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PLAN CLIMA 2018-2030

Barcelona (año 2100): 112 noches tropicales

Las temperaturas aumentarán a lo largo del siglo entre 1,7 y 3 grados, mientras que la disponibilidad de agua se reducirá entre un 14% y 26%

Antonio Madridejos

Trabajos de acondicionamiento de las playas de Barcelona tras los temporales de invierno.

Trabajos de acondicionamiento de las playas de Barcelona tras los temporales de invierno. / JOAN CORTADELLAS

Como toda la cuenca mediterránea, los efectos del cambio climático en Barcelona serán particularmente agudos debido al previsto desplazamiento hacia el norte del actual cinturón de desiertos. Si no se actúa a tiempo, aumentarán las olas de calor, habrá menos disponibilidad de agua y cada vez será más difícil preservar las playas, entre otros perniciosos efectos.

El Ayuntamiento de Barcelona, basándose en datos del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y con la colaboración del Meteocat, ha previsto en su Plan Clima 2018-2030 dos escenarios o posibilidades: uno más comprometido, en el que se alcanzan los objetivos mundiales de reducción de emisiones del Acuerdo de París del 2015, y un segundo, calificado de pasivo, que implica que las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando de manera constante.

Se espera que el número de noches tropicales, con mínima superior a 20ºC, se incrementen anualmente de 38 a 112

En el primer caso se espera que las temperaturas en Barcelona aumenten unos 1,7º de media anual a lo largo del siglo XXI, mientras que el incremento en la segunda opción sería de 3º. Con estas previsiones, los días considerados muy cálidos, con temperaturas máximas superiores a los 30º, pasarán a finales de siglo de los actuales 22 a 50 (escenario comprometido) o incluso 80 (escenario pasivo). Las noches tropicales (mínima superior a 20ºC) se incrementarán de 38 a 112 en el peor de los escenarios.

Según el estudio del ayuntamiento, las precipitaciones actuales, que rondan los 600 mm (litros por metro cuadrado) anuales, se reducirían un 14% en la opción comprometida y un 26% en el escenario pasivo. La merma de los recursos superficiales (embalses) y subterráneos (acuíferos), sumado a la mayor evaporación motivada por el calor, hará que las necesidades adicionales de agua potable aumenten en 18 hectómetros cúbicos anuales (hm3). 

Barcelona consume cada año 200 hm3, el equivalente a 80.000 piscinas olímpicas, de los cuales un 60% procede de la red de embalses, mientras que el resto son recargas de la lluvia y los acuíferos. "La ciudad presenta un sistema de abastecimiento deficitario, ya que en uno de cada cuatro años los recursos son inferiores o muy cercanos a la demanda", asume el ayuntamiento. Para obtener lo que falta, se prevé aumentar el uso de recursos hídricos alternativos como el agua freática (2,7 hm3 adicionales y el agua regenerada del Llobregat (5 hm3), así como explotar el acuífero del Besòs y utilizar aguas pluviales.

Más tormentas intensas, más inundaciones

Por si fuera poco, debido a la prevista intensificación de las tormentas y la elevada impermeabilización del suelo (el 72% del término municipal está cementado o asfaltado), se prevén desbordamientos de la red en algunos puntos. "Se pone de manifiesto la fragilidad del sistema en los ámbitos del Poblenou, eje de la Diagonal, Sant Andreu, Badal y Sant Antoni, asume el ayuntamiento.

El cambio climático afectará a la ciudadanía de Barcelona en ámbitos muy diversos, prosigue el estudio municipal: el calor, por ejemplo, tiene un efecto directo sobre la mortalidad, principalmente en niños y personas mayores. También se advierte de que el incremento de las temperaturas puede favorecer la transmisión de enfermedades circunscritas actualmente a los países tropicales, como el dengue, la fiebre amarilla, el chikunguña y el zika.

Algunas especies plaga (cucarachas, cotorra y roedores) podrían verse beneficiadas con el cambio de las condiciones climáticas. Y "en general, todos estos cambios pueden incidir en la simplificación de los ecosistemas y, consecuentemente, en una pérdida de la biodiversidad", sentencia el informe.

Las playas retrocederán entre el 30% y el 46%. Algunas, como la de Sant Sebastià, podría desaparecer por completo

El aumento del nivel del mar puede tener un efecto directo sobre la pérdida de playas. En la situación actual, las ocho playas de Barcelona ya tienen un riesgo alto de afectación ante los temporales marítimos. Sin embargo, como consecuencia del cambio climático, se prevé una exposición más grande de las infraestructuras portuarias y un retroceso general de la línea de costa. Algunas playas como la de Sant Sebastià podrían llegar casi a desaparecer en el peor los escenarios, mientras que las otras pueden sufrir reducciones de entre el 30% y el 46%.

Más contaminantes

Las proyecciones indican finalmente que los efectos del cambio climático podrían traer consigo un incremento en la concentración anual de los tres contaminantes más persistentes en Barcelona (partículas PM10, óxidos de nitrógeno y ozono). Sin embargo, estas proyecciones no consideran que estos incrementos podrían quedar contrarrestados por nuevas tecnologías más limpias o por una reducción de la movilidad en vehículo privado.