Crisis sanitaria global

El sector turístico de Tánger, al límite tras dos años sin ferris

  • La ciudad del norte de Marruecos sufre las consecuencias del bloqueo de las conexiones marítimas con la península por la pandemia

  • "Tengo un cliente por semana, la situación es muy difícil", lamenta un comerciante de la ciudad que lleva mucho tiempo sin recibir a extranjeros

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Marc Ferrà

El 12 de marzo de 2020 es una fecha que recuerdan muchos tangerinos. Chebaa estaba conduciendo cuando en la radio interrumpieron la programación para dar la noticia. Farida se enteró cuando recibió una llamada de una amiga española que estaba en el país y no sabía si podría regresar, ella por suerte había vuelto el día antes de un viaje a Turquía. Ese día Marruecos suspendió las conexiones marítimas y aéreas con España. 

Esa semana Chebaa se quedó sin trabajo tras 15 años siendo guía turístico y Farida cerró las puertas de su hotel. Fue el preludio. Faltaban pocos días para que el país decretase el confinamiento. Tras las restricciones más estrictas volvieron a aterrizar aviones con turistas en octubre de 2020 y pudieron trabajar un poco aunque durante los dos años de pandemia las autoridades volvieron a suspender las conexiones aéreas internacionales en dos ocasiones más. 

Con la llegada de la variante ómicron, cerraron a finales de noviembre del año pasado y está previsto que reabran el próximo 7 de febrero, pero no hay ninguna previsión para retomar las conexiones marítimas con España. Casi dos años después no ha vuelto a zarpar ninguno de los ferris que cruzan el estrecho y alimentan al sector turístico tangerino.

"Tengo un cliente por semana, la situación es muy difícil”, lamenta Khalid. Además, explica que es el peor momento que recuerda, “incluso más que cuando hubo la guerra del Golfo". Su padre abrió una céntrica tienda de artesanía y recuerdos en 1968. Medio siglo después, está sentado detrás del mostrador y mira vídeos con su teléfono. Así se pasa el día, no tiene prisa por terminar la conversación.

"Antes de la pandemia tenía trabajo cada día, era una época fabulosa, especialmente a partir de 2015 que aumentó la llegada de turistas", explica Chebaa sentado en la terraza de un café de Tánger, su ciudad natal. Él es guía y cuenta que la mayoría de visitantes llegaban en barco desde España y venían a pasar un día o el fin de semana. "Ahora no hay nada de nada", lamenta. Explica que el Gobierno está "intentando hacer algo, pero no es suficiente, la única solución es abrir las conexiones marítimas y que nos dejen trabajar". 

Desde junio de 2020 las autoridades del país ayudan con 2.000 dirhams (200 euros) al mes a los guías como Chebaa y otras personas que viven del turismo, aunque para muchos es insuficiente para llegar a final de mes. "La única solución que tienen ahora los guías que no trabajan son los centros de llamadas, en Tánger hay 150 guías y 50 de ellos trabajan en estos centros", explica. 

Pocos clientes

Farida tiene un pequeño hotel de 10 habitaciones en la Casba, la zona más antigua de la ciudad. Desde la terraza de La Tangerina se puede ver la costa española, aunque este miércoles sopla el viento con fuerza y la poca visibilidad ha borrado la otra orilla del estrecho. Su hotel está vacío, "nunca antes habíamos cerrado la puerta con llave", lamenta. 

El viernes espera algunos clientes que van a venir desde Rabat, pero entre semana no tiene a nadie: "Qué vas a hacer… si tuviera que pagar una hipoteca o un alquiler no lo aguantaría". Lamenta que amigos suyos no les ha quedado más remedio que cerrar definitivamente. 

La pandemia llegó en su mejor momento, el 2020 tenía más reservas que nunca desde que hace 17 años reformó y abrió el hotel, pero fue todo lo contrario. Casi dos años después no ha perdido el optimismo: "En cuando abran estoy segura de que va a haber colas para subir al avión". 

En 2019 llegaron a la ciudad 1,6 millones de personas en barco desde el sur de España, según Jamil Ouazzani, director de márquetin del puerto de Tánger. Explica que la ruta que conecta la ciudad con Tarifa es la más importante, "cada vez teníamos más cruceros". Solo en 2020 y 2021 tenían previstas más de 130 escalas de estas embarcaciones, pero únicamente recalaron tres antes del cierre. Para este año la previsión era de 77 cruceros, pero por ahora el puerto sigue vacío. "Tenemos la esperanza que este año reabran, por esto seguimos trabajando, queremos volver a ver los ferris circulando", concluye.

La crisis diplomática de trasfondo

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En la ciudad a nadie se le escapa que la pandemia no es la única razón por la que han dejado de circular los ferris con España, aunque muchos prefieren no entrar en este tema, "es una cuestión de reyes", dice uno de ellos. Los dos lados del estrecho también llevan meses alejados diplomáticamente y uno de los motivos es la posición de España en torno a la cuestión del Sáhara Occidental, que según los dirigentes marroquís es "poco clara". Las relaciones diplomáticas siguen congeladas desde la acogida en un hospital riojano del líder del Frente Polisario y la crisis de Ceuta en mayo de 2021. 

Esta semana el Gobierno ha informado que los vuelos internacionales van a volver a aterrizar en el país día 7 de febrero, un alivio para un sector que está al límite en todo el país. Un día antes que se anunciara la reapertura aérea, miles de trabajadores se manifestaron en varias ciudades al grito de "abrid la frontera". Mientras tanto la otra frontera, la marítima, continúa cerrada. No hay noticias ni rumores sobre la reapertura. Farida continúa ventilando y limpiando cada día las habitaciones de su hotel para que todo esté preparado. Tánger también lo está.