Un capítulo negro de EEUU

Las torturas de la CIA, relatadas en primera persona por primera vez en un tribunal

Majid Khan, un colaborador de Al Qaeda, ha explicado con todo detalle las brutales técnicas utilizadas por la CIA en los interrogatorios que ha padecido durante su cautiverio

Imagen del interior de la prisión de Guantánamo.

Imagen del interior de la prisión de Guantánamo. / RICARDO MIR DE FRANCIA

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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Hace tiempo que se conoce el horror de las torturas que Estados Unidos utilizó durante el gobierno de George W. Bush en la llamada “guerra contra el terror” y que trató de ocultar bajo el eufemismo de “técnicas de interrogación mejoradas”. Se detallaron en un informe que publicó el Senado de EEUU en 2014, cinco años después de que Barack Obama oficialmente pusiera fin a su uso. Pero nunca hasta este jueves, cuando Majid Khan testificó en la vista de su sentencia ante un tribunal militar de Guantánamo, la brutalidad de esas torturas había sido contada, en toda su crueldad y crudeza y también en su inutilidad, en primera persona en una corte.

Khan, de 41 años, nació en Arabia Saudí y se crio en Pakistán, de donde es ciudadano. A los 16 años, en los 90, había emigrado con su familia a Baltimore y, tras los atentados del 11-S y la muerte de su madre, empezó a colaborar con Al Qaeda. Fue arrestado en Pakistán en 2003 y, hasta que fue trasladado a la prisión en la base naval en Cuba en 2006, pasó por varios de los “black sites” que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) tuvo en varios países.

Allí es donde Khan sufrió los abusos físicos y sexuales, brutales y vejatorias alimentaciones forzosas, privaciones de sueño, técnicas de ahogo simulado y otras torturas que este jueves describió ante el jurado de ocho oficiales del ejército, la marina y los marines, leyendo una declaración que llevaba escrita en 39 páginas. 

Las torturas

Khan, según el relato de la vista de sentencia que ha hecho The New York Times detalló, por ejemplo, las sádicas respuestas a sus huelgas de hambre que ya había expuesto el informe del Comité de Inteligencia del Senado en 2014. La CIA, según aquel informe, insertaba por el ano purés de la comida o agua en prisioneros que se negaban a alimentarse o a beber. Lo que la agencia llamaba “realimentación rectal” Khan lo llama violación. Y en el caso del agua explicó que se la introdujeron en el recto con “mangueras verdes de jardín. Conectaban uno de los extremos al grifo y ponían el otro en mi recto y abrían el agua”, dijo.

Khan contó también el jueves cómo en al menos dos de las cárceles secretas lo ahogaron en bañeras de agua helada, una de las veces con uno de sus interrogadores haciendo una cuenta atrás desde 10 antes de someterle a la agónica práctica de ahogo simulada en la que echaban agua a su boca y su nariz. Relató cómo lo golpearon mientras le humillaban manteniéndolo desnudo durante horas, solo con una capucha en su cabeza. A veces, dijo, tenía sus brazos encadenados a una pared y otras a una viga encima de su cabeza, de forma que fuera imposible conciliar el sueño. Cuando le trasladaban entre celdas estaba encapuchado y encadenado y su cabeza golpeaba paredes, suelos y escaleras. Explicó que antes de moverle de una prisión a otra un médico le hizo un enema y le puso un pañal sujetándolo con cinta americana para que no necesitara ir al baño en los vuelos.

Creí que iba a morir”, dijo en un momento Khan, que también con su testimonio subrayó la inutilidad de las torturas, en contra de cómo trató de retratarlas en su día la Administración Bush y la CIA, que mintieron diciendo que habían producido información útil. “Cuanto más cooperaba con ellos y más les decía más era torturado”, aseguró Khan.

Las lágrimas de un padre

Los ocho militares del jurado escucharon con sobriedad y sin señal de emoción el crudo testimonio según la reportera del Times. En cambio no pudo contener las lágrimas en varias ocasiones el padre de Khan, que acudió a la vista con una de las hermanas del reo, la primera vez que lo veían desde que se fue de EEUU para unirse a Al Qaeda.

Khan en 2012 se declaró culpable de varios cargos de terrorismo, incluyendo el de asesinato por hacer de correo y entregar 50.000 dólares de dinero de Al Qaeda desde Pakistán a un afiliado de la organización terrorista que lo usó para el atentado letal en un hotel en Jakarta en 2003, y por haber orquestado con Khlaid Shaikh Mohammad, el cerebro de los atentados del 11-S, otras tramas terroristas que fueron frustradas, incluyendo un intento de asesinato en 2002 del entonces presidente pakistaní Pervez Musharraf.

Acuerdo y perdón

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Aunque el jurado militar delibera para dictar una sentencia de entre 25 y 40 años, acorde a esa declaración de culpabilidad, esta no se ejecutará. Khan y sus abogados alcanzaron un acuerdo secreto este año con el Pentágono por el que, a cambio de la cooperación que ha mostrado desde 2012 y de aceptar no usar el derecho que en 2020 le dio un juez militar de interrogar ante el tribunal a la CIA sobre sus torturas, su sentencia se reducirá a un máximo de 11 años. Estos empezarán a contar desde que empezó a colaborar lo que significa que a partir de febrero del año que viene, y no más tarde de 2025 según lo pactado, Kahn podrá salir de Guantánamo (donde quedan 39 presos) y ser reubicado en un tercer país, aún sin determinar.

En la vista Kahn también se disculpó y aceptó plena responsabilidad. Explicó que solo quiere reunirse con su esposa y la hija que nació cuando ya estaba en cautiverio. “He intentado compensar las malas cosas que hice, por eso me declaré culpable y cooperé con el gobierno de EEUU”, dijo.  “A los que me torturaron, os perdono”, declaró en otro momento, asegurando que ha rechazado Al Qaeda, el terrorismo, “la violencia y el odio”. “Espero que en el día del juicio Alá haga lo mismo por ustedes y por mí. Pido perdón a los que he hecho daño y perjudicado”.