Entrevista

Habla uno de los periodistas más perseguidos de El Salvador: "Ha empezado un exilio silencioso"

Carlos Dada, director de 'El Faro', alerta de la persecución que sufre la prensa con el presidente Nayib Bukele

El periodista salvadoreño Carlos Dada, director de ’El Faro’, medio de referencia en Latinoamérica.

El periodista salvadoreño Carlos Dada, director de ’El Faro’, medio de referencia en Latinoamérica. / JORDI OTIX

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Montse Martínez
Montse Martínez

Periodista internacional

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El periodista Carlos Dada, fundador y director del diario digital 'El Faro', no oculta su preocupación por la deriva autoritaria que ha tomado El Salvador desde la llegada del presidente Yahib Bukele. El ataque y derribo contra su medio, que ha publicado las negociaciones entre el Gobierno y las pandillas, es un claro ejemplo. Una evidencia de que la democracia del país centroamericano se ha hecho añicos de un plumazo, lo que evidencia su debilidad. Dada recibe el Premio Antonio Traveria a la Libertad de Expresión en Iberoamérica concedido por la Casa América Catalunya.

-¿Nos puede hacer una pequeña radiografía de El Salvador de Nayib Bukele, el presidente milenial que ha roto el tradicional bipartidismo en el país?

-Hace dos años ganó la presidencia un político populista de una nueva generación en América Latina, que se comunica distinto. Irrumpió en el sistema político salvadoreño como una tromba y terminó con el sistema político bipartidista vigente desde el final de nuestra guerra civil (1992). Terminó con el sistema con el que nacimos en democracia. Y a partir de entonces lo que hemos tenido es un meteórico desmantelamiento de toda nuestra institucionalidad democrática.

-Una democracia que ya flojeaba bastante ya.

-Tenía muchos defectos. Era una democracia incipiente, todavía muy lejos del ideal, pero había cosas que funcionaban muy bien. El nuevo presidente lo que ha hecho es desmantelar esta institucionalidad con una concentración de poder que no habíamos visto en muchas décadas. Ha devuelto el protagonismo político al Ejército, que está duplicando en tamaño. Controla los tres poderes del Estado, la policía, la fiscalía. Está sustituyendo a jueces nacionales por otros afines. No teníamos un sistema democrático tan sólido como creíamos. Bukele ha desmontado el sistema democrático de dos plumazos y quiere decir que no era tan sólido.

-¿Cómo es posible que haya conseguido este control en tan poco tiempo?

-Como todos los regímenes autoritario de América Latina lo ha hecho a través del voto popular. Es la gran paradoja. Sigue siendo el presidente más popular de América Latina. En la primera sesión parlamentaria de la Asamblea, donde tiene mayoría, destituyó a los magistrados de la Corte Suprema y al fiscal general de la República. Lo sustituyó inconstitucionalmente con nuevos magistrados que, en su primera resolución, anunciaron la reelección presidencial.

-¿Qué le pasaba al pueblo salvadoreño para dar plena confianza a un presidente populista?

-En El Salvador nos había gobernado la derecha y la izquierda y ninguna de las dos fue capaz de solucionar los problemas más urgentes de la población. Vengo de un país que es muy pobre, muy desigual y muy violento donde una gran parte de la población vive en zonas donde no llega el Estado, controladas por las maras, las pandillas, grupos criminales que imponen su ley y su violencia. Cuando vive en una zona donde los pandilleros están violando a tu hija, están matando a tu hijo, te están extorsionando, la democracia es una palabrita que no significa absolutamente nada. Sobre todo porque las grandes promesas de la vía democrática no se cumplieron.

-La gente necesita soluciones a esos dramas.

-La gente necesita soluciones a sus necesidades vitales. Ya no es una cuestión de construcción de mundos ideales, de utopías políticas, es el día a día. Ya no es cómo queremos vivir, es queremos vivir. En esta situación, la democracia es una palabrita elegante absolutamente vacua. La gente se sintió frustrada, desencantada, traicionada por los partidos políticos mayoritarios, ambos manchados por la corrupción. Bukele ha sabido aprovechar muy bien el desencanto y las ganas de venganza contra aquellos que te engañaron. Están hartos de una democracia que no soluciona sus vidas y si viene alguien prometiendo mano dura, no les importa, con tal de que les solucione sus problemas.

-¿Cómo está abordando el joven presidente el problema de la violencia de las pandillas?

-Las tasas de homicidio han bajado más de un 60%; en ese sentido es efectivo. Dice que para eso le ha devuelto protagonismo al Ejército. Hemos publicado sus negociaciones con las pandillas, que no es el primer Gobierno que lo hace.

-Una publicación que ha molestado profundamente al poder.

La negociación pasa por una reducción de las tasas de homicidio. No conocemos los detalles de estas negociaciones que siguen aún. Hemos documentado que es a cambio de mejores tratos carcelarios, menos aislamiento, mejor trato para familiares. Veo mal que el Gobierno esté negociando a espaldas de la población y mintiéndoles. Los resultados de las negociaciones de otros gobiernos con las pandillas no han sido buenos. Cuando los acuerdos se han roto, han sido un desastre para el país. Estamos viendo cómo se violenta todo el Estado de Derecho para llevar a cabo negociaciones a escondidas. Es muy difícil juzgar el acuerdo, yo juzgo la manera en que se está llevando a cabo.

-¿Se ha resentido la libertad de expresión con la llegada de Bukele?

Por supuesto. Los periodista, no solo los de 'El Faro', hemos sufrido seguimientos, a veces a través de drones, interceptación de llamadas, agresiones, deslegitimaciones, publicación de fotografías...

-¿Está preocupado?

-Estoy muy preocupado por mi país, porque creo que tenemos toda una historia detrás para demostrar que este no es el camino, que vivir bajo las reglas arbitrarias de un Gobierno que no tolera la crítica es muy preocupante. Y para nosotros, los periodistas, la democracia sí se convierte en un escenario absolutamente necesario. Estoy muy preocupado por la censura de todo el que no comparta la narrativa oficial. Estoy preocupado porque ya ha empezado un exilio silencioso de voces críticas porque el Gobierno está utilizando toda la institucionalidad del Estado para perseguir a sus críticos. Empresarios, periodistas, jueces, abogados, políticos... Ya empezamos con detenciones arbitrarias en El Salvador. Hemos perdido nuestras garantías constitucionales.

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-¿Tienen miedo a padecer agresiones físicas?

-La palabra correcta no es miedo. La palabra correcta es preocupación porque ha aumentado nuestro nivel de riesgo porque mañana pueden decidir que nos detienen porque ya se están inventando delitos. No tenemos ya posible defensa en la institucionalidad de Estado.