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Ruth Bader Ginsburg, durante un acte en Nueva York, el pasado diciembre.

VIDA DE CINE

Ruth Bader Ginsburg: la jueza pop

Un documental, que aspira al Oscar, y un 'biopic' ponen de relieve la figura de esta carismática magistrada estadounidense

Nando Salvà

Los créditos de inicio de 'RBG', que el próximo domingo podría ganar el Oscar al mejor documental, incluyen algunos de los insultos que su protagonista ha recibido a menudo a lo largo de sus 25 años como jueza de la Corte Suprema de Estados Unidos; términos como «antiamericana», o «zombi» o «vil» aparecen impresos en pantalla. Cuando finalmente sale en escena ella, Ruth Bader Ginsburg, lo hace vistiendo una sudadera de color púrpura en la que se leen dos palabras: «Super Diva». El mensaje es claro: es una mujer a la que importa muy poco lo que opinen sus enemigos.

Los magistrados de 85 años no son el tipo de personajes proclives a ser considerados iconos pop, pero eso precisamente es Ruth Bader Ginsburg. Su enconado activismo en defensa de los derechos de las mujeres la ha convertido en un ideal de poder y autoridad para millones de personas de ambos sexos, que ha inspirado biografías y memes y diseños de camisetas y tazas de café. Los 'millennials' tanto de Estados Unidos como de parte del resto del mundo, además, la ven como un símbolo de la oposición a Donald Trump y de la esperanza en el futuro. Se la considera una superheroína. Se la apoda «Notorious RBG» en referencia al rapero Notorious B.I.G., que fue asesinado en 1997; y la improbable comparación, decíamos, ha proporcionado a sus fans el vehículo idóneo a bordo del que ponerla en el centro del 'zeitgeist'.

Camiseta con la imagen de la jueza y la leyenda "disidente".

Brillantez académica

Ella misma asegura que le debe buena parte de sus triunfos a sus padres, que valoraban el intelecto por encima de todo lo demás y la predispusieron a la brillantez académica; y en especial a su madre, Celia, a la que perdió durante la adolescencia a causa del cáncer. Celia insistía a su hija sobre la importancia de «ser una dama» y de «ser independiente». De lo que sucedió después en los primeros años de su carrera profesional, durante los que emprendió una cruzada en los tribunales contra los casos de discriminación de género, habla el 'biopic' 'Una cuestión de género'; el próximo viernes llega a los cines. También habla de su marido, Martin Ginsburg, al que conoció a los 17 años y que, desde el principio, pese a la mentalidad de la época, insistió en ver a su esposa como una igual a todos los niveles.

Una de las ironías que encierra la posición de Ruth Bader Ginsburg en la cultura popular es que, al parecer, es una mujer reacia al culto y al márketing y a los tatuajes que su persona genera; la otra es que, si la música rap se nutre de la rabia, de 'Notorious RBG' se asegura que se las ha arreglado para reconfigurar la historia constitucional estadounidense sin necesidad de quemar nada, haciendo bandera del respeto a las normas y el institucionalismo, y andando y hablando a ritmo de caracol. 

Dura como el roble

Pero que ni este último rasgo ni su diminuta figura confundan a nadie, porque Ruth Bader Ginsburg ha dado muestras de ser una mujer dura como el roble. Desde hace dos décadas, dos veces a la semana se desloma con un entrenador personal –hace sentadillas, lanzamiento de balones medicinales, cinta elíptica, flexiones– con música clásica de fondo; y aunque ha luchado contra el cáncer en varias ocasiones, cada vez que se le pregunta acerca de la jubilación contesta lo mismo: no colgará la toga hasta que no sea capaz de servir a la justicia con pasión. Si el documental 'RBG' está en lo cierto, para ese día todavía falta mucho. 

La jueza Ruth Bader Ginsburg en un fotograma del documental 'RBG'.