Crisis en el país andino

Pedro Castillo cumple un año como presidente peruano en medio de presiones para que dimita

  • El maestro rural ha tenido una gestión accidentada que puede terminar pronto si prospera una nueva moción de censura

  • La popularidad de Castillo es del 19% y enfrenta cinco investigaciones judiciales por presuntos actos de corrupción

Pedro Castillo cumple un año como presidente peruano en medio de presiones para que dimita

EFE / Paolo Aguilar (Efe)

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Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

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El presidente Pedro Castillo cumple este jueves un año como presidente peruano sin razones para celebrar que no sean su frágil supervivencia: carece de fuerza propia, lo acecha la justicia y el Congreso, todo en medio de una profunda indiferencia y rechazo social: apenas un 19% de la población aprueba su desempeño. Castillo ganó por pocos votos la segunda vuelta electoral frente a Keiko Fujimori. A los pocos días tuvo su primera crisis ministerial. Desde ese momento no faltaron las predicciones sobre su aciago final, en sintonía con la suerte de sus predecesores. Pedro Pablo Kuczynski dimitió para no ser sometido a juicio político por la legislatura. Martín Vizcarra lo sustituyó hasta que una moción de censura terminó con su mandato interino. Manuel Merino tuvo que renunciar para desactivar la protesta callejera. Alan García, entre tanto, se suicidó para no ser procesado y Alejandro Toledo, el primer jefe de Estado posterior a la huida de Alberto Fujimori a Japón, se encuentra detenido en Estados Unidos y a la espera de una extradición.

El Gobierno comenzó inclinado hacia la izquierda y en la actualidad carece de perfil político. La situación es tan inestable para el maestro rural como la de un castillo de naipes. El primer año de gestión estuvo marcado por las sucesivas tormentas. Debió modificar su Gabinete ministerial en cuatro oportunidades. Nadie sabe a estas alturas cuándo se irá el actual premier, Aníbal Torres. Con los ministros de Interior tampoco le ha ido bien: tuvo que cambiarlos en siete oportunidades. A fines de junio, el mandatario presentó su renuncia "irrevocable" a Perú Libre, el partido que sostuvo su candidatura en 2021. Sus viejos compañeros de ruta no lo defenderán esta vez en el Congreso si prospera un tercer intento por sacarlo del Ejecutivo.

El presidente enfrenta cinco investigaciones, cuatro por presuntos actos de corrupción a cargo de la fiscal general, Liz Benavides, y una por el supuesto plagio de su tesis de maestría en Psicología Educativa, obtenida hace una década. El pasado 25 de julio, Bruno Pacheco, quien se desempeñó como secretario general de la presidencia y, al momento de quedar en la mira de los tribunales se convirtió en prófugo de la justicia, decidió entregarse ante la fiscal Marita Barreto Rivera. Pacheco es acusado de distintos delitos dolosos.

Los medios de prensa aseguran que la continuidad de Castillo en la presidencia está relacionada con las informaciones que aporte su antigua mano derecha, especialmente las que se vinculan con los ascensos y bajas irregulares en los altos cargos de la policía y las Fuerzas Armadas.  Benji Espinoza, el abogado de Castillo, aseguró que "una cosa son los dichos y otra cosa son los hechos" y la justicia deberá probar si lo que dice el exprófugo se ajusta a la verdad. "Hoy no tenemos ningún hecho acreditado", indicó el letrado. Su cliente, añadió, se encuentra "sereno" a pesar de los "ataques" que recibe. Para Castillo todo se trata de un complot en su contra, tramado por una elite que no tolera la presencia en el Palacio Pizarro de un modesto hombre del interior.  "Algunos piensan que vamos a doblegarnos, a pesar de que se meten con tus hijos, con tus padres, con tu familia'', dijo.

La ofensiva que viene

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Objeto de mofas recurrentes en los medios y las redes sociales, algunas de ellas cargadas de violencia simbólica, en los primeros 12 meses Castillo no pudo hacer valer su autoridad. Cuando en abril decretó un estado de emergencia en Lima y Callao y anunció la inmovilidad ciudadana para contener el malestar provocado por los efectos en la economía de la guerra en Ucrania, tuvo que volver sobre sus pasos ante la inminencia de una protesta mayor en las calles. Ha promovido sin éxito una reforma constitucional y cambios en el campo agrícola. Sus objetivos ahora son más modestos: propone la castración química para violadores de menores, adolescentes y mujeres.

El Congreso tiene a día de hoy una nueva autoridad. Castillo llamó a la fujimorista Lady Camones a trabajar juntos para sacar adelante un país con más de 35% de pobres. Ella evitó la respuesta edulcorada y lo tachó de "deficiente" e "incapaz". Según Camones, el presidente debería irse a su casa. "Le hemos pedido, lo hemos invocado, lo hemos invitado a que renuncie, pero él no toma esa decisión", dijo la presidenta del Congreso, que dejó entrever que hay una nueva acusación constitucional en puerta. En caso de que prospere, "corresponde asumir la vicepresidenta (Dina) Boluarte". Por lo pronto, y antes de que Castillo se presente este 28 de julio en la legislatura para hacer un balance de su mandato,120 organizaciones civiles le han pedido que se ahorre el mal trago y, con sentido práctico, adelante las elecciones.

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