LOS 92 DEL 92

Acebillo, el hombre que pensó más allá de la borrachera olímpica

Escolta de las ideas que bullían en la cabeza de Oriol Bohigas, fue una piezas clave en la Barcelona postolímpica

Josep Anton Acebillo, director municipal de proyectos urbanos durante la preparación de los JJOO.

Josep Anton Acebillo, director municipal de proyectos urbanos durante la preparación de los JJOO. / CARLOS MONTANYES (Delegaciones)

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

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En mitad de este vasto repaso sobre quienes fueron 92 de los artífices de los Juegos Olímpicos de 1992, decir que Josep Anton Acebillo (Huesca, 1946) era entonces el director del Área de Proyectos Urbanos del Ayuntamiento de Barcelona podría ofrecer un retrato injustamente incompleto sobre su figura. En alguna ocasión se ha dicho que fue el brazo ejecutor de las ideas que bullían en la cabeza de Oriol Bohigas, lo cual se acerca algo más a su verdadera dimensión. Pero incluso así, falta una pieza del puzle. Acebillo fue uno de los muchos autores de la Barcelona olímpica, pero fue, sobre todo, uno de los pocos que entonces, en mitad de la borrachera de felicitaciones, tenía la vista puesta en el postolimpismo.

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«Cuando terminaron los Juegos Olímpicos, muchos, aunque no todos, de sus actores técnicos buscaron y encontraron excelentes puestos de trabajo». No era para menos. Los JJOO eran una línea dorada en cualquier currículum que abría las puertas en las empresas privadas. Acebillo no fue uno de ellos. Apagado el pebetero, prefirió quedarse y dar respuesta a una de las enormes preocupaciones de Pasqual Maragall, inquieto por si toda aquella experiencia acumulada en un tiempo récord no revertía directamente en beneficio de la administración pública. Temía el alcalde que aquella suerte de Proyecto Manhattan del Olimpismo terminara como el verdadero Proyecto Manhattan, con los Oppenheimer de turno regresando cada uno de ellos a sus cátedras académicas una vez cumplida la misión encomendada.

Acebillo y su volcánico carácter estuvieron ahí antes, durante y, sobre todo, después de los JJOO, cuando se alumbró una sociedad pública, Barcelona Regional, que a su manera fue la depositaria de toda aquella experiencia, que continuó aumentando a lo largo de los años, hasta el punto de que, por poner un ejemplo, cuando años después se abrió un debate sobre la ampliación del aeropuerto, la administración que ponía sobre la mesa los informes y estudios más completos podía ser la municipal barcelonesa.