi 500.000 euros. Se trata de un eje verde que no solo suma vegetación sino que conecta el entorno natural con el núcleo urbano, poniendo de relieve elementos patrimoniales como la Biblioteca de Ca l’Altisent, el ayuntamiento y la parroquia. También ejece de conector entre espacios naturales y cuenta con el servicio de Jugateca Ambiental, un espacio familiar donde los más pequeños pueden jugar y experimentar mientras descubren los valores del parque y la sostenibilidad.

Playas metropolitanas, el destino más deseado

La pandemia ha servido para que muchos ciudadanos redescubrieran las playas metropolitanas, y prueba de ello es que el número de visitantes ha crecido en el último año. La tarea que llevan a cabo desde el AMB consiste no solo en conseguir que tengan todos los servicios y calidad necesarios para su uso y disfrute, sino también en conservar y proteger uno de los elementos más preciados del litoral mediterráneo, como son los sistemas dunares. “Tenemos cerca de 200 hectáreas de playas con sistemas de dunas, que son claves para proteger la biodiversidad y el asentamiento de la fauna. Por eso, desde el 2014 estamos llevando a cabo actuaciones de conservación, combinando el crecimiento natural con ciertas actuaciones para ayudar a su desarrollo”, detalla Daniel Palacios, responsable del servicio de Playas del AMB.

Vegetación dunar en la playa de El Prat.

/ AMB

En este sentido, hay dos acciones ambientales que cada temporada se complementan entre sí. Por un lado, la retirada de especies vegetales consideradas invasoras (en el 2021 se ha llegado a los 6.580 kilos en dos campañas realizadas en primavera y en otoño) y, por el otro, la plantación este año de 1.400 unidades de plantas de especies dunares para favorecer la biodioversidad, después de un proceso participativo con escuelas, entidades y vecinos. 

Desde el 2014 se han plantado 17.150 unidades de plantas, tanto por valores medioambientales como para proteger al territorio de los efectos del cambio climático.

En este sentido, desde el Área Metropolitana de Barcelona avisan de que las playas metropolitanas sufren una regresión continua, y que en las últimas décadas se ha producido una disminución del 25% de su superficie. En algunos casos concretos, como el de Montgat, en cinco años se han perdido 75.000 metros cúbicos de arena. En un contexto de emergencia climática y de subida del nivel del mar, los sistemas dunares actúan también como protectores del territorio y elementos clave para la resiliencia. Por eso, su conservación también es vital para que la ciudadanía pueda seguir disfrutando de una playas de calidad y abiertas a todo tipo de actividades ciudadanas.

Parques fluviales, corredores de naturaleza

Los espacios fluviales del área metropolitana –que incluyen las cuencas del Llobregat y el Besòs, sus rieras tributarias y las que desembocan en el mar– han experimentado una transformación enorme, pasando de ser zonas que vivían de espaldas a la ciudadanía a todo lo contrario. Un cambio que se ha producido de la mano del AMB y de su labor coordinada con los municipios y otras administraciones para recuperar el tramo metropolitano de los ríos con el fin de alcanzar “un equilibrio entre la protección del entorno, los trabajos agrícolas y el uso de la ciudadanía”, tal y como comenta Martín Gullón, coordinador general de Innovación e Infraestructuras de la entidad.

Imagen virtual de la futura pasarela sobre el río Ripoll.

/ AMB

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La herramienta utilizada para ello ha sido el Programa de Actuaciones de Mejora del Paisaje Natural i Urbano (PSG), que ha permitido llevar a cabo actuaciones en el plano ambiental, social y cultural. En este sentido, los objetivos de intervención responden a cuatro objetivos: creación de espacios fluviales metropolitanos, recuperación de zonas degradadas, integración de infraestructuras dentro del paisaje y mejoras de la connectividad entre espacios urbanos y naturales. Para el periodo 2020-2023, el presupuesto previsto es de 16,8 millones.

Algunas de las actuaciones que se contemplan son, por ejemplo, la recuperación socioambiental del rio Llobregat con la creación de caminos fluviales en diversos municipios. O bien la creación del primer refugio de biodiversidad en el río Besòs a su paso por Santa Coloma de Gramenet, que permitirá el desarrollo de la flora y la fauna. Asimismo, también está previsto la construcción de una pasarela sobre el río Ripoll en Barberà del Vallès o la adecuación del Riu Sec en el Parc del Masot de Ripollet. Todo ello para seguir acercando las zonas fluviales a toda la ciudadanía metropolitana y, al mismo tiempo, incrementar la resiliencia urbana ante el cambio climático.