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Que no pare la música

La experiencia de Las Vegas

La ciudad de Nevada ya no basa su atractivo en el juego sino en una oferta de espectáculos apabullante que compite con las grandes capitales del mundo y contradice los clichés de lugar decadente para artistas en fase terminal

Jordi Bianciotto

Lady Gaga, durante su actuación en la entrega de los premios Grammy, el pasado mes de febrero.

Lady Gaga, durante su actuación en la entrega de los premios Grammy, el pasado mes de febrero. / REUTERS / MIKE BLAKE

Solemos hablar de Las Vegas con cierta superioridad moral, también respecto a su identidad sonora: la ciudad de Nevada es señalada como ese último refugio de artistas a punto de desmoronarse; un lugar decadente, banal, hortera, quizá sórdido. Nos referimos incluso a un ‘espectáculo tipo Las Vegas’ como si se tratara de un género en sí mismo, una forma de entretenimiento ‘kitsch’ con barra libre de clichés y lentejuelas. Pero cada vez hay menos ‘conciertos tipo Las Vegas’ en Las Vegas, y más reclamos de la primera división del pop, al tiempo que la ciudad, haciendo caso omiso de las miradas por encima del hombro, se ha asentado como una de las capitales mundiales del espectáculo.

Atención a su vertiginosa agenda de conciertos. Hace solo unos días, Madonna ofrecía en el Colosseum del Caesars Palace tres pases de su exclusiva gira ‘Madame X’, que en Europa solo podrán degustar, por ahora, en Lisboa, Londres y París. En lo poco que queda de mes, desfilarán por allí artistas tan variopintos como el grupo de rock electrónico MGMT y el trapero Bad Bunny, la diva Mariah Carey y la tropa r’n’b de Boyz II Men, mientras que Aerosmith proseguirá con su larga residencia, a culminar el próximo junio. Este invierno, Tool volcará su metal extremo en el T-Mobile Arena, un local comparable al Palau Sant Jordi que se inauguró en el 2016 con una traca a base de The Killers, Nicki Minaj y Guns n’Roses. Hay cinco salas más de ese calibre en Las Vegas, ciudad cuya población metropolitana es de dos millones y medio de habitantes.

Siete espectáculos del Cirque du Soleil

En el 2020 seguirá la fiesta con Cher, Lady Gaga, Van Morrison, Chicago, Santana, Foreigner, Styx, Rod Stewart, The Motels, Billy Idol, Lionel Richie, Ozzy Osbourne con Marilyn Manson, Sting, Oleta Adams, Sheena Easton, Michael Bolton, Blue Öyster Cult, Michael Bublé, Harry Styles... Y muchos más que caerán. Si, también hay lugar para amables esperpentos como Tenors of Rock y esa ocurrencia llamada ‘It was 50 years ago today’, celebración nostálgica de los Beatles a cargo de un elenco Frankenstein al que dedican su tiempo libre Christopher Cross y Todd Rundgren. Nadie es perfecto. Como ‘bonus track’, Las Vegas es esa ciudad en la que el Cirque du Soleil tiene a bien ofrecer siete espectáculos estables y simultáneos durante todo el año. No está mal para una ciudad decadente.

Las Vegas es el negativo de Nueva Orleans, Nashville, Austin o Memphis, que lucen orgullosas su pedigrí en el jazz, el blues, el country o el rock and roll. Urbe corta de historia, desarraigada, lunática, apenas puede agarrarse a la vieja mística del ‘Rat pack’, si bien muchas de sus huellas han sido borradas sin piedad, a la americana. El Sands, donde Sinatra trabajó con la orquesta de Count Basie, fue demolido en 1996, aunque podemos consolarnos zampándonos un filete en el restaurante que frecuentaba con Dean Martin y Sammy Davis Jr., el Golden Steer.

Apuestas como ingredientes folclóricos

La ciudad ha apostado por la música a lo grande tras empezar a sospechar que no bastaba con el juego para mantener vivo su atractivo turístico. La ruleta y el ‘blackjack’ siguen campando felizmente en esas infinitas plantas bajas hoteleras en que uno se olvida de si es de día o de noche, y lo que es peor, de dónde está la salida (todo parece pensado para que te extravíes y te quedes sin blanca, o quizá sea en orden inverso), pero las apuestas son ahora ingredientes folclóricos de algo más grande, una ‘experiencia Las Vegas’ donde los conciertos constituyen un robusto pilar.

La actuación de una estrella o un histórico con gancho, como coartada o perla de un fin de semana en una de las ciudades más aturdidoras del mundo. Urbe en absoluto decrépita, salvo que consideremos que la brutal exhibición de opulencia en medio de un desierto sea el súmmum del disparate. Bien, quizá lo es, pero dentro de la liga mundial de los disparates, muy concurrida, es uno de los más divertidos.

50 noches con la diva Lady Gaga

La especialidad de Las Vegas son las residencias, tandas de conciertos en un mismo local que se pueden estirar meses o años y que se incorporan a la oferta turística natural de la ciudad. Se inspiran en las estancias históricas del pianista y showman Liberace (cíclicas desde 1944 hasta su muerte, en 1987) o el Rat Pack de Sinatra (años 50 y 60). Ahora están en cartelera las de Lady Gaga (50 conciertos con dos formatos alternados, Enigma y Jazz & piano, que concluirán en mayo), Aerosmith (21), Rod Stewart (16), Keith Urban (12) y Robbie Williams (ocho). Culto a las estrellas en versión exponencial.