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Mark Zuckerberg, en el cuartel general de Facebook.

FACEBOOK CUMPLE 15 AÑOS

Cómo la red nos ha cambiado la vida

Genís Roca

El editor Tim O’Reilly fue el primero, en el 2004, en utilizar el ahora desgastado término Web 2.0 para tratar de explicar un fenómeno que entonces aún era solo incipiente: la aparición de plataformas que permitían a los usuarios compartir fotos, textos, vídeos y enlaces. Conceptos como comunidad, colaboración o participación estaban llamados a ser masivos. Para unos, un desastre, pues se rompía en pedazos el concepto clásico de control de los contenidos elevados a públicos, y para otros, una maravilla porque aumentaba hasta el infinito la capacidad de compartir, mezclar y explorar. Las leyes de propiedad intelectual y de derechos de autor empezaron a temblar y no han dejado de hacerlo.

El hoy omnipresente Facebook se fundó el 4 de febrero del 2004 y era algo pequeño y limitado solo a universitarios. La puesta en marcha de YouTube es posterior, febrero del 2005. Twitter se fundó en marzo del 2006. Y estrellas actuales como Whatsapp o Instagram se fundaron en el 2009 y el 2010, respectivamente. De los actuales grandes jugadores sociales, Facebook fue de los primeros en tomar forma.

Es necesario que recuperemos los usos sociales de internet como espacio de creación, actividad y, si es necesario, de lucha

En 15 años hemos progresado adecuadamente. Hemos aprendido, a tortas, que aquello que haces en las redes es público y deja rastro. Ya no queda ningún tonto que diga en el trabajo que se encuentra mal y acto seguido ponga una foto suya en Facebook cantando un gol en el Camp Nou.

Hemos normalizado el uso de las redes para gestionar diferente, y en muchos casos mejor, nuestras relaciones personales y profesionales. Hablar casi cada día con tu hija que está en el extranjero haciendo un Erasmus, ver en Whatsapp los primeros pasos de tu nieto, avisar de que llegas 10 minutos tarde, recordarle a alguien que le quieres mucho, descubrir que alguien ha cambiado de trabajo, o de pareja. Debemos seguir mejorando los usos y los excesos, pero es innegable que ya no sabríamos estar sin todo esto.

También los negocios se han visto profundamente modificados. El turismo es un ejemplo apabullante: ya nadie elige hotel solo mirando un catálogo y cuántas estrellas tiene. Todos consultamos en los nuevos portales digitales cuáles han sido las opiniones y valoraciones de los usuarios. Por no hablar de las plataformas que ofrecen pisos y habitaciones de particulares. El turismo, uno de los sectores más importantes en nuestro PIB, ha sido reintermediado en tiempo récord. Todas las empresas se han visto obligadas a rediseñar sus procesos de pre-venta y atención al cliente, rehacer sus procedimientos de gestión de crisis, reconsiderar cómo se definen sus atributos de marca, reorganizar los departamentos de márketing, adaptar los estudios de mercado, la detección de tendencias… y todo por esta capacidad ciudadana de aflorar su opinión en la red. Por no hablar de la política, que para saber qué está pasando parece más eficaz estar atento a Twitter que al DOGC o el BOE.

Los datos y el control

Quince años después ocupamos el espacio digital con normalidad y no pensamos dejar de hacerlo, y cada vez somos más conscientes de estar generando un enorme flujo de datos que los estados y las empresas están aprendiendo a utilizar vete a saber para qué. El papel que pueden haber tenido estos datos para inocular mentiras y convencer, por ejemplo, a algunos votantes de que su mejor opción era Trump nos ha abierto los ojos de hacia dónde podría estar yendo el mundo. Todo genera datos de quién somos y qué hacemos: las tarjetas de crédito, los teléfonos, los coches, las casas, la ropa…

Las redes sociales ya no son vistas como espacios de creación y colaboración, sino como máquinas entrenadas para procesar mucha, demasiada información sobre nosotros. Han dejado de ser puntos de reunión para pasar a ser algoritmos temibles. Esta deriva, extrema por ejemplo en China, es ya demasiado evidente. Es necesario que recuperemos los usos sociales de internet como espacio de creación, coordinación, actividad y, si es necesario, lucha. Está en nuestras manos que no se convierta en un espacio de control. Una tarea para los próximos 15 años. 

* Empresario y profesor universitario.