Guerra de Ucrania

Cadáveres sin identidad se apilan en las morgues de Dnipro

Las autoridades de la ciudad ucraniana tienen dificultades en la identificación de los soldados fallecidos en los campos de batalla

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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“Defensor de Ucrania temporalmente no identificado”. Dice eso en un cartel escrito a mano, y alrededor no hay flores, fotografías u ofrendas. Solo una cruz hecha con dos palos de madera, la vertical plantada en el suelo, debajo de un montículo de tierra revuelta. Poco más allá se oyen los llantos de algunas familias que han venido a dar el último adiós a sus parientes y amigos, también muertos de la guerra. Pero nadie está delante de la tumba del cartel. Nadie sabe de quién es.

En tiempos normales en el cementerio de Kransnopiliya, en la ciudad de Dnipro, no se verían escenas como esta. O la de dos hileras de fosas recién cavadas a la espera de ataúdes de soldados ucranianos. Sin embargo, aquí la guerra de Ucrania es esta brutal realidad. La de un conflicto que se está cobrando centenares de vidas, de formas tan crueles que incluso establecer la identidad de los que han fallecido puede ser un desafío. 

Mikhail Lysenko trabaja desde hace siete años como vicealcalde de Dnipro, la ciudad del este de Ucrania que hace frontera con tres frentes. Es responsable de los transportes y de la viabilidad. Pero también recibe cada día información sobre las morgues donde se acumulan los cadáveres de los soldados muertos en los campos de batalla en las cercanas regiones de Donetsk, Zaporiyia, Lugansk, Kharkiv, y que son traídos a los depósitos de cadáveres de la ciudad. Explica que no es una tarea fácil porque, en algunos casos, los cuerpos están tan descompuestos que su identificación es difícil.

Pruebas de ADN

“En algunos casos, los hemos logrado identificar por algún resto de zapato, o gracias a sus uniformes militares”, cuenta. “También hacemos pruebas de ADN, que son muy costosas, y colaboramos con un laboratorio de Lisboa (Portugal) que nos está ayudado”, afirma. “Cuando las familias nos lo piden comparamos sus ADN para determinar de dónde es el soldado y quiénes son sus allegados”, añade.

En una de las tres grandes morgues de Dnipro en los que los cuerpos son llevados, a la que podemos acceder con Lysenko y cuya localización exacta se nos pide no divulgar, se entiende el por qué de esta situación. Varios cuerpos inertes se acumulan en cada rincón, mientras un puñado de doctores y enfermeros hacen afanosamente lo suyo con otros, también sin vida, en un trabajo de urgencia y que parece no tener fin.

Los sanitarios los mantienen colocados en este sitio interno al edificio principal de la estructura -que es el adonde llegan las camionetas con las que los transportan-, cuando hay otros que se encuentran en bolsas negras ubicadas en el interior de un camión frigorífico instalado afuera, a pocos metros de distancia. 

Estos son los que, según ya ha dicho Lysenko en diversas entrevistas —por ejemplo, a la cadena de televisión estadounidense CNN— y nos repite, se cree que son de soldados rusos, también sin identificar y fallecidos en los combates. “Los hemos recogido en diversas regiones del este y quisiéramos que las autoridades rusas se hagan cargo y los reclamen. Pero no ha ocurrido aún. Nunca me lo hubiera imaginado”, explica que, si no se llega a conclusión alguna, probablemente sean enterrados en Ucrania y que su intención no es hacer sufrir a las familias.

Sufrimiento familiar

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Precisamente el sufrimiento de las familias se ve en Mykhailo, un chófer de Járkov, cuando se acerca para preguntar sobre el paradero del hermano de su mujer, quien combatía en la zona del lado ucraniano. No tienen noticias de él desde hace días, y quiere saber qué tiene qué hacer para poner en marcha los procedimientos para la entrega del ADN. 

No es el único que sufre por la falta de información tangible sobre el destino que han sufrido sus seres queridos. Sasha, que es originario de Dnipro, ha dejado de saber de su padre, un combatiente voluntario, en la última semana. El peor desenlace es lo que teme, y así es porque en un grupo de Telegram de prorrusos difundieron las imágenes de los documentos de identidad de su padre, según cuenta. “Me han dicho que lo más probablemente al 90% es que esté muerto. El problema es que me siento en un limbo, no sé dónde está él, no se lo he dicho a mi hermano pequeño, y ahora, supongo, empieza todo el papeleo”, afirma el joven.