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El Brexit sacude Irlanda del Norte

La líder del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, en el centro, ante el Parlamento norirlandés, en Dublín.

La líder del Sinn Féin, Mary Lou McDonald, en el centro, ante el Parlamento norirlandés, en Dublín. / AIDAN CRAWLEY (EFE)

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Ramón Lobo
Ramón Lobo

Periodista

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No es un vuelco, pero sí algo histórico: el Sinn Féin, el brazo político del IRA, ha ganado por primera vez unas elecciones en Irlanda del Norte. Obtuvo 27 escaños de un Parlamento de 90. Su lideresa, Michelle O'Neill, una nacionalista que aboga por la unidad de la isla, aspira a ser la ministra principal del Ejecutivo Autónomo. El partido unionista más importante, (DUP en sus siglas en inglés) logró 25 escaños. No se lo va a poner fácil. 

La victoria se explica por tres factores: la división de los partidos defensores de la unidad con el Reino Unido, el crecimiento de Alliance –de siete a 14 escaños–, una opción socialdemócrata que propone superar la división sectaria y centrarse en los problemas de la gente, y el Brexit

No se sabe si se trata de un aviso o estamos en medio de un cambio más profundo. No es la pandemia ni las incertidumbres por la guerra, es, sobre todo, el Brexit. Irlanda del Norte votó a favor de la permanencia en la UE (el 56%). Es uno de los más afectados por el British first.

También es la primera vez que el Sinn Féin gana elecciones en las dos partes de la isla. Su lideresa en la República de Irlanda, Mary Lou McDonald, fue la más votada en los comicios de 2020, pero no pudo gobernar porque los demás partidos alcanzaron un pacto contra natura, al que se sumaron los verdes, para impedir su acceso al Ejecutivo de Dublín.

El escollo del Protocolo de Irlanda

En el Norte no habrá Gobierno si el DUP no entra en la coalición, y no lo hará mientras se mantenga el Protocolo de Irlanda firmado entre Londres y la UE. Para evitar una frontera terrestre entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte se creó una marina entre este territorio y el Reino Unido. Los unionistas acusan a Londres de traición. 

Sostienen que esa excepción sienta las bases de la futura unión de la isla. De momento, solo el 30% de los norirlandeses apoya esa opción. Pero algo se está moviendo en la política británica y norirlandesa porque el impacto del Brexit afecta a todos. El tiempo desnuda las mentiras, como el eslogan Recuperaremos el control de las fronteras, una falsedad como se ha visto en la llamada crisis migratoria del Canal de la Mancha.

En Irlanda del Norte temen que cualquier mal paso ponga en riesgo los Acuerdos de Paz del Viernes Santo de 1998, que acabaron con casi 30 años de violencia sectaria entre católicos y protestantes que costó la vida de más de 3.500 personas. Y el Brexit es uno de los peores: ha sacudido un equilibrio muy precario.

El lavado de cara del Sinn Féin

El Sinn Féin, culminado su lavado de cara político tras el final de IRA, ha logrado conectar con los jóvenes y las mujeres. Pese a que la demografía favorece a los católicos, afirmar que esta victoria abre las puertas a la unidad irlandesa es exagerado. Pero la tendencia no juega a favor de un Londres en manos de un pirómano despeinado sin otro proyecto que salvarse.  

Johnson promete modificar el Protocolo, o derogar unilateralmente las partes que preocupan a los unionistas. Dice que no podrá hacerlo de inmediato debido a su complejidad y que se da un año de plazo para conseguirlo. El problema es que nadie le cree. Lo que menos necesita es un choque comercial con la UE en un momento de grave crisis. 

Una de las consecuencias más visibles del Brexit es la irrelevancia internacional del Reino Unido, un país en declive que se empeña en aparentar que sigue siendo un imperio.

EL DUP condiciona su regreso a las instituciones al final del protocolo. Habrá meses de bloqueo que tal vez ayuden al Sinn Féin y a la Alliance. Están todos metidos en un Catch 22. Es el título de la novela satírica y antibelicista de Joseph Heller. Los personajes se encuentran atrapados en situaciones absurdas en las que cada salida representa un problema irresoluble. 

Escocia es el otro territorio perjudicado por el Brexit (votó a favor de la permanencia el 62%). Su camino de regreso a la UE es complicado. Londres no aceptará un segundo referendo, que perdería, y Escocia no quiere apostar por la unilateralidad. Es lo que le aconseja Bruselas. Nadie desea agitar las fronteras movedizas del viejo continente.

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Además están las consecuencias económicas, que son más visibles para el ciudadano, pese a que la carestía de productos se debe más al colapso del comercio marítimo mundial tras la pandemia que al Brexit

Los Acuerdos de Viernes Santo fueron ratificados en sendos referendos. En Irlanda del Norte votó a favor el 71% con una participación del 81%. En la República de Irlanda votó a favor el 94%, pero con una participación del 56%. Esta obra de ingeniería política está ahora en riesgo por las veleidades de Londres. EEUU, uno de los valedores de ese pacto, pide prudencia, un verbo que no existe en el diccionario de Boris Johnson.