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Los (malos) cálculos del tecnócrata

La frontera entre lo público y lo privado ha sido difusa en el paso por la política del exministro, que esta semana se ha visto obligado a renunciar a su nombramiento a dedo para el Banco Mundial.

Mercedes Jansa

En su larga carrera política, José Manuel Soria (Las Palmas, 1958) nunca ha dado puntada sin hilo. Ha medido los tiempos, los apoyos y las purgas, ha estado en el lugar exacto en el momento preciso y ha cuidado mucho su imagen pública, sus enemigos políticos no han levantado cabeza y ha sabido arrimarse a buen árbol (primero a José María Aznar y después a Mariano Rajoy). Con esas cualidades que le han obligado a estar en permanente alerta, algo debió de olerse en el último acto público al que fue como ministro de Industria tres días antes de presentar la dimisión por los 'papeles de Panamá'.

Ante un selecto foro de unos 200 inversores extranjeros, en un salón del Hotel Ritz de Madrid, Soria acababa de pronunciar en un fluido inglés un discurso sobre las ventajas de invertir en España. Lo habitual en ese encuentro, por el que ya había pasado su colega Luis de Guindos dos días antes, es que se abra un turno de preguntas y que el invitado las vaya respondiendo mientras se come. Pues ese día, 13 de abril, ni una cosa ni la otra. Uno de los asistentes que actuó de portavoz se levantó y en un correcto inglés dijo: "No hay ninguna pregunta"Soria ni se quedó a comer. Era ya un cadáver político.

¿Qué le ha pasado al calculador Soria? Para algunos miembros del PP, el exministro de Industria no ha sabido calibrar las consecuencias de sus hechos, como no las supo medir en el 'caso Panamá', con abundantes evidencias de faltar a la verdad que él denominó «errores» de explicación.

"MANO DE HIERRO"

Los que le conocen desde los años 80, en su primera etapa en Madrid como técnico comercial del Estado, lo califican de «técnico» o «tecnócrata»Licenciado en Ciencias Económicas, trabajó a comienzos de los 80 en la embajada de España en Caracas y, tras aprobar la oposición como técnico comercial, la costumbre establece que los jóvenes técnicos inician el rodaje en los ministerios económicos. Soria, como también su compañero de promoción Luis de Guindos, conoció la primera administración socialista. El exministro formó parte del grupo de asesores del gabinete del ministro de Economía de entonces, Carlos Solchaga, entre 1986 y 1987. Después fue jefe de gabinete del secretario de Estado de Comercio y hasta los primeros 90 formó parte de varios consejos de administración de empresas públicas (Aldeasa, Initec y el Banco de Crédito Industrial).

Ni Panamá ni el Banco Mundial han sido los únicos escándalos en los que ha estado vinculado directa o indirectamente

Quizá en esa etapa aprendió de la interrelación (en muchos casos tóxica) entre empresa y política. Se le reconoce un gran conocimiento de los entramados de los medios de comunicación y las empresas de todo tipo, y la información es poder.

La muerte de su padre truncó su carrera en Madrid y regresó a Canarias para ocuparse de los negocios familiares, entre otros las navieras, cuya alargada sombra le llevó a salir en los papeles del paraíso fiscal. El virus de la política corría por sus venas y su opción por el PP le ha reportado un abultado currículum de poder. Primero como alcalde de Las Palmas (1995-2003), después como presidente del Cabildo (2003-2007) y finalmente como vicepresidente del Gobierno de Canarias y consejero de Economía (2007-2010). En paralelo y durante 17 años (1999-2016) fue presidente del PP de Canarias donde ejerció "con mano de hierro".

"MARÍA, HE RECIBIDO TU PONENCIA: ¡ARRIBA ESPAÑA!"

Ni Panamá ni el Banco Mundial han sido los únicos escándalos en los que el nombre de Soria ha estado directa o indirectamente vinculado. Son varios los sumarios abiertos en las islas por supuesta corrupción urbanística en los años en que él era el máximo dirigente popular. Pero siempre se ha mantenido a flote. Sus triunfos políticos, sobre todo su etapa como alcalde, son el mejor aval que ha tenido desde entonces. Eso y sus amigos en el PP.

A finales de los 90 Soria era ya uno de los jóvenes de la entonces nueva derecha que acompañaron el triunfo de José María Aznar (con el que le sacaron un parecido razonable, con más centímetros de altura a favor del exministro), y fue su férreo defensor. Como dirigente regional ha cultivado una imagen de político moderado. No es un acérrimo antinacionalista ni tampoco se le conoce una especial chispa para el análisis y el discurso políticos, pero ahí está la anécdota. En mayo del 2008 fue uno de los tres encargados de redactar la ponencia política del congreso del PP, junto a la vasca María San Gil y la catalana Alicia Sanchez-Camacho. El texto estaba tan escorado a posiciones ultraespañolistas que Soria escribió a San Gil el siguiente SMS: "María, he recibido tu ponencia. ¡Arriba España!".

El exministro de Industria supo ver que el futuro en el PP se llamaba Mariano Rajoy y fue uno de sus incondicionales en la travesía del desierto tras la derrota del 2004. Fue de gran ayuda para Rajoy cuando este buscaba casa en Canarias para su padre en los primeros años del nuevo milenio. El jefe de Gobierno le devolvió el detalle pasando unas vacaciones con su familia en las islas en marzo del 2004. Las pagó la trama Gürtel, según declaró su cabecilla Francisco Correa. Por contra, el PP lo niega y asegura que pagó la factura. Una muestra más de la difusa frontera entre lo público y lo privado que ha presidido el paso de Soria por la política.

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