Festival polémico

Moroccanoil, la empresa multimillonaria de aceites israelí detrás de Eurovisión

Eurovisión, pendiente de revisión: los jefes dicen que algunos países "no respetaron las reglas" y Nemo peligra

La representante de Israel en el concurso de Eurovisión, Eden Golan

La representante de Israel en el concurso de Eurovisión, Eden Golan / Europa Press

Irene Benedicto

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Cuando la chilena Carmen Tal se vio en el espejo al llegar a Tel Aviv a donde había viajado para una boda de la familia, se dijo que necesitaba ayuda urgente con su pelo. Co-propietaria de un pequeño salón de belleza en Montreal, a donde había emigrado para aprender el idioma, Tal era inversora pero no tenía ni idea de peluquería. Tampoco era muy experimentada la empleada que le aplicó el tinte equivocado, dejándole el pelo naranja y totalmente reseco. En vísperas del evento, no le quedó otra que seguir el consejo de su cuñada: se sentó en el asiento de una peluquería de Tel Aviv y el remedio que allí le dieron no solo le sanó el pelo: fue el inicio del meteórico ascenso de Carmen Tal y el embrión de una marca israelí multimillonaria cuyo impacto comercial y hasta geopolítico quedó evidenciado este fin de semana en el Festival de Eurovisión.

El milagro lo obró el aceite de Argán, originario de Marruecos y muy popular en países como España. Sin embargo, para ella fue un gran descubrimiento y pidió a su marido, que a diferencia de ella hablaba hebreo, que consiguiera los derechos de representación de la marca en Canadá. De ahí, se expandió a Estados Unidos. Ahora llega a 70 países y presume de haber peinado a Madonna, Jennifer López, Katie Perry, Scarlet Johanson y Angelina Jolie y a las supermodelos que desfilan en pasarelas de alta costura para diseñadores como Carolina Herrera o Roberto Cavalli. Sus ingresos se estiman en más de 60 millones de dólares.

La empresa de belleza se convirtió en “el socio presentador” --algo así como patrocinador principal -- de Eurovisión en 2020, el año después de que el concurso se celebrara en Tel Aviv, en 2019, como resultado del triunfo de la intérprete israelí en 2018. Además de la utilización de los productos para peinar a presentadores y artistas, el acuerdo confirió a la marca israelí “los derechos de eventos, medios de comunicación y digitales como parte de una asociación a largo plazo para los próximos cinco concursos”, según anunció entonces la Unión Europea de Radiodifusión.

Secretismo y boicot

Este contrato habría influido, según los críticos, en la persistencia de la organización en mantener a Israel entre los participantes en plena ofensiva en la franja de Gaza, cuando a la administración del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se le imputan más de 35.000 muertos y más de 300.000 desplazados. Sin embargo, la gran plataforma que supone Eurovisión ha puesto en el punto de mira a la compañía y ha puesto en marcha una campaña de boicot.

El 80% de la producción de Moroccanoil se hace en Israel, según la propia empresa. En concreto, de los 200.000 árboles de Argán --un 0,5% de los 40 millones de árboles de Argán que hay en el mundo-- que se cultivan en el desierto de Negev, donde se tratan de reproducir las condiciones del desierto magrebí. Esto convierte el nombre, Moroccanoil, en problemático. “El aceite de Argán se había producido en Marruecos durante siglos y por eso nos pareció un nombre apropiado”, explicaba la fundadora en una entrevista con la CNN.

Boicotead Moroccanoil, es israelí y de mala calidad”, explicaba la empresa marroquí Skalli Essentials, molesta por el uso equívoco de su gentilicio para evocar exotismo y una falsa legitimidad e incluso como posible blanqueo para enmascarar el origen israelí. En el vídeo en sus redes sociales, publicado esta semana, una mujer joven que se identifica como marroquí explica cómo no solo el aceite de Moroccanoil no procede de Marruecos sino que el “Argán” no es el ingrediente principal en sus productos según el etiquetado.

Así, 17 años después de su fundación, Moroccanoil ha entrado por primera vez en esa lista negra de empresas israelíes resurgida bajo las siglas BDS, por boicot, desinversión y sanciones, un movimiento internacional “para terminar el apoyo internacional a la opresión de Israel sobre Palestina y presionar a Israel para cumplir con la ley internacional”, según se define la plataforma.

La ubicación de sus fábricas, “dos horas al norte de Tel Aviv”, es un secreto, lo que la ha mantenido a salvo del sabotaje material, y solo la CNN entró en una ocasión con motivo de la entrevista. La marca tampoco dispone de tiendas, sino que pertenece al universo de las e-commerce, disponibles online y en España algunas distribuidoras como Sephora. La empresaria chilena se mudó a Nueva York, sin su ya exmarido hebreo, y se asentó en Manhattan porque odia tardar en llegar a la oficina, en el East Side, a un paso de Central Park.

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