Tensión en los balcanes

Bosnia, en peligro de desintegración por sus caudillos

  • El principal líder serbiobosnio, Milorad Dodik, amenaza la estabilidad del atormentado país balcánico al alentar el nacionalismo más radical

El líder serbiobosnio Milorad Dodik (izquierda) con el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, durante una visita a Atenas el pasado mes de mayo.

El líder serbiobosnio Milorad Dodik (izquierda) con el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, durante una visita a Atenas el pasado mes de mayo. / KOSTAS TSIRONIS / EFE

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Irene Savio
Irene Savio

Periodista

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Las rencillas de viejos caudillos aparecen, una y otra vez, como uno de los mayores problemas en Bosnia. La última, que ha encendido la alarma internacional por temor a un nuevo conflicto en el atormentado país balcánico, tiene un nombre y apellido muy conocido en la región. Es el del veterano Milorad Dodik, principal líder serbiobosnio desde hace décadas y actual representante serbio en el Gobierno tripartito multiétnico de Bosnia-Herzegovina, el complejo modelo impuesto de gobernanza en los acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra (1992-1995). La principal amenaza de Dodik: desconectar a la región semiautónoma serbia (llamada República Srpska, RS) de algunas instituciones nacionales que poseen diversas competencias cruciales, entre ellas, las del Ejército estatal, de la judicatura, y de la Hacienda pública. Instituciones que hasta ahora se han compartido con la otra entidad bosnio-croata del país (la Federación de Bosnia y Herzegovina).

Opinión exprés

Ramón Lobo

Periodista

Tambores de guerra en Bosnia

Un órdago que ha alarmado tanto internacionalmente que, desde múltiples frentes, se ha empezado a hablar del "riesgo" de que, por esta nueva disgregación no consensuada, el país pueda sumirse en "una nueva peligrosa ola de violencia", como dice Adi Ćerimagić, investigador sénior de The European Stability Initiative. En Bosnia, "las personas hablan de esto como algo que ya no es impensable. Y no hay que olvidar que en la República Srpska viven unos 200.000 ciudadanos no serbiobosnios, que son los más vulnerables y ahora están muy asustados", advierte.

En los últimos años, "Dodik ha perdido popularidad y por eso está jugándose de nuevo la carta del nacionalismo para mantenerse en el poder. El problema es que es difícil prever lo que eso puede desencadenar en las calles", añade Ćerimagić. "Las autoridades de la RS incluso hicieron recientemente un gran ejercicio militar cerca de Sarajevo. Eso ha disparado la preocupación y el miedo de muchos", ejemplifica Valery Perry, de Democratization Policy Council. No obstante, otras voces relativizan el riesgo. EDudo que esto pueda desembocar en otra guerra. Nadie quiere eso. La gente está más bien agotada por la situación socioeconómica del país", afirma la politóloga independiente Ivana Marić.

Grandes protestas

La novedad más destacada de la crisis es precisamente esa, dice Marić. "En Bosnia hay una terrible crisis económica y sanitaria empeorada por la pandemia y, hace un mes, el propio Dodik fue objeto de una gran protesta en Banja Luka (la capital de República Srpska) por la corrupción, el nepotismo y el desgobierno del que él también es responsable. Así se explica esta crisis: es pura propaganda, una maniobra de distracción para seguir alimentando las preexistentes redes clientelares", opina. "La corrupción es sin duda un problema mayor que carcome este país", añade la periodista Elvira Jukic.

La cronología de la crisis, en cierta medida, refleja este contexto. Las subidas de tono de Dodik, de hecho, empezaron a producirse este verano, después de que Bosnia sufriese entre marzo y abril lo peor de la pandemia tras más de un año en el que las autoridades, pese la situación internacional, casi no habían impuesto medidas para frenar el covid. Así, en julio, con la decisión del anterior Alto Representante para Bosnia, el austríaco Valentin Inzko, de introducir una enmienda en el Código Penal bosnio para prohibir que se nieguen el genocidio y los crímenes de guerra —un tema que aún genera debates en los Balcanes—, Dodik escribió el preámbulo de la crisis actual. Lo hizo al anunciar, de inmediato, su intención de boicotear las instituciones locales.

Política común

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En septiembre, el escándalo que estalló tras conocerse un caso de presunta corrupción en la adquisición de suministros -incluso de oxígeno destinado a pacientes de covid- para combatir la pandemia, fue otra ocasión que Dodik no desaprovechó. Al revés, la usó en su favor para sentar las bases para crear una agencia del medicamento propia y desligada de Sarajevo. Y, en octubre, incluso aludió a "la vía eslovena" como solución para la ruptura de Bosnia, en referencia a la declaración unilateral que Liubliana utilizó en 1991 para separarse de la hoy extinta Yugoslavia.

Así saltaron también las alarmas en la UE (la situación es "de gran preocupación", dijo la semana pasada el portavoz de Exteriores europeo, Peter Stano). El problema es que precisamente "la ausencia de una política común europea en los Balcanes, el traspaso de poder en Alemania, y que Rusia no dieran su aval (en el Consejo de Seguridad de la ONU) al nuevo Alto Representante Christian Schmidt, también son elementos que permitieron que Dodik lanzara sus órdagos", reflexiona Ćerimagić. Y añade Jukic: "Es en este caos que todo es posible".