Periodo de posguerra

Alemania: una fiscalía plagada de viejos nazis

Una investigación demuestra que la institución estuvo en manos de juristas heredados del nacionalsocialismo durante las tres primeras décadas de la República Federal alemana

En la imagen, Soldados de la SS controlan a la multitud que espera la llegada de Adolf Hitler a Viena el 15 de marzo de 1938. La Shoá, el holocausto judío, comenzó en Viena. No sólo porque Adolf Hitler naciera en Austria, sino porque el antisemitismo de los vieneses inspiró a los propios nazis alemanes y porque aquí se diseñó y probó el modelo de deportación que se usó para el extermino de los judíos en Europa, según una nueva investigación objeto de una exposición abierta en la capital austríaca. EFE/ Casa De La historia De Austria/Biblioteca Nacional De Austria SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

En la imagen, Soldados de la SS controlan a la multitud que espera la llegada de Adolf Hitler a Viena el 15 de marzo de 1938. La Shoá, el holocausto judío, comenzó en Viena. No sólo porque Adolf Hitler naciera en Austria, sino porque el antisemitismo de los vieneses inspiró a los propios nazis alemanes y porque aquí se diseñó y probó el modelo de deportación que se usó para el extermino de los judíos en Europa, según una nueva investigación objeto de una exposición abierta en la capital austríaca. EFE/ Casa De La historia De Austria/Biblioteca Nacional De Austria SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO) / La historia De Austria/Biblioteca Nacional De Austria

Andreu Jerez

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“El puñal del asesino estaba escondido bajo la toga del jurista”. Esta fue la conclusión del Tribunal de Núremberg en uno de los procesos celebrados en la década de los 50 para depurar la responsabilidad del sistema judicial que amparó los crímenes del Tercer Reich.  

Como han descrito numerosos historiadores y pensadores de los siglos XX y XXI, la barbarie nazi estuvo apoyada en un sistema de leyes y decretos aplicados a rajatabla por millones de “delincuentes de escritorio”, como se suele denominar en alemán a los colaboradores necesarios de los crímenes nacionalsocialistas que ponían sellos para la deportación de judíos, escribían las sentencias contra opositores o firmaban las penas de muerte para los disidentes. Jueces y fiscales fueron, en ese sentido, figuras claves para dar un barniz legal a los crímenes de lesa humanidad nazis.

El reciente libro Staatschutz im Kalten Krieg (Seguridad del Estado en la Guerra Fría), de los historiadores Friedrich Kießling y Christoph Safferling, abunda en esa realidad ya conocida de los primeros pasos de la República Federal de Alemania fundada en 1949. La investigación –de más de 500 páginas y realizada a petición de la propia Fiscalía Federal alemana – ha llevado a cabo un rastreo exhaustivo en archivos hasta ahora desconocidos, hemerotecas y otras obras ya publicadas que confirma las sospechas y aporta una novedad: cargos altos de la Fiscalía Federal de la Alemania occidental estuvieron ocupados por antiguos miembros del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) e incluso por criminales de guerra hasta bien entrados la década de los 70. El último fiscal marcado por el nazismo abandonó la institución en 1992.

La conclusión de Kießling y Safferling se suma a la continuidad entre el régimen nazi y la joven república germano-occidental ya demostrada en otras instituciones como los ministerios de Justicia e Interior, la Oficina Federal de Investigación Criminal (BKA, por sus siglas en alemán, encargada de la seguridad del Estado), los servicios de inteligencia o incluso las comisarías de policía. La mítica “desnazificación de Alemania” –en la mayoría de las ocasiones alabada fuera de las fronteras del país– fue un proceso muy corto y lleno de excepciones, agujeros y silencios.

Sin “hora cero”

en 1966, el 91% de los fiscales había militado en el partido nazi

El análisis de las biografías de los jueces por parte de las fuerzas ocupantes de la Alemania occidental tras la Segunda Guerra Mundial fue dejando paso al pragmatismo en pos de la reconstrucción institucional, reforzado por el anticomunismo típico de la Guerra Fría que prefirió mirar hacia otro lado a la hora de designar a jueces y fiscales de pasado pardo.

Pero ¿realmente habría sido imposible levantar la República Federal prescindiendo de los antiguos nazis? “No hubo una hora cero en ningún espacio social. También en el personal médico o la industria se reintegró a antiguos criminales nazis”, dice a EL PERIÓDICO el coautor de la investigación Christoph Safferling. “Un nuevo inicio total, sin las competencias y la experiencia de juristas que habían prestado juramento al Führer, habría sido sencillamente imposible por una simple cuestión numérica. Sin embargo, sí se podría haber buscado alternativas de manera más exhaustiva entre retornados del exilio, abogados o mujeres, y se tendría que haber analizado con más cuidado la absorción de antiguos juristas nazis”, asegura el historiador.

Criminales de guerra

sino también la rehabilitación de criminales de guerraFue el caso del fiscal Ludwig Berner

Entre los funcionarios de la Fiscalía Federal de los primeros años hubo también al menos ocho antiguos jueces militares. Rudolf Herzog fue uno de ellos. A pesar de que había indicios de su corresponsabilidad en el asesinato y la condena a muerte de civiles belgas durante la Segunda Guerra Mundial, Herzog pudo jubilarse en 1967 como fiscal general. Las investigaciones sobre sus presuntos crímenes en la Bélgica ocupada fueron archivadas tras su muerte en 1985.

En general, el libro Seguridad del Estado en la Guerra Fría dibuja una fiscalía alemana todavía anclada mental e ideológicamente en posiciones autoritarias y antidemocráticas. Dado que por aquel entonces Alemania estaba dividida en dos Estados, se hace inevitable la pregunta de si el régimen oriental de la República Democrática Alemana (DDR, en sus siglas en alemán) sí aplicó un proceso de “desnazificación”.

“En sus inicios, la desnazificación sí fue consecuente en la DDR. Una mayor perseverancia en ese sentido no le habría hecho mal a la República Federal”, responde a EL PERIÓDICO el investigador Friedrich Kießling, que, sin embargo, puntualiza la “instrumentalización política” que de esa persecución de antiguos nazis hizo el régimen autoritario socialista oriental. “Se convirtió en un programa de purgas en favor de la dirección política del Estado. Con todo, y a diferencia de la República Federal, hacer grandes carreras con un pasado nazi no fue posible en la DDR”.

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