Hogar alternativo

El precio de la vivienda en Londres empuja a sus habitantes a vivir en barcos en el río

Su precio asequible y la posibilidad de desplazarse por distintos barrios de la ciudad los convierten en una opción cada vez más atractiva

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Lucas Font

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La pequeña isla de Three Mills, situada a orillas del río Lea en el este de Londres, es un reducido oasis de tranquilidad en la agitada capital británica. Es domingo por la tarde y un cielo inusualmente azul inunda el paseo que bordea el río, cuyas aguas descienden a paso lento hacia el Támesis. La buena temperatura ha atraído a esta parte de la ciudad a decenas de personas, que aprovechan su día libre para recorrer la isla en bicicleta o en un agradable paseo, mientras otras se tumban en el césped en busca de los codiciados rayos de sol

La tranquilidad de esta zona la ha convertido en un lugar cotizado para los cientos de propietarios de barcos que navegan por los canales de Londres. Y no sólo navegan: muchos de ellos han convertido los acueductos de la ciudad en el jardín trasero de sus casas flotantes. Media docena de barcos largos y estrechos, conocidos como ‘narrow boats’, forman parte de la estampa permanente de esta isla. Entre ellos está el de Óscar Serrano, un madrileño afincado en el Reino Unido desde hace ocho años que se cansó de las constantes disputas con su casero y decidió buscar una alternativa a su casa de alquiler.

Vivienda alternativa

“Empecé a mirar todas las opciones y un barco como este era lo más barato con el espacio que yo buscaba. Encontrar una vivienda es una de las cosas más difíciles en este país, los apartamentos tienen precios prohibitivos”, explica sentado en la cubierta de la embarcación. El barco de Óscar es de fibra de vidrio, tiene unos 12 metros de eslora y fue fabricado en los años ochenta para uso vacacional en el norte de Inglaterra. A pesar de su aspecto antiguo, su dueño ha conseguido construir un hogar con todas las comodidades. 

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LO2.JPG / LUCAS FONT

El interior cuenta con tres pequeños camarotes, una cocina con el espacio justo para los fuegos y el fregadero, y una zona común con bancos de piel granate que rodean una mesa plegable, justo enfrente de una pequeña televisión y una estufa de carbón. “Esta estufa la traje en una maleta desde España. En invierno le pongo cuatro o cinco carbones y esto se convierte en un horno, incluso tengo que abrir las ventanas con cuatro o cinco grados bajo cero”, asegura mientras muestra las capas de aislamiento que añadió al barco poco después de comprarlo.

Alquileres disparados

Barcos como el de Óscar se han convertido en una opción cada vez más atractiva para cientos de personas que buscan una alternativa a los altos precios de los alquileres en Londres. Algo que se está contagiando a las embarcaciones. “El mío lo compré por 28.500 libras [unos 32.000 euros] hace dos años y ahora lo podría vender por unas 45.000”, afirma. Otros barcos más nuevos y con materiales más resistentes pueden oscilar entre las 60.000 y las 100.000 libras, unos precios que, a pesar de ser más elevados que hace unos años, siguen estando muy por debajo de las cantidades exigidas por una vivienda en tierra firme.

En el caso de los alquileres de casas y apartamentos, la ciudad ha registrado cifras que no se habían visto hasta ahora. Según el portal inmobiliario Rightmove, el alquiler medio en el primer trimestre de 2023 ha alcanzado las 2.500 libras mensuales en la capital, un registro atribuido a la subida de la inflación y a una reducción considerable de la oferta: el número de viviendas en alquiler disponibles en 2023 se ha reducido a la mitad en los últimos cuatro años. En el caso de la compra, las importantes subidas en los tipos de interés han supuesto un freno importante para las familias a la hora de hacerse con una hipoteca.

Entorno natural

Los motivos económicos fueron la principal razón por la que Óscar decidió cambiar de hogar, pero dos años después sólo ve ventajas e incluso ha empezado a dibujar tiras cómicas relacionadas con la vida en el barco, que comparte en su cuenta de Instagram. Sentado en la cubierta bajo el sol del atardecer, al madrileño se le iluminan los ojos cuando gira la cabeza en dirección al paseo. “Mira mi jardín”, asegura con orgullo. “Me despierto con el sonido del agua y con el ruido de los patos todas las mañanas. Mi hija conoce todas las especies de pájaros, jugamos a pescar e incluso salimos con un kayak hinchable por el canal”.

En la parte superior del barco, junto a las placas solares, Óscar guarda varios objetos sujetos con una red de plástico verde. Entre ellos, destaca una pequeña barbacoa.

—¿La usas de vez en cuando?

—Ayer mismo. Reunimos a unos amigos y estuvimos todo el día navegando. Al llegar aquí pusimos la barbacoa en el paseo y preparamos la cena tan ricamente— explica mientras muestra fotos de la jornada en su teléfono móvil.

Óscar no sabe hasta cuándo seguirá en el Reino Unido, pero sí tiene clara una cosa: en su próximo destino también vivirá en un barco. “Es otra forma de vida, yo ya no quiero volver a una casa”.