ENERGÍA VERDE

Catalunya cumple cuatro años sin inaugurar ningún parque eólico

El sector pide modificar el mapa que determina los emplazamientos aptos

El parón amenaza los objetivos de alcanzar un 20% de renovables en el 2020

Aerogeneradores del parque eólico de Tortosa, en el Baix Ebre.

Aerogeneradores del parque eólico de Tortosa, en el Baix Ebre. / JOAN REVILLAS

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En enero del 2013 se puso en marcha el parque eólico Serra de Vilobí II, a caballo de las comarcas de la Conca de Barberà y las Garrigues, formado por tres aerogeneradores y una potencia instalada total de nueve megavatios (MW), pero desde entonces no se ha instalado ni uno más en Catalunya. El parón de cuatro años no solo ha supuesto un duro golpe para el sector, sino que compromete los objetivos de la Generalitat de alcanzar un suministro eléctrico 20% de origen renovable en el 2020 y del 100% en el 2050. Actualmente, la eólica aporta un 6%.

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Lamentablemente, las mejores condiciones de viento se concentran siempre en las comarcas del Ebro y las sierras del interior de Tarragona. "En el Empordà hay viento, pero no es el mejor debido a su virulencia y a veces el mal acceso a la red", afirma Morrón. Lo mismo sucede con todo el norte de Catalunya.

Eoliccat, la asociación que agrupa a las empresas del sector, considera que el estancamiento obedece a diversos factores. Uno esencial, afirma Jame Morrón, su gerente, es lógicamente la eliminación por parte del Gobierno del PP de las primas para las energías renovables, pero también influyen de forma acusada un decreto de la Generalitat del 2009 que exige un concurso público para promover un parque eólico de entre 10 y 50 MW de potencia (los mayores los ha de autorizar el Estado) y las dificultades derivadas del mapa eólico de Catalunya, que desde el año 2002 impide la instalación de nuevas instalaciones en buena parte del territorio. Cuando las cosas van mal, todo suma.

Catalunya, que fue pionera hace 30 años con la instalación del primer aerogenerador de España, ha quedado descolgada de los puestos de cabeza. La potencia instalada es de 1.272 MW, lejos de Castilla y León (5.561 MW), Castilla-La Mancha (3.807 MW) o Andalucia (3.338 MW), según datos de finales del 2015.

Evidentemente, las dificultades son comunes a todo el sector eólico español, pero algunas comunidades, como Galicia y Aragón, parecen estar saliendo del pozo con varios parques inaugurados recientemente. "Ahora las empresas ya no se fijan en Catalunya para invertir debido a los impedimentos del mapa eólico. En otras comunidades es más fácil obtener autorizaciones", lamenta Morrón. En su opinión, es urgente "estudiar si zonas que quedaron vetadas en el 2002 son factibles". Como no hay primas, insiste Morrón, "ahora se necesitan emplazamientos de mayor calidad", donde el viento sea apto durante más de 3.000 horas por año, "pero la mayoría de las zonas quedan en zonas rojas del mapa eólico catalán". Se construye solo lo que es rentable, incluyendo como factor decisivo la cercanía a la red eléctrica.

"Proponemos crear una comisión para estudiar caso por caso", prosigue Morrón. En esta sentido, Eoliccat ha presentado una moción en el Parlamento catalán que pide derogar la obligación de los concursos públicos.  "Hay territorio suficiente para llegar a 5.000 MW", según Morrón.

FALTA TERRITORIO

Assumpta Farran, directora del Institut Català d'Energia (Icaen), adscrito al Departament d'Empresa de la Generalitat, recuerda por su parte que Catalunya es "un país pequeño en superficie, con el 6% del territorio español, y además muy densamente poblado y con zonas naturales de gran valor". "Y lo que necesitan las renovables es precisamente superficie -añade-. Cuando alguien se plantea colocar un megavatio ha de tener en cuenta que en el caso de la fotovoltaica necesitará un campo de fútbol y en la eólica deberá colocar 25 máquinas".

Farran insiste en que el actual sistema de asignación de grandes parques eólicos [ahora el Gobierno central planea un paquete de 3.000 MW] mediante subastas y retribuciones adicionales "solo tiene en cuenta el precio y no el reparto territorial". Y Catalunya, dice, no dispone de espacio suficiente para un sistema "que favorece esencialmente los grandes proyectos empresariales y no a los pequeños productores". "Catalunya, que es una gran consumidora de electricidad, no puede paradójicamente ofrecer grandes superficies para instalar renovables. Por eso es necesaria una reserva [para estas situaciones] en los sistemas de subasta. Queremos una producción más distribuida".  "No tenemos un mercado correcto. Se pensó en el siglo XX para una energía del XXI", prosigue la directora del Icaen.

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En este sentido, la directora del Icaen se muestra partidaria de promover instalaciones pequeñas, de menos de 10 MW, no conectadas a la red, que sirvan por ejemplo para cargar baterías de coches y otras instalaciones eléctricas. Podrían estar en rotondas o edificios municipales. Sería una vía muy eficiente, añade, porque no se producirían las típicas pérdidas derivadas de la distribución de la electricidad fabricada a gran distancia.

"Mucho me temo que con instalaciones pequeñas no lograremos los objetivos", considera por su parte Nuri Palmada, responsable de proyectos de la cooperativa Som Energia. "Nos guste o no, cuanto mayor es el aerogenerador, más eficiente es". Mientras, el sector eólico sobrevive en Catalunya del mantenimiento y la operación de las instalaciones. "Se han perdido muchos puestos de trabajo y los promotores se han ido al extranjero", concluye Morrón.