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Nilüfer Göle: "Estamos sufriendo un peligroso regreso a la misoginia"

Nilüfer Göle: "Estamos sufriendo un peligroso regreso a la misoginia"

Irene Savio

"Hemos vuelto a las palizas", repite la socióloga Nilüfer Göle (Ankara, Turquía, 1953). Con estas contundentes palabras  describe la socióloga –discípula de Alain Touraine y una de las voces más respetadas en defensa de los derechos de laa mujeres musulmanas– la situación actual de violencia sobre las mujeres, en una época en la que avanzan "los líderes fuertes de ideas conservadoras". Una involución misógina que mantiene un hilo conductor "en todo el mundo", en muchas sociedades en las que "los unos ya no se reconocen en los otros", dice la experta. Esta entrevista tuvo lugar en el marco del Festival de la Cultura Mediterránea de Cosenza, al sur de Italia, donde Göle fue premiada como una de las intelectuales mediterráneas más destacadas en su ámbito.

Recientemente, unos desconocidos mataron a tiros a la modelo e 'influencer' iraquí Tara Fares, a plena luz del día, en Bagdad. No es la primera a la que asesinan. ¿Cómo se explica esta violencia?
Es muy lamentable. Nos encontramos en un momento en el que cuanto más se liberan las mujeres, más se ejerce la violencia contra ellas. Lo vemos no solo en las modelos sino también, por ejemplo, en mujeres que quieren divorciarse y que son asesinadas. Y no únicamente en Irak, también ocurre en Turquía y en otros países. La voluntad de liberación y emancipación de las mujeres está generando conflictos. Hemos vuelto a las palizas, a los valores ultraconservadores que han resucitado la tentación de mantener a las mujeres en su lugar.

¿Cree que la violencia contra las mujeres está golpeando especialmente a algunos países, como Irak o Afganistán? 
La situación en Irak y Afganistán es más grave, sí. Esto es evidente. El  asesinato de Tara Fares responde a la violencia contra un perfil de mujer que ha alcanzado un cierto grado de libertad gracias a su profesión. Son mujeres que han salido de sus ámbitos privados para entrar en la esfera pública. Y que han terminado por sufrir este peligroso regreso a la misoginia.

¿Y qué hay de las mujeres musulmanas que viven en países europeos?
Depende mucho del contexto, aunque, en términos generales, la situación de las mujeres musulmanas que viven en Europa es otra. Aquí no existe, por ejemplo, la imposición de llevar el velo, como sucede en Irán. En los países europeos, hay mujeres musulmanas que practican la crítica hacia el patriarcado y denuncian el sexismo violento que pretende verlas sometidas. Lo hacen porque ven que eso les impide llevar adelante sus aspiraciones educativas y su desarrollo profesional. Pero, en paralelo, estas mujeres hacen suyos los valores del islam. Sencillamente, su emancipación es distinta a la descrita por el feminismo laico y europeo de los años 70 y 80. Por eso, hay movimientos feministas que no acaban de entender a las mujeres musulmanas. Mujeres que están luchando por ser reconocidas, aunque intenten seguir un camino propio.

Pero, en la actualidad, ¿hay esas diferencias también?
Hoy existe una nueva generación de feministas en países como Alemania y Francia que está dando pasos adelante para elaborar algunas alianzas y permitir el reencuentro entre las dos maneras de concebir la emancipación. Es algo positivo y la única manera de derribar muros y empezar a entendernos. Diría que estamos comenzando a descubrir que hay más proximidad de lo que pensábamos.

"Los valores ultraconservadores
están resucitando
la tentación de mantener a las mujeres 'en su lugar'"

Hace cinco años, decidió que era necesario escuchar las voces de los musulmanes en las zonas más conflictivas de las ciudades europeas. De ese trabajo sobre el terreno nació su noción de "musulmanes ordinarios". ¿Quiénes son? 
Son una minoría visible, no por sus rasgos físicos, sino por las normas religiosas que siguen. Son los musulmanes que han inmigrado hace tiempo a Europa. La noción de 'musulmán ordinario' me ha servido para explicar esta contradicción, la de un colectivo que existe y quiere formar parte de la vida cotidiana en diferentes ciudades de Europa, aunque esta visibilidad acarree problemas.

¿Un fenómeno sociológico nuevo?
Sí. En realidad, ellos no son inmigrantes, no viven solo en las periferias y, ahora, reclaman construir mezquitas con forma de mezquitas, usar el 'chador' y comer comida 'halal'. Ya no quieren esconderse y cuestionan la idea de que la religión debería mantenerse como un asunto privado. Es un colectivo que no quiere homologarse, sino integrarse.

¿Por qué los políticos europeos no acaban de encontrar soluciones a algunos problemas de convivencia?
Para el buen funcionamiento de las democracias, es necesario un proceso de familiarización. Hace falta traducir las diferencias culturales. Esto es el multiculturalismo, una transformación que no se produce de la noche a la mañana. Y en esto se está fracasando. En parte, porque ha habido una simplificación del islam. La voz de los 'musulmanes ordinarios' no ha sido escuchada, ni se les ha integrado en las sociedades.

"El espacio público ha estado en manos de los medios de comunicación, lo que ha impedido poner el foco en la pluralidad"

Incluso se les asocia a cuestiones de seguridad pública.
La laicidad, la libertad de expresión y de los sexos son valores importantes, pero también lo es encontrar formas de incluir a los recién llegados. Y lo cierto es que el espacio público, que vendría a ser el lugar del debate, ha estado exclusivamente en manos de los medios de comunicación y esto ha impedido poner el foco en la pluralidad de las sociedades. Y, además, la izquierda, al obviar a la religión, no ha visto venir a los movimientos nacionalistas y a la derecha racista que promueve la idea de la comunidades puras que no aceptan a los extranjeros. La inclusión mejoraría la democracia.  

¿Puede calar el mensaje inclusivo en el ciudadano corriente?
Sí, aunque insisto en que hay que crear lugares de encuentro. Vivimos en sociedades que sectarizan, en las que nos tenemos miedo los unos a los otros. Por eso, hay que ir hasta los lugares de las controversias y, desde allí, recrear los espacios públicos de debate. Por ejemplo, si se manifiesta la voluntad de construir una mezquita, el asunto no solo debe ser tratado por los musulmanes. Hay que involucrar a todo el mundo y buscar soluciones –también arquitectónicas–, que todos podamos aceptar.

¿Qué papel juegan en la actualidad las mujeres y los jóvenes en Turquía, su país de origen?
La fractura en Turquía es muy profunda. Pero no se puede analizar desde el paradigma de mujeres versus hombres. Hay mujeres que se adhieren al régimen de Erdogan. Son mujeres que han sido excluidas de la educación y de una vida pública satisfactoria y que ahora se están tomando una especie de venganza. Pero esto también ocurre en otros países, como Estados Unidos o el Reino Unido. Vivimos en una época en la que existen fracturas tan marcadas que casi es imposible considerarnos 'sociedad'. No nos reconocemos los unos a los otros. Esto es muy peligroso, más aún cuando estas situaciones se viven de una forma muy emotiva.

La veo muy crítica con Erdogan. 
La situación en Turquía es inquietante. En el 2005, cuando empezaron las negociaciones para adherirse a la Unión Europea, había libertad. Luego, tras las revoluciones árabes, el país fue visto como un modelo de sociedad en el que también se afrontaban temas antaño tabú, como el genocidio armenio, la cuestión kurda y la presencia del islam en la esfera política. Y después ocurrió la represión de Gezi, en la que una parte de la sociedad se convirtió en enemiga de la otra. El regreso de las palizas, como le decía antes, ha ido de la mano de la presencia en todo el mundo de líderes fuertes con ideas conservadoras. En el caso turco, lo hemos vivido de manera muy dramática. El espacio público ha sido cancelado.